¿Quién se come las ranas venenosas?

Los colores vibrantes y los contrastes marcados suelen anunciar peligro en el reino animal. A veces, es tanto el peligro que algunos animales, como la Oophaga pumilio, parece que no tuvieran depredadores naturales por la toxicidad de su piel. A nadie se le ocurre ni tocarlas. Pero tratándose de un animal tan pequeño es extraño que ninguna otra especie las incluya en su dieta porque, además, la ausencia de depredadores justificaría unas poblaciones que no se dan en ninguna parte.

Oophaga pumilio

Como parte de un equipo de la Universidad de Tulane estudiando las ranas en la Isla Bastimentos, el investigador postdoctoral Mateo Dugas fotografió a una serpiente consumiendo a una O. pumilio de color naranja y negro moteado. Las imágenes, publicadas en Herpetology Notes, son algunas de las primeras fotos que muestran la depredación por parte de serpientes. Estas imágenes contribuyen a la pequeña cantidad de evidencia que apunta a la depredación de la rana flecha roja y azul.

“Se sabe muy poco acerca de los depredadores naturales de estas ranas, pero claramente algunos pueden superar las defensas de alcaloides de la rana”, comentó Ralph Saporito, de la Universidad John Carroll, que fotografió a un Momoto Rufo alimentándose de una O. pumilio en Costa Rica en el 2011. Su laboratorio actualmente está preparando experimentos con serpientes y aves para saber si la O. pumilio es un elemento del menú regular para los depredadores y para averiguar cómo los depredadores toleran las toxinas de la rana.

Saporito se pregunta si las toxinas se concentran en alguna parte del cuerpo del depredador en particular – músculos o hígado, por ejemplo. También se pregunta si los depredadores son capaces de aislar toxinas por sí mismos y utilizarlas como defensa.

El mismo día que Dugas fotografió el evento de depredación, un colega vió otra serpiente de la misma especie (una serpiente café adornada, o Rhadinaea decorata) atacar a una rana. El científico no vio otros eventos de depredación durante siete visitas posteriores al mismo lugar por más de seis semanas. “No estoy seguro de qué tan común es esto, pero es muy importante averiguarlo cuando se estudia la evolución de las toxinas y la coloración de advertencia”, comentó Dugas, que fue huésped de la Estación de Investigaciones del Smithsonian en Bocas del Toro.


Fuente: Agencia Iberoamericana para la Difusión de la Ciencia y la Tecnología (http://www.dcyt.com)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *