Paleontología Archive

Hallados fósiles humanos y de fauna e industria lítica en la última campaña en la Garganta de Olduvai

El yacimiento tanzano de TK, que dirige el arqueólogo Manuel Santonja, lo convierten en un lugar clave en el estudio de la primera etapa del achelense en África

CENIEH/DICYT Durante la campaña de excavación 2017 en la garganta de Olduvai (Tanzania), el Equipo del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), liderado por Manuel Santonja, que investiga desde 2009 en el yacimiento de Thiongo Korongo (TK) ha hallado, en un nivel datado en 1’3 millones de años, un molar y fragmentos de un mismo húmero de Homo ergaster/erectus junto a abundantes herramientas líticas achelenses y restos óseos de elefante (Palaeoloxodon recki).

En esta campaña de excavación realizada en TK entre enero y febrero se ha reconocido un área de 16 metros cuadrados, incluida en los 84 metros cuadrados excavados en el nivel superior, con numerosos restos de un ejemplar de Palaeoloxodon recki, un antepasado de los elefantes africanos actuales que podía alcanzar 4’5 metros de altura y que constituye la mayor especie de proboscídeo conocida, que presentan evidencias claras de intervención antrópica.

Investigadoras del CENIEH y del TOPPP documentado los restos de Palaeoloxodon recki hallados en Thiongo Korongo (TK).

De este mismo nivel proceden el molar y húmero de Homo ergaster/erectus así como restos del esqueleto más completo que se conoce de Sivaterio (Sivatherium), el miembro más grande de la familia de las jirafas, extinguido hace tan solo 8.000 años. El nivel que incluye estos restos se encuentra estratigráficamente por encima y muy próximo a otro de naturaleza muy diferente en el que se han excavado en años anteriores (2010-2015) cerca de 150 metros cuadrados.

Yacimiento clave del Achelense en África

La buena preservación de ambos niveles arqueológicos en combinación con las amplias superficies excavadas, la densidad de herramientas líticas, la singularidad de los restos óseos registrados, así como el hallazgo de Homo ergaster/erectus, hacen de Thiongo Korongo un yacimiento clave en el estudio de la primera etapa del achelense en África.

Las diferencias observadas, en particular la presencia de miles de útiles líticos, muchos de ellos de gran tamaño y un número reducido de restos óseos en el nivel inferior, frente a una menor densidad de piezas líticas con una significativa presencia de mega herbívoros en el nivel superior, permiten plantear la hipótesis de que en estos niveles se desarrollaron distintas actividades.

Dada la situación observada, que se produce en un breve espacio de tiempo, se puede relacionar esta variabilidad con distintos patrones de conducta y descartar que respondan a desarrollos tecnológicos evolutivos en el achelense.

“La excavación de TK está aportando información clave para establecer nuevas hipótesis aplicando análisis traceológicos y de micro residuos y bio-marcadores pioneros en los yacimientos africanos de esta cronología”, afirma Manuel Santonja.

Nuevos datos sobre los insectos polinizadores de plantas cretácicas hace 105 millones de años

UJI/DICYT Darwinylus marcosi es el nombre del escarabajo —inspirado en la pasión del naturalista inglés Charles Darwin por estos insectos— que representa la primera evidencia científica de un nuevo patrón de polinización en insectos en el Cretácico medio, según un artículo de la revista Current Biology publicado por investigadores de la Universidad de Barcelona, la Universitat Jaume I de Castelló y el Instituto Geológico y Minero de España, en colaboración con expertos del Museo Smithsoniano y la Universidad de Harvard en los Estados Unidos.

En el Cretácico, hace unos 105 millones de años, no existían ni hormigas, ni abejas ni mariposas con espiritrompa, y la mayoría de ecosistemas terrestres estaban dominados por plantas sin flores (gimnospermas). Estas plantas, que eran principalmente coníferas, entre las que destacan las cícadas, los ginkgos y las extintas benetitales, son en la actualidad generalmente polinizadas por el viento (polinización anemófila). Durante el Cretácico medio, se produce el proceso de transición hacia los paisajes terrestres actuales dominados por las angiospermas o plantas con flor, un nuevo linaje de plantas de crecimiento rápido y muy adaptable a todo tipo de ambientes.

El escarabajo que todavía polinizaba gimnospermas

Con una datación que supera los 100 millones de años de antigüedad, los restos de organismos preservados en el ámbar del Cretácico en el norte de España son una excelente ventana al pasado más remoto. Este ejemplar único de escarabajo ha sido encontrado en una pieza de ámbar en la localidad de Peñacerrada (Álava), junto a un total de 126 granos de polen, algunos de ellos todavía pegados a su cuerpo. Pertenece a la familia Oedemeridae, conocida en la actualidad por ser de perfil florícola, y alimentarse exclusivamente del polen y néctar de las flores de las angiospermas.

Esta especie descubierta abre una nueva frontera al estudio de la polinización en unos ecosistemas boscosos que llegaron a dominar los dinosaurios. «Inicialmente, se pensó que este grupo de escarabajos desempeñó ya una función polinizadora entre las primeras angiospermas que se desarrollaron durante el Cretácico, ya que en los mismos niveles del ámbar se encuentra polen y hojas de angiospermas. Sin embargo, el hecho de que los granos de polen asociados fuesen de una gimnosperma fue una gran sorpresa para todo el equipo investigador», destaca el profesor Xavier Delclòs, de la Facultad de Ciencias de la Tierra y del Instituto de Investigación de la Biodiversidad (IRBio) de la Universidad de Barcelona.

El gran éxito evolutivo de las plantas con flores

Tal como apuntan los autores, los diversos ejemplos de insectos revisados en el estudio publicado en la revista Current Biology, que incluyen todas las especies fósiles mesozoicas con aparatos bucales relacionados con el hábito de la polinización, indican que todos exclusivamente polinizaban gimnospermas.

«Los fósiles encontrados en piezas de ámbar del norte peninsular son un registro único en el mundo. En este caso concreto se trata del único escarabajo fósil conocido que se ha encontrado fosilizado junto con granos de polen de la planta que polinizaba. Estos descubrimientos parecen corroborar que las plantas con flores pudieron hacerse valer de los insectos polinizadores de gimnospermas ya existentes, que junto a un crecimiento más rápido y un ciclo de vida más corto, confirió a las angiospermas una ventaja crucial hasta nuestros días», explica el investigador David Peris, miembro de la Universitat Jaume I de Castelló y doctorado en la Universidad de Barcelona con una tesis sobre paleobiología de coleópteros.

Todo apunta al hecho de que la coevolución entre plantas con flores e insectos polinizadores no se había producido todavía hace 105 millones de años. Además, algunos de los insectos que polinizaban las gimnospermas, —como los insectos tisanópteros y los escarabajos oedeméridos— se adaptaron posteriormente a polinizar angiospermas. Según los expertos, se trata de una adaptación oportunista, ya que las flores de las angiospermas empezaron a ofrecer mejores nutrientes y ser más eficaces atrayendo a los insectos con formas sugerentes, intensos olores y vivos colores.

El mejor registro fósil sobre polinización en todo el mundo

En la actualidad, existen unos treinta órdenes de insectos, y los principales agentes polinizadores de angiospermas son las abejas, las mariposas, las moscas, los escarabajos y los trips. Pero hace 105 millones de años las abejas y mariposas polinizadoras aun no existían, y los trips, los escarabajos y las moscas son ejemplos de insectos que se han encontrado nutriéndose de néctar y polinizando plantas gimnospermas, según el excelente registro fósil de las piezas de ámbar de España, que ha proporcionado los mejores ejemplos directos de polinización en el ámbito internacional.

De acuerdo con los resultados de la nueva investigación, los expertos proponen un modelo de cuatro patrones evolutivos de insectos polinizadores de gimnospermas del Cretácico, y su posterior extinción o evolución hasta nuestros días. En concreto, esos modelos corresponden a asociaciones de insectos polinizadores de gimnospermas que se extinguieron durante el Cretácico (por ejemplo, las moscas zhangsólvidas encontradas en el ámbar de El Soplao en Cantabria); agrupaciones que sobrevivieron y continuaron en gran parte hasta el presente (algunos insectos tisanópteros preservados en el ámbar de Álava); grupos que pasaron a polinizar angiospermas abandonando a las gimnospermas (escarabajos oedeméridos como el nuevo ejemplar con polen del ámbar de Álava) y, por último, asociaciones o grupos de insectos polinizadores que iniciaron posteriormente una coevolución con las angiospermas (el caso emblemático de las abejas, o las mariposas con espiritrompa).

Referencia bibliográfica
David Peris, Ricardo Pérez-de la Fuente, Enrique Peñalver, Xavier Delclòs, Eduardo Barrón, Conrad C. Labandeira. «False Blister Beetles and the Expansion of Gymnosperm–Insect Pollination Modes before Angiosperm Dominance».

Un estudio descarta que los carnívoros causaran la extinción de los neandertales

UBU/DICYT Un estudio internacional ha investigado la relación entre los carnívoros y los neandertales a partir de huesos de estos homínidos extinguidos con marcas de dientes en sus superficies. Los análisis se han desarrollado sobre fósiles humanos de España, Alemania, Bélgica y Grecia, los cuales presentaban surcos y señales dejadas por las muelas y caninos de los predadores, y parecen indicar que los carnívoros no causaron la extinción de los neandertales, una de las hipótesis que se barajaban sobre la desaparición de esta especie.

Los neandertales se extinguieron hace unos 40.000 años y muchos investigadores intentan desentrañar las causas de su desaparición. En este artículo, publicado en la prestigiosa revista norteamericana ‘International Journal of Osteoarchaeology’, ha participado un numeroso equipo de investigadores, entre ellos Carlos Díez, de la Universidad de Burgos, y Ruth Blasco, investigadora en Tafonomía del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, junto a colegas de Cambridge, Tübingen, Atenas o Barcelona.

Liderados por Edgard Camarós, del IPHES de Tarragona, consideran que, en la mayor parte de las ocasiones, los carnívoros accedieron a los cadáveres humanos como carroñeros y no fueron los causantes de la muerte de los neandertales.

Así, se dedicaron a dispersar y aprovechar la carne que quedaba sobre los cuerpos ya muertos. Es el caso de los individuos de Valdegoba en Huérmeces, entre otros. Sólo en algunas ocasiones, como en Cova Negra (Valencia), es probable que fueran grandes carnívoros como los leopardos los que mataran a un homínido allí recuperado.

El estudio no parece validar que los neandertales se extinguieran por ser continuamente cazados por los grandes carnívoros que vivían en esa época en Europa (osos y leones de las cavernas, hienas, lobos, leopardos, etc.). Al contrario, es muy probable que en la mayor parte de las ocasiones fueran los neandertales los que mataran o alejaran a los predadores, merced a su gran fuerza física y a su cooperación en la caza, formando bandas que se protegían juntos.

La hipótesis más probable de la desaparición de los neandertales parece ir de la mano de la demografía: grupos cada vez más pequeños en número y alejados unos de otros. Resta saber qué hizo que los grupos humanos de esa época, que apenas tenían enemigos, se hicieran cada vez menos numerosos: ¿un clima riguroso, otros humanos, la baja natalidad, la endogamia, el canibalismo? Será necesaria más investigación, pero sin duda, los investigadores y fósiles burgaleses serán claves para resolver este enigma.

Referencia bibliográfica:
Camarós, E., Cueto, M., Rosell, J., Díez, J. C., Blasco, R., Duhig, C., … & Villaverde, V. (2017). Hunted or scavenged Neanderthals? Taphonomic approach to hominin fossils with carnivore damage. International Journal of Osteoarchaeology.

Nuevas evidencias sobre la dieta de Homo antecessor de Atapuerca

Homo antecessor, una especie que habitó la Península Ibérica hace unos 800.000 años, habría tenido un patrón alimentario mecánicamente más exigente que el de otras especies de homininos de Europa y el continente africano. Este patrón único, que se caracterizaría por el consumo de alimentos duros y abrasivos, podría explicarse por las diferencias en el procesamiento de los alimentos en un entorno muy exigente con fluctuaciones en el clima y en los recursos alimentarios, según un estudio publicado por la revista Scientific Reports y coliderado por un equipo de la Facultad de Biología de la Universidad de Barcelona, el Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES) y la Universidad de Alicante.

En la nueva investigación, que revela por primera vez las evidencias sobre la dieta de estos homininos a partir del estudio de las trazas microscópicas que dejan los alimentos en el esmalte dental, han participado los investigadores del equipo de Alejandro Pérez-Pérez, formado por los doctores Ferran Estebaranz, Laura Martínez y Beatriz Pinilla (UB), Marina Lozano (IPHES), Alejandro Romero (Universidad de Alicante), Jordi Galbany (Universidad George Washington), y los codirectores del yacimiento de Atapuerca, José María Bermúdez de Castro (Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, CENIEH), Eudald Carbonell (IPHES) y Juan Luis Arsuaga (Universidad Complutense de Madrid).

Hasta la realización de esta investigación, la dieta de los homininos del Pleistoceno inferior europeo de Atapuerca (Burgos, España), uno de nuestros antepasados más remotos, se ha inferido a partir de los restos de animales encontrados en los mismos niveles en los que se hallaron los restos humanos: una gran variedad de mamíferos de gran tamaño e incluso tortugas. También se ha sugerido la presencia de indicios de canibalismo en algunos de estos fósiles.

Alimentos que dejan huella en el esmalte

El estudio se basa en el análisis del patrón de microestriación bucal de los fósiles de la Sima del Elefante y de la Gran Dolina del yacimiento de Atapuerca. Las microestrías examinadas son pequeñas marcas en la cara lateral externa de los dientes, cuya densidad y longitud dependen del tipo de alimentos masticados. «La utilidad de esta metodología se ha confirmado con el estudio de los patrones de microestriación de poblaciones actuales, tanto de cazadores-recolectores como agrícolas, la cual ha demostrado que distintos patrones alimentarios se correlacionan con patrones de microestriación específicos en la zona vestibular de la corona dental», explica el profesor Alejandro Pérez-Pérez, de la Sección de Zoología y Antropología Biológica del Departamento de Biología Evolutiva, Ecología y Ciencias Ambientales de la UB.

En el nuevo trabajo, los fósiles de Atapuerca se han comparado con muestras de otras poblaciones del Pleistoceno inferior: con fósiles de Homo ergaster de África, ancestro de todos los europeos y con una antigüedad de 1,8 millones de años; de Homo heidelbergensis, que aparece hace más de 500.000 años en Europa y perdura al menos hasta hace 200.000 años, y por último, con fósiles de Homo neanderthalensis de la Península Ibérica, que vivió hace entre 200.000 y  40.000 años.

Más densidad de estrías en H. antecessor

Los resultados del estudio muestran que los dientes de H. antecessor tienen más densidad de microestrías que el resto de especies analizadas. «Nuestros hallazgos no nos permiten decir exactamente qué alimentos ingerían, ya que el material abrasivo que provoca las marcas en los dientes puede tener distintos orígenes; pero sí nos permiten señalar que H. antecessor tendría una alimentación basada en gran medida en alimentos duros y abrasivos, como por ejemplo vegetales que contengan fitolitos (partículas de sílice producidas por los vegetales que son tan duras como el esmalte), tubérculos con restos de partículas de tierra, colágeno o tejido conectivo y hueso o carne cruda», explica el investigador.

Los investigadores sugieren que las diferencias en el patrón de microestriación entre los restos de la Gran Dolina y las muestras comparadas podrían reflejar variaciones culturales en la forma de procesar los alimentos. «La recolección y la caza es consistente con el patrón de desgaste dental altamente abrasivo que hemos encontrado, pero es muy difícil pensar que el alimento disponible en la zona de Atapuerca fuera muy diferente del disponible para otros homininos también cazadores-recolectores. Por tanto, serían las distintas maneras de procesar el alimento las que darían lugar a estas diferencias en los patrones de microestriación dental. Es decir, obtenían, procesaban y consumían el alimento de forma diferente», explica Alejandro Pérez-Pérez, que lidera un equipo que también ha aplicado esta metodología al estudio de la alimentación de los homininos del Pleistoceno del este de África, incluyendo también las especies Paranthropus boisei y Homo habilis.

Una industria lítica más primitiva

Este patrón de gran abrasividad de los dientes detectado en la Gran Dolina contrasta con lo que se ha observado en las especies comparadas en el estudio. «A diferencia de las del H. neanderthalensis, que tenía una industria lítica más avanzada (denominada Modo 3 o Musteriense), las herramientas que se han encontrado en el entorno de H. antecessor son primitivas (Modo 1). Estos materiales no facilitarían el procesamiento de los alimentos, como también sugieren las evidencias que indican que utilizaban los dientes para masticar los huesos. Además —continúa el investigador— la falta de evidencias de uso del fuego en Atapuerca apunta a que seguramente se lo comían todo crudo —tanto alimentos vegetales como carne, tendones o pieles—, lo que causaba un mayor desgaste dental».

Para los investigadores, una dieta con un elevado consumo de carne podría tener implicaciones evolutivas. «La carne en la dieta podría haber contribuido a ganar la energía necesaria para sostener un cerebro grande como el de H. antecessor, con un volumen cerebral de aproximadamente 1.000 centímetros cúbicos en comparación con los 764 de H. ergaster; pero también representaría una fuente de alimento importante en un ambiente altamente exigente donde los alimentos preferidos, como frutas maduras y vegetales tiernos, fluctuarían estacionalmente», concluye el investigador.

La investigación realizada contribuye significativamente a mejorar el conocimiento de las adaptaciones alimentarias de nuestros ancestros y evidencia la importancia de los factores ecológicos y culturales que han condicionado nuestra evolución biológica.

Un estudio revela la dieta vegetal del primer europeo

El análisis de los cálculos dentales obtenidos de los dientes de la mandíbula de un individuo hallado en el yacimiento de la Sima del Elefante de Atapuerca (Burgos), de más de 1.2 millones de años de antigüedad, ha protagonizado un estudio sobre dieta vegetal publicado recientemente en la revista The Science of Nature, en el que han participado los investigadores del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) Ruth Blasco y José Maria Bermúdez de Castro.

Dicho estudio, liderado por Karen Hardy, de la Universitat Autónoma de Barcelona-ICREA, revela restos de ciertas gramíneas y polen de coníferas atrapados en los cálculos dentales (sarro) que se encontraban alojados en dicha mandíbula, denominada ATE9-1, lo que indica un componente vegetal importante en la dieta de las primeras poblaciones humanas europeas.

Como explica Ruth Blasco, se extrajeron y analizaron microscópicamente dos muestras de 0,5 y 0,8 microgramos de uno de los premolares, que se sometieron a un proceso químico de espectrometría y cromatografía para identificar los microrestos vegetales y otros microorganismos contenidos en la placa.

Los restos de alimentos identificados en ATE9-1 no sólo apuntaban a un componente vegetal en la dieta de estos homínidos sino también a que el ambiente de hace 1.2 millones de años era más cálido que el actual y permitía el desarrollo de bosques húmedos y grandes praderas.

“Cabe destacar el hecho de que ninguno de los microrestos parece haber sido procesado térmicamente, lo que concuerda con las evidencias de ausencia de fuego en Eurasia previas a los 780.000 años”, añade Ruth Blasco.

Higiene dental

Además de los restos de gramíneas y polen, también se localizaron fragmentos microscópicos de madera que podrían corresponder al uso de palillos para eliminar los restos de alimentos que quedarían atrapados en los espacios interdentales. “De hecho, la mandíbula ATE9-1 presenta un surco de desgaste en uno de sus premolares que podría relacionarse con estos hábitos”, explica José María Bermúdez de Castro.

En la Prehistoria más antigua la higiene dental era algo inexistente, y por suerte para los investigadores, algunos componentes específicos en la dieta permanecen atrapados en las acumulaciones endurecidas de placa bacteriana como auténticas cápsulas del tiempo, “permitiéndonos obtener información sobre la dieta de los individuos afectados”, señala Ruth Blasco.

Descubierto un fragmento de cráneo humano de 400.000 años en la Cueva Fantasma de Atapuerca

Este homínido podría pertenecer a una población antecesora de los neandertales

F. Atapuerca/IPHES/DICYT Uno de los resultados más importantes de la campaña de 2016 en la sierra de Atapuerca ha sido la limpieza y puesta a punto del nuevo yacimiento de la Cueva Fantasma. Puesto que el objetivo del Equipo de Investigación de Atapuerca (EIA) es comenzar la excavación del relleno de esta cueva en 2017, se decidió tomar varias muestras que permitieran estimar la edad aproximada de los sedimentos de los niveles superiores. Analizando ya este material, el arqueólogo Josep Vallverdú (IPHES-EIA) detectó la presencia de un resto óseo que podía pertenecer a un homínido. Varios especialistas han confirmado que se trata de un gran fragmento de parietal humano del lado derecho.

Cráneo humano de 400.000 años de antigüedad

A juzgar por el contexto arqueológico y paleontológico asociado, podemos atribuir este resto humano al Pleistoceno Medio. Queda pendiente la datación del nivel por métodos geocronológicos, pero los restos de microfauna y la industria asociada sugieren que estamos en presencia de homínidos similares a los hallados en la Sima de los Huesos de la Sierra de Atapuerca. Es decir, este homínido podría pertenecer a una población antecesora de los Neandertales, de hace sobre 400.000 años.

Este hallazgo confirma la enorme riqueza arqueo-paleontológica de los yacimientos de la sierra de Atapuerca y supone un espaldarazo para el Programa de Investigación que se inició hace 38 años en este conjunto, Patrimonio de la Humanidad.


Fuente: DICYT
Website: dicyt.com


Destacados hallazgos en la campaña de excavaciones de Atapuerca

Balance de la campaña de excavaciones más numerosa e internacional de la sierra burgalesa

FUNDACIÓN ATAPUERCA/DICYT El pasado 16 de junio comenzaron las excavaciones en los yacimientos de la sierra de Atapuerca dirigidas por Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell. Durante este periodo, un total de 284 personas de 23 nacionalidades distintas han trabajado en los diferentes yacimientos. Se trata del año con mayor afluencia de excavadores y con más internacionalización, muy por delante de ejercicios anteriores. En 2015, por ejemplo, la campaña contó con 277 investigadores de 9 países, mientras que en 2014 hubo 226 personas de 7 nacionalidades. A continuación, se detallan los hallazgos más destacados hasta la fecha.

Yacimientos de la Trinchera del Ferrocarril

Sima del Elefante

Este año la excavación en la Sima del Elefante tenía como objetivos principales terminar de excavar completamente el nivel TE9c y gran parte del nivel TE9d, localizar la base de la cavidad y continuar el sondeo del nivel TE7 en la zona más al sur del yacimiento.

El primero de los objetivos ha sido realizado con éxito, y se puede concluir que el nivel TE9c y TE9d han sido totalmente excavados. En este último nivel, con una cronología de alrededor de 1,3 millones de años, se han recuperado restos de aves de diferentes tamaños, de oso, de bóvido y de ciervo.
Algunos de los restos de herbívoro, recuperados en el nivel TE9d, presentan trazas de actividad humana, como marcas de corte y fracturación de los huesos largos. Junto a estos restos faunísticos con actividad antrópica, también se ha recuperado un fragmento de lasca en sílex cretácico. Ambas evidencias, faunísticas y líticas, recuperadas en la base del nivel TE9d muestran, sin ninguna duda, que la presencia de los grupos humanos en la sierra de Atapuerca se remonta hasta hace como mínimo 1,3 millones de años.
Por otro lado, el segundo de los objetivos no se ha conseguido debido a que durante los trabajos de excavación en la zona norte del yacimiento, donde se quería localizar la base de la cavidad, se ha hallado el nivel TE7, que es el más antiguo de toda la Trinchera del Ferrocarril. Este hallazgo es una muy buena noticia ya que hasta ahora solo se tenía evidencia de este nivel en la zona sur del yacimiento. En años anteriores se ha realizado un sondeo en esta zona que ha permitido saber que este nivel es rico en restos paleontológicos.

La localización del nivel TE7 en una superficie de 6 metros cuadrados en la zona norte del yacimiento ha hecho posible el tercero de los objetivos planteados para esta campaña, que era continuar el sondeo del nivel TE7 en la zona más al sur del yacimiento.

Galería

La campaña de 2016 en el yacimiento de Galería se ha centrado en la excavación de los niveles inferiores de la Unidad GIIIa. Esta unidad, datada entre 220 y 280 mil años, ha proporcionado abundantes restos de fauna e industria lítica. Las herramientas son características del Modo 2 (Achelense). Así, se han recuperado lascas, bifaces y hendedores elaborados en distinta materia prima como es el sílex, la arenisca y la cuarcita.

Los restos faunísticos recuperados (costillas, vértebras y elementos craneales) pertenecen principalmente a caballos, habiendo recuperado también elementos esqueléticos de otros herbívoros y carnívoros.

Los hallazgos de esta campaña han permitido constatar que los trabajos arqueológicos han alcanzado ya los niveles fértiles del yacimiento. Se confirma la funcionalidad de esta cavidad, ya que todo apunta a un aprovechamiento antrópico de los animales que caían por la trampa natural situada al Este de la cueva. Los grupos humanos del Pleistoceno Medio de la sierra de Atapuerca accedían a los animales y transportaban los elementos esqueléticos más ricos en masa muscular (extremidades), abandonando en Galería los restos pertenecientes a la caja torácica. Los huesos abandonados eran, posteriormente, aprovechados por los carnívoros, como lo atestiguan las múltiples mordeduras halladas en los restos.

Yacimiento de Atapuerca

Gran Dolina

Nivel TD10

Desde el día 16 de junio, un equipo de 30 personas ha estado excavando en la parte superior del yacimiento de Gran Dolina, en una superficie de 90 m2. Concretamente, se ha trabajado en el tramo inferior del nivel TD10.3, de unos 450.000 años de antigüedad.

El paquete de sedimentos de las capas superiores del nivel TD10 se caracterizaba por presentar las mayores concentraciones de restos arqueológicos documentados hasta la actualidad en los yacimientos pleistocenos de la sierra de Atapuerca. Estos restos se acumularon en la entrada a la cueva de Gran Dolina a lo largo de los períodos en que esta fue usada por los homínidos como enclave referencial dentro del entorno de la sierra.

La capa excavada este verano presenta una menor concentración de restos. Sin embargo, el registro recuperado refleja una gran diversidad en cuanto a especies de herbívoros (caballo, ciervo, bisonte, rinoceronte…) y de carnívoros (león, lobo…). Estos últimos aparecen representados tanto en forma de elementos de su esqueleto como de marcas sobre los huesos de sus presas. La actividad antrópica sobre estos restos, sin embargo, es escasa. En cuanto a los instrumentos de piedra, en esta capa tenemos muy bien representada la cultura Achelense, con sus característicos bifaces y otros grandes instrumentos, aunque, en consonancia con la escasa actividad antrópica sobre los restos de fauna, la densidad de instrumentos es baja.

Así, TD10 ofrece de nuevo una espléndida oportunidad para establecer modelos, en este caso sobre la actividad de estos depredadores y sobre el modo en que compartían el espacio con los homínidos.

Las diferentes modalidades de ocupación documentadas en la secuencia de TD10 (campamento central, matadero de bisontes…), así como los datos obtenidos en otros yacimientos del Pleistoceno medio de Atapuerca, como Galería o la Sima de los Huesos, nos permiten estudiar como en muy pocos lugares del mundo los ecosistemas de hace entre 300.000 y 500.000 años, y, muy especialmente, cómo los grupos de homínidos (preneandertales en este caso) los explotaron y se adaptaron a ellos.

Nivel TD4

Según los datos actuales, el nivel TD4 es el mejor candidato hoy en día para cubrir el espacio temporal de 400.000 años que separa a Homo antecessor (0.8 Ma) de los restos humanos de la Sima del Elefante (1.2 Ma). Por el momento se han encontrado restos de actividades humanas en forma de industria lítica, lo que atestigua la presencia de poblaciones humanas en la Sierra alrededor del millón de años. Las excavaciones de esta campaña permiten reafirmar esta presencia, así como afinar la cronología del depósito sedimentario y esclarecer el contexto ecológico en el que se movieron aquellas poblaciones. Entre los restos más destacables, aparte de la industria lítica, destacan multitud de astas de desmogue de diversos cérvidos y dos mandíbulas completas de jaguar europeo. En definitiva, este sitio parece poner de manifiesto una mayor continuidad entre las poblaciones humanas del Pleistoceno inferior de la sierra de Atapuerca, y por tanto, de toda Europa occidental.

Cueva del Mirador

En El Mirador se han superado los niveles correspondientes a la fase de uso sepulcral de la cueva (Calcolítico y Bronce inicial), y se ha iniciado la excavación de niveles relacionados con la utilización de la cavidad como cueva redil, pertenecientes al Neolítico final. Se están recuperando abundantes restos de cabras y ovejas, mayoritariamente de individuos inmaduros y juveniles, que se relacionan con ocupaciones llevadas a cabo durante el período de cría, así como cerámicas y utensilios líticos relacionados con actividades domésticas. Este registro permitirá profundizar en el conocimiento de las formas de gestión de los rebaños de ovicápridos durante la Prehistoria reciente.

Yacimientos de Cueva Mayor

En la campaña de este año se ha intervenido en tres yacimientos enclavados en el interior de la Cueva Mayor de la sierra de Atapuerca: El Portalón, la Galería de las Estatuas y la Sima de los Huesos.

Sima de los Huesos

En la Sima de los Huesos la campaña de excavación termina el día 28 de julio, por lo que aún quedan algunas jornadas que pueden deparar nuevos hallazgos. Hasta la fecha se ha trabajado en la delimitación del contacto entre las unidades estratigráficas 6 y 7 en la zona central del yacimiento. De la correcta compresión de este contacto depende la estrategia de excavación que se seguirá en las próximas campañas. La unidad 6 contiene fósiles humanos y de carnívoros (mayoritariamente osos) y la 7 solo de carnívoros. El volumen de sedimento excavado de la unidad 6 es todavía limitado. No obstante, se han recuperado algunos fósiles humanos, que incluyen tres falanges, un extremo de tibia, otro de peroné y un tercero de húmero, parte de una clavícula y algunos fragmentos de costillas y de cráneo. Aún es pronto para saber si estos restos humanos completarán individuos recuperados en campañas anteriores. Los resultados obtenidos auguran futuros hallazgos de fósiles humanos en los años venideros.

Galería de las Estatuas

El yacimiento se encuentra ubicado al final de la denominada Galería de las Estatuas, a unos 350 metros de la actual entrada de la Cueva Mayor. Aquí se está interviniendo en sedimentos del Pleistoceno Superior que registran ocupaciones de neandertales, siendo el único yacimiento de esta época conocido en las cuevas de la sierra de Atapuerca. En la campaña de este año se ha profundizado en las dos áreas de excavación y se han recuperado restos de fauna y piezas de industria musteriense, la propia de los Neandertales. Los restos de fauna incluyen équidos y restos de lepórido consumidos por los Neandertales. La cronología de los niveles superiores se sitúa en torno a los 48.000-52.000 años, y los estudios del polen indican que se produjo un cambio de paisaje, pasando de ser un ambiente abierto de tipo estepa a bosque abierto.

El Portalón de Cueva Mayor

Se continúa con la excavación de los niveles Neolíticos y Romanos en los dos sectores activos. En el caso de los niveles neolíticos se trata de un área con diversas estancias de hábitat con una cronología aproximada de 6.000 años de antigüedad. Este nivel se caracteriza por la presencia de estructuras habitacionales (suelos preparados, hogares, muretes de piedras, etc.) de gran calidad, sobre los que se han encontrado materiales líticos, restos óseos de fauna y cerámicos típicos de este período.

Este año, aunque los restos de cultura material no son todavía muy abundantes, la fauna sí lo es y se han descubierto numerosos restos muy fragmentados de caballo y toro salvaje, probablemente animales cazados y que fueron procesados y consumidos en el yacimiento.

Respecto a los niveles romanos, éstos incluyen abundantes hogares y algunos restos cerámicos, de fauna y metálicos, seguramente relacionados con distintos tipos de armas, que apuntan a un uso episódico de la cavidad.

Asentamiento al aire libre. Fuente Mudarra

Durante esta campaña se ha continuado excavando el nivel 4 de este asentamiento al aire libre situado en el valle del río Pico. Se ha terminado este nivel muy rico en herramientas de piedra fabricadas por los neandertales. Fuente Mudarra se localiza en un paraje ligeramente elevado desde el que se controla todo este valle y en el que los grupos neandertales realizan diferentes actividades de su vida cotidiana. En este emplazamiento, los grupos de cazadores recolectores están rodeados de fuentes, materia prima para realizar sus herramientas, animales, vegetales y leña, lo que hace que el lugar sea idóneo para abastecerse de los recursos necesarios. Por debajo del Nivel 4 se ha encontrado otro nivel en el que se está trabajando y en donde ya se han recuperado cientos de piezas de sílex con las que descuartizan y tratan las pieles de diferentes animales.

Laboratorio de lavado de sedimentos de la Trinchera en el río Arlanzón

Los trabajos de lavado y triado de los sedimentos de las excavaciones de la Trinchera han permitido, como en campañas anteriores, conocer mejor la microfauna de estos yacimientos.

Hay que destacar, como en campañas anteriores, el entusiasmo que anima el trabajo del llamado ‘equipo del río’. Estudiantes y especialistas de todas las edades y procedencias colaboran en el lavado de los sedimentos de los yacimientos de Atapuerca, para recuperar la microfauna fósil. Pero además, como desde hace años, colabora la Fundación Aspanias y un grupo de vecinos de Ibeas de Juarros. En el “laboratorio del Arlanzón” se han desplegado un año más paciencia, pasión y entusiasmo para conocer la vida de los pequeños animales que vivieron en Atapuerca. El equipo de microfauna busca saber cómo vivieron estos animales del pasado, y cómo eran sus paisajes. La extinción y aparición de nuevas especies es una forma muy eficaz de medir el tiempo. Los animales pequeños (mamíferos, anfibios, reptiles, aves, peces) evolucionan muy rápidamente, por lo que son especialmente útiles para saber la edad de las unidades estratigráficas en las que aparecen. Los pequeños animales cuyos restos se encuentran allí están adaptados a ambientes muy concretos, como por ejemplo el castor y los anfibios al agua, los lirones al bosque, los topillos a los prados o los hamsters a las estepas. Por eso ayudan a detectar las variaciones climáticas y ambientales de la Tierra a lo largo de su historia, en este caso en la sierra de Atapuerca en el último millón y medio de años.

Prospecciones geofísicas

La campaña de prospecciones geofísicas se ha centrado en el sector de Torcas, con el fin de conocer la morfología de las cavidades de Trinchera del Ferrocarril, con especial detalle de los yacimientos Gran Dolina, Galería y Elefante.

En la Trinchera del Ferrocarril se han realizado prospecciones mediante georradar (GPR) que han permitido conocer la morfología y la base de las cavidades de Gran Dolina y Galería, así como determinar la potencia de sus secuencias sedimentarias, confirmadas con la realización de sondeos mecánicos. Los testigos obtenidos en estos sondeos serán analizados para determinar su magnetismo remanente, obtener dataciones y examinar existencia de rellenos fosilíferos.

Las prospecciones mediante la técnica de tomografía de resistividad eléctrica (TRE) se han desarrollado en el término de Torcas, con el objetivo de investigar el desarrollo de las cavidades del yacimiento de la Sima del Elefante y los conductos de Cueva Mayor y Cueva Peluda. Estas prospecciones han permitido conocer la presencia de nuevas cavidades, así como determinar el desarrollo y la posición de las antiguas entradas hacia la Galería de las Estatuas o Cueva.

Un conjunto de sondeos mecánicos se ha realizado en los lugares señalados por los análisis de GPR y TRE de la campaña de 2015 en la ladera de Torcas, confirmando la presencia del conducto de Dolina y Galería, con una sección de unos 9m, o la presencia de una nueva cavidad en cotas del primer piso.

Estos trabajos representan una nueva forma de investigar el karst y su potencial arqueo-paleontólogico, que está permitiendo planificar los futuros trabajos de excavación.


Fuente: DICYT
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El grabado de un pájaro descubierto en un yacimiento francés contribuye a conocer el origen del arte figurativo

En el equipo científico que ha realizado el hallazgo ha participado el arqueólogo Joseba Rios Garaizar, del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH)

CENIEH/DICYT El arqueólogo Joseba Rios Garaizar, del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), junto a un equipo de científicos hispano-francés liderado por Iluminada Ortega del Institut National des Recherches en Archéologie Préventives (Inrap), acaba de publicar en la revista Journal of Archaeological Science Reports el descubrimiento de una obra de arte auriñaciense en un taller de sílex situado en el yacimiento francés al aire libre de Cantalouette II en Dordoña, representando el grabado de un pájaro de unos 35.000 años de antigüedad, que contribuye a mejorar nuestros conocimientos sobre el origen del arte figurativo.

Este grabado, probablemente único en el periodo Auriñaciense, es excepcional por el contexto particular del hallazgo, por su grado de naturalismo, por la utilización de procedimientos técnicos innovadores y por la elección del tema poco común, un pájaro, que es un animal raramente representado, y cuya postura sugiere que está bebiendo, haciendo la corte o apunto de levantar el vuelo.

“Gracias a los análisis microscópicos y 3D llevados a cabo en los laboratorios del CENIEH pudimos averiguar que para su ejecución se ha utilizado una técnica llamada de relieve abatido o hundido que se ha empleado muy poco en el arte Paleolítico”, explica Joseba Rios Garaizar.

Grabado de un pájaro

Con un útil de piedra se grabó sobre la superficie cortical de una lasca de sílex un pico corto, fino y puntiagudo, un ojo de pequeño tamaño y una posible línea ciliar, además del pecho representado con un trazo casi rectilíneo. Las alas aparecen enteramente desplegadas según una perspectiva plana con trazos paralelos que representan el plumaje. Por último, un pequeño trazado subraya las patas o la cola.

Un arte efímero

Esta obra es muy singular dentro del periodo auriñaciense, en el que aparecen las primeras manifestaciones artísticas en Europa occidental, y difiere de otras expresiones artísticas contemporáneas, como por ejemplo las de la cueva Chauvet (Francia), en que no fue hecho para perdurar.

A partir de este descubrimiento puede decirse que las manifestaciones artísticas y simbólicas auriñacienses no están, en consecuencia, exclusivamente vinculadas al fortalecimiento de las redes sociales o a las creencias, sino también a las expresiones creativas efímeras incluso lúdicas.


Fuente: DICYT
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Los homínidos de la Sima de los Huesos pertenecen al linaje evolutivo neandertal

La revista ‘Nature’ publicó el pasado día 14 los resultados de un estudio que relaciona a los habitantes de la Sima de los Huesos con los neandertales

JCYL/DICYT En un estudio de 2014 se publicó en la revista Nature el genoma mitocondrial casi completo de un fémur de la Sima de los Huesos, un éxito increíble que no se había conseguido nunca en fósiles humanos tan antiguos. La secuencia obtenida indicaba que el individuo estaba relacionado evolutivamente con los denisovanos, una población extinguida que vivió en Siberia, y no con los neandertales.

Sima de los huesos

Este resultado sorprendió mucho a los investigadores, que publicaron ese mismo año en la revista Science un amplio estudio paleontológico que mostraba una relación evolutiva de la Sima de los Huesos con los neandertales, que serían sus descendientes. El ADN mitocondrial proporciona una información parcial, porque se transmite solo por línea materna, a diferencia del ADN nuclear, que se hereda por ambas líneas.

Desde entonces, se ha estado buscando ADN nuclear de la Sima de los Huesos en el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig. Se trataba de una misión casi imposible dada la extrema degradación del ADN a causa de su antigüedad. Finalmente, la revista Nature publica hoy nuevos hallazgos. Un segundo fémur confirma los resultados del ADN mitocondrial del primero pero además proporciona ADN nuclear que lo relaciona con los neandertales. Y un diente (incisivo) aporta ADN nuclear del mismo tipo que el fémur.

Juan Luis Arsuaga, segundo autor del trabajo y director científico del Museo de la Evolución Humana de Burgos comenta: “Hemos esperado muchos años hasta que las técnicas paleogenéticas han avanzado lo suficiente como para que se produzca este pequeño milagro. Excavamos con el máximo cuidado y enorme lentitud para no contaminar los fósiles con nuestro propio ADN. Es un método muy exigente pero merece la pena”.

Matthias Meyer, primer autor y líder de la investigación señala: “La Sima de los Huesos es el único yacimiento fuera del permafrost (suelo helado ártico) que permite recuperar ADN del Pleistoceno Medio (periodo que termina hace unos 125.000 años).” Svante Pääbo, director del laboratorio de ADN antiguo del Max Planck de Leipzig añade: “Este resultado indica que la separación entre neandertales y denisovanos es anterior a los 430.000 años que tienen los fósiles de la Sima, y también sugiere que la separación de la línea que conduce al Homo sapiens de las otras líneas -las de los humanos “arcaicos” (Sima de los Huesos, Denisova, neandertales)- se pudo haber producido entre hace 550.000 años y 800.000 años”.

Con este intervalo estimado para la divergencia entre humanos modernos y neandertales, los fósiles de la Gran Dolina en la misma sierra de Atapuerca (Homo antecessor), datados entre 800.000 años y un millón de años, se confirman como los mejores candidatos para ocupar la posición clave del último antepasado común de unos y de otros.

Referencia bibliográfica
 Matthias Meyer, Juan-Luis Arsuaga, Cesare de Filippo, Sarah Nagel, Ayinuer Aximu-Petri, Birgit Nickel, Ignacio Martínez, Ana Gracia, José María Bermúdez de Castro, Eudald Carbonell, Bence Viola, Janet Kelso, Kay Prüfer and Svante Pääbo. “Nuclear DNA sequences from the Middle Pleistocene Sima de los Huesos hominins”. Nature, 14 March 2016, DOI: 10.1038/nature17405

Fuente: DICYT
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Las tortugas eran un alimento complementario en la dieta humana hace 400.000 años

El CENIEH lidera un estudio publicado en la revista ‘Quaternary Science Reviews’ sobre el descubrimiento de marcas de procesamiento humano sobre restos de caparazón y huesos de tortuga en el yacimiento israelí de la Cueva de Qesem

CENIEH/DICYT A la brasa, hervidas o salteadas, el consumo de tortugas se ha asociado siempre a las exóticas culturas del Lejano Oriente, donde la sopa de tortuga se considera una delicatesen. También se suele vincular a las aventuras de los marineros del siglo XVI y XVII, o incluso a las tribus del Brasil central, como los Kayapó. Sin embargo, su consumo se remonta a cronologías muy antiguas, según evidencia el artículo que se acaba de publicar en la prestigiosa revista Quaternary Science Reviews por un equipo internacional liderado por la Dra. Ruth Blasco, del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), que recoge los descubrimientos efectuados en el yacimiento israelí de la Cueva de Qesem, muy cerca de Tel Aviv, según el cual los grupos humanos de hace 400.000 años incorporaron las tortugas como parte complementaria en sus dietas.

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El equipo de investigación, del que forman parte los directores del proyecto de excavación de Qesem, Ran Barkai y Avi Gopher, del Departamento de Arqueología de la Universidad de Tel Aviv (TAU), encontró fragmentos de caparazón y huesos de las extremidades de tortuga con marcas de corte, fracturación intencional y signos de cremación en varios niveles de la secuencia estratigráfica, lo que indica que estos reptiles no fueron consumidos una sola vez, sino que su explotación se produjo en más de un episodio durante los 200.000 años de formación sedimentaria del yacimiento.

Las marcas de carnicería y especialmente los patrones de cremación diferencial en el caparazón apuntan a que la mayoría de las tortugas fueron asadas dentro de su propio caparazón, directamente sobre las brasas, para después ser fracturadas y descarnadas con la ayuda de herramientas de sílex. “Este descubrimiento añade una nueva dimensión al conocimiento del comportamiento de los grupos humanos del Levante, con los patrones de cocina como un aspecto cultural mucho más arraigado de lo que conocíamos hasta la actualidad”, comenta Ruth Blasco.

Gran espectro de recursos

Además este descubrimiento representa una prueba directa del amplio espectro de recursos que los grupos humanos del Oriente Próximo utilizaban en el Pleistoceno Medio, a la vez que denota la elevada capacidad de estos homínidos para adaptarse al medio y a las posibilidades que les ofrecía.

Los habitantes de Qesem cazaban sobre todo ungulados, como gamos, ciervos, caballos y grandes bóvidos, los cuales concentrarían la parte principal de su menú diario. No obstante, también se incluían puntualmente algunos pequeños animales como alimento complementario en sus dietas, hecho de suma importancia, ya que hasta hace poco los humanos anatómicamente modernos parecían ser los únicos en haber ampliado su dieta con animales de talla muy pequeña, como conejos, tortugas o pájaros, además de vegetales.

En este sentido, el profesor Barkai explica que a partir de los análisis de cálculos dentales en algunos restos humanos encontrados en el yacimiento, “sabíamos que los habitantes de Qesem también consumían vegetales, y ahora podemos decir que también comían tortugas, las cuales fueron recogidas, procesadas y asadas, a pesar de que no proporcionan tantas calorías como otros animales de mayor tamaño, como por ejemplo el gamo”.

En este artículo titulado “Tortoises as a dietary supplement: A view from the Middle Pleistocene site of Qesem Cave, Israel” también han participado Jordi Rosell y Pablo Sañudo de la Universitat Rovira i Virgili y el IPHES (Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social) de Tarragona, Krister T. Smith y Lutz Christian Maul del Senckenberg Research Institute y del Natural History Museum de Alemania.

“Ahora estamos examinando los huesos de aves recuperados recientemente en este yacimiento en busca de evidencias tafonómicas que indiquen qué agente o proceso los ha depositado en la cueva”, concluye Blasco.


Fuente: DICYT
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