(NC&T) Las calamidades causadas por el tsunami de diciembre de 2004 revelaron la vulnerabilidad de los asentamientos urbanos y la carencia de capacidad para hacer frente a las consecuencias de peligros naturales múltiples interrelacionados. Un sistema adecuado y operativo para la detección temprana habría podido salvar muchas vidas. La Universidad de las Naciones Unidas (UNU) planea dedicar recursos humanos y monetarios a tareas de rehabilitación, a forjar una adecuada base de conocimientos, y a impulsar la capacitación de personal para prepararse ante la inminencia de un desastre y actuar ante las consecuencias del mismo.
Pero para lograr esta adecuada capacidad de respuesta, es crucial conocer de antemano las consecuencias exactas de un evento de estas características. Confeccionar una gama lo bastante amplia de modelos informáticos de acontecimientos catastróficos, que puedan ser estudiados con la debida profundidad, resulta por tanto esencial para el diseño de infraestructuras. Las probabilidades de riesgo, estudiadas por adelantado, ayudan a las ciudades a prepararse para una inundación catastrófica, identificando potenciales pérdidas humanas y económicas.
Simular informáticamente desastres naturales para determinar el riesgo de una inundación catastrófica inusualmente grande, es por tanto vital, aunque constituye todo un desafío técnico.
La UNU está colaborando junto a otras instituciones en el desarrollo de un sistema automatizado para simular el impacto de desastres naturales tales como inundaciones y tsunamis en centros urbanos, comenzando por Asia. La simulación informática de un tsunami que alcanza la ciudad japonesa de Owase está disponible en:
http://www.unu.edu/misc/evacuation.pdf
El modelo simula la evacuación de la población costera sujeta al impacto del tsunami en escenarios de alerta anticipada.
El EHS (Institute for Environment and Human Security), dependiente de la UNU, ha comenzado a trabajar en la evaluación del grado de vulnerabilidad que tiene una comunidad ante los desastres naturales, calculando los factores físicos, sociales, económicos y medioambientales que determinan la escala y las consecuencias potenciales de los daños que se producen cuando se desencadena una de estas calamidades. Una evaluación pormenorizada como ésta será de ayuda a la hora de elaborar leyes que establezcan las prioridades en la prevención de desastres.
Comparado con la escala de tiempo de las Eras Geológicas, el desarrollo urbano en el siglo XX se ha producido en un abrir y cerrar de ojos, y por ello no se ha enfrentado a cataclismos extremos que sólo ocurren una vez cada siglo o cada milenio. El desastre de 1999 en Venezuela es un ejemplo claro: los deslizamientos de lodo que siguieron a un diluvio que sólo se produce una vez cada mil años, devastaron nueve de los estados norteños del país, afectando a unas 480.000 personas y causando la muerte de 30.000.
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