Un proyecto nacional profundiza en la resistencia a la colistina, un importante antibiótico

La colistina es un antibiótico de último recurso, es decir, se utiliza cuando ya no existe otra alternativa para el paciente

Cristina G. Pedraz/DICYT Investigadores de la Universidad de Burgos (UBU), junto con colegas de la Universidad Complutense de Madrid y de la Universidad de Extremadura, trabajan en el proyecto del Plan Nacional de I+D+i titulado ‘Bacterias resistentes a colistina, el antimicrobiano de último recurso cuya utilización en animales de granja supone un nuevo reto para la Seguridad Alimentaria’. La iniciativa es coordinada por el catedrático de la UCM Lucas Domínguez Rodríguez.

En concreto, el objetivo del equipo de la UBU es analizar las rutas de transmisión de la resistencia a la colistina a lo largo de la cadena alimentaria, caracterizando a nivel genómico y filogenético bacterias obtenidas en diferentes entornos en España.

El profesor de la Universidad de Burgos David Rodríguez Lázaro, coordinador del proyecto en la UBU, explica a DiCYT la preocupante situación que se está produciendo con la colistina. “Han surgido nuevas variantes bacterianas resistentes a la colistina en producción animal y están llegando a los hospitales. La colistina se utiliza de forma habitual en la producción animal, como tratamiento preventivo en momentos de estrés, y puede ser un canal de comunicación entre la sanidad humana y la sanidad animal”, subraya.

La colistina (polimixina E) es uno de los escasos antibióticos que pueden aún utilizarse para combatir infecciones causadas por microorganismos resistentes a carbapenemas –otro tipo de antibióticos- en humanos.

Se había descrito que la capacidad de las bacterias para desarrollar resistencia frente a la colistina era reducida debido al coste fisiológico que los mecanismos descritos suponían para la bacteria, unido a la ausencia de procesos de transmisión horizontal de la resistencia. Por ello, este antimicrobiano se ha utilizado de manera cotidiana en el tratamiento preventivo en animales de abasto, especialmente en ganado porcino tras el destete, y en aves de corral.

Sin embargo, durante el último periodo de 2015 se ha detectado un elemento génético móvil que confiere resistencia a colistina en bacterias de origen animal y humano, debido a la presencia de un gen, mcr-1. Así, en la actualidad la Comisión Europea ha encargado a la Agencia Europea del Medicamento (European Medicines Agency, EMA) la reevaluación de la utilización de este antimicrobiano en producción animal mediante la creación de un grupo de trabajo de expertos, que posiblemente requiera la modificación de la recomendación realizada en el año 2013 sobre el uso de la colistina en medicina veterinaria.

Cepas resistentes en animales domésticos, efluentes urbanos y alimentos

El equipo de investigación de la UBU ha llevado a cabo diversos estudios en los que se han identificado cepas resistentes a la colistina en enterobacterias aisladas en animales domésticos (ganado bovino, porcino y aves), así como en efluentes urbanos y alimentos. En estos aislados se han observado tanto mutaciones en el operón pmrAB, como la presencia del gen mcr-1 recientemente descrito y asociado a un plásmido altamente transferible que confiere resistencia a este antimicrobiano.

“La resistencia a la colistina está vehiculada por un plásmido. Las bacterias son muy promiscuas y pueden transferir la información a sus vecinas. Muchas veces lo hacen a través de un plásmido, que es móvil, y se puede transmitir por conjugación – proceso de transferencia de material genético entre una célula bacteriana donadora y una receptora- a otras bacterias”, detalla el investigador de la UBU.

Por otro lado, se han identificado aislados resistentes a colistina que no presentaban ninguno de estos dos mecanismos.

Establecer medidas de prevención

Por todo ello, “en el proyecto se pretende efectuar un seguimiento de las poblaciones bacterianas resistentes a colistina en diferentes entornos (animales de producción, humanos y medio ambiente), llevando a cabo una caracterización genética de su resistencia mediante metodologías genómicas y transcriptómicas”, apunta Rodríguez Lázaro.

Además, se emplearán modelos animales ‘in vivo’ para determinar la supervivencia de los aislados portadores de resistencia, evaluando la potencial dispersión de los mecanismos descritos, en especial del plásmido que contiene el gen mcr-1, entre distintas especies bacterianas en diversos hospedadores.
“La finalidad es conocer la situación actual con respecto a este antimicrobiano en entornos diversos, así como evaluar el impacto que la posible dispersión de las cepas resistentes podría conllevar, con el objetivo de establecer medidas de prevención adecuadas”, resume el profesor de la UBU.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *