El contacto entre amantes sincroniza su respiración, los latidos del corazón y reduce el dolor

Los científicos llevan tiempo intentando analizar por qué la gente que camina junta intenta inconscientemente sincronizar sus pasos o por qué las personas tienden a imitar la postura del interlocutor que tienen enfrente y a mover los labios como hace la persona a la que se escucha. Alguno estudios recientes se habían centrado en el hecho de que cuando varias personas cantan juntas se produce una sincronización de los latidos del corazón y de la respiración.

Esta nueva investigación, llevada a cabo por Pavel Goldstein, postgrado de la Universidad de California en Boulder y por el profesor Simone Shamay-Tsoory de la Universidad de Haifa, ha puesto su foco en las parejas de enamorados para comprobar si es posible que se produzca esa sincronización por razones sentimentales y si esta cercanía también tiene efectos en la percepción del dolor.

Para llevarlo a cabo se reclutaron 23 parejas heterosexuales de entre 23 y 32 años y se les enfrentó a situaciones análogas a las que se pueden producir en la sala de partos, es decir el hombre tiene un papel de observador pasivo y la mujer tiene un papel activo en el que padece dolor. Equipados con distintos aparatos que medían a la vez la respiración, el ritmo cardíaco, la temperatura corporal y otros parámetros fisiológicos, a la mujer se le colocaba en el brazo un dispositivo que le producía una pequeña molestia en el brazo aplicando calor. Alternativamente, se les sentaba en habitaciones separadas, en la misma habitación pero sin contacto físico o en la misma habitación juntos y cogidos de las manos.

Como era de esperar, la sincronización se produce desde el momento en el que se sientan juntos, aunque no haya contacto. El efecto desaparece en cuanto ella empieza a sentir dolor pero regresa en cuanto se toman de las manos ¡y el dolor se reduce!

En test psicológico previos se había medido la empatía entre la pareja, lo sincronizados que estaban mentalmente, y los experimentos revelaron que la reducción del dolor era mayor en las parejas más empáticas lo uqe, hipotéticamente, podría deberse a que afecte a una región del cerebro llamada Cortex cingulado anterior, que se asocia con la percepción del dolor, la empatía, y el corazón y la función respiratoria.

Este experimento, que podría entenderse como una constatación científica de que el cariño ayuda a pasar las penas, puede tener implicaciones terapéuticas en el tratamiento del dolor y en la reducción de la prescripción de opiáceos contra el dolor, auténtica epidemia en Estados Unidos.

Según sus autores, quedan pendientes los experimentos en los que sea el hombre el que padece el dolor y en los que se trata de parejas homosexuales para tener una visión más amplia de el efecto del contacto.

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