Un intérprete, aunque sea por videoconferencia, evita la mayoría de los errores con pacientes de otra lengua

Las personas somos seres empáticos, tendemos a colaborar y a compartir ideas con nuestros interlocutores pero eso en algunas ocasiones puede acarrear más problemas de los que podría parecer a primera vista. El profesor Eliseo J. Pérez-Stable de la University of California, San Francisco, detectó que en las consultas médicas muchos hispanohablantes en Estados Unidos tenían pserios problemas porque daban por entendidos conceptos que, o bien no estaban claros , o bien eran directamente contrarios a los que había intentado transmitir el médico.

Con esta idea, junto con sus colegas de San Francisco se decició  a hacer un estudio para saber exactamente cuánto afectaba al resultado clínico el problema de la traducción para que las autoridades tuviesen una medida a la que atenerse a la hora de planificar servicios para pacientes con limitada capacidad para comunicarse con los doctores en inglés (limited English proficiency, LEP).

Pacientes extranjeros

El experimento consistió en analizar 32 consultas con pacientes hispanos en las que se desglosaron los segmentos de información que el médico transmitía al paciente y se comprobó cuál era el grado de comprensión del paciente en los casos en los que actuaba un intérprete “de buena voluntad” (un familiar, normalmente) y en los casos en los que actuaba un intérprete profesional personalmente en la consulta o mediante vídeo conferencia.

Los errores se clasificaron en dos grupos:

  1. en el primer grupo se incluyeron los errores debidos a la falta de transmisión de información, bien porque el traductor no supo interpretar lo que el profesional médico había querido decir, bien porque el paciente no hubiese acertado a entender lo que le preguntaban.
    En este caso, casi el 54% de las consultas con traductores ad hoc, tuvieron problemas y la calidad de la consulta se vio notablemente disminuida. Cuando era un traductor con cierta preparación (bien un traductor profesional con conocimientos médicos, bien personal médico con conocimientos del idioma del paciente) los fallos se reducián drásticamente en este apartado hasta menos de la mitad
  2. en un segundo grupo se incluyeron errores de comunicación que afectaban gravemente, no sólo a la consulta en sí sino que este siete por ciento de errores era significativamente importante (errores en la dosificación o en la descripción de los síntomas) como para ser clínicamente relevantes. Lo interesante es que cuando se incluyeron traductores con preparación en las visitas médicas, el ratio de errores de este tipo se redujo drásticamente, quedando por debajo del dos por ciento.

Resulta especialmente interesante un dato más, extraído del estudio, que indica que casi el noventa por ciento de los pacientes prefiere que el traductor intervenga por vídeo conferencia, como medio para proteger su intimidad, como si el hecho de que el traductor entrase junto a ellos en la consulta constituyese una violación de su privacidad.

Quienes elaboran las políticas de sanidad pública tienen ahora datos para establecer los correspondientes servicios de interpretación para pacientes en idoma extranjero y, gracias a las nuevas tecnologías, pueden hacerlo a un costo razonable.

Estudio de referencia:
Anna M. Nápoles, Jasmine Santoyo-Olsson, Leah S. Karliner, Steven E. Gregorich, Eliseo J. Pérez-Stable. Inaccurate Language Interpretation and Its Clinical Significance in the Medical Encounters of Spanish-speaking Latinos. Medical Care, 2015; 53 (11): 940 DOI: 10.1097/MLR.0000000000000422

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