Ecología Archive

Las zonas muertas pueden amenazar a los arrecifes de coral de todo el mundo

STRI/DICYT Las zonas muertas afectan a decenas de arrecifes de coral en todo el mundo y amenazan a cientos más de acuerdo con un reciente estudio de científicos Smithsonian publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences. Al observar un enorme arrecife de coral muerto en la costa caribeña de Panamá, sospecharon que fue causada por una zona muerta -una zona de bajo oxígeno que disminuye la vida marina- en vez de que la razón haya sido por el calentamiento de los océanos o la acidificación.

“El calentamiento de los océanos y la acidificación son reconocidos como amenazas globales para los arrecifes y requieren soluciones a gran escala, mientras que las nuevas amenazas a los arrecifes de coral causadas por las zonas muertas son más localizadas”, comentó Andrew Altieri, científico del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI) y autor principal del estudio. Afortunadamente, las zonas muertas se pueden reducir controlando las aguas residuales y la escorrentía agrícola hacia el océano”.

En septiembre del 2010, los arrecifes de coral en la bahía de Almirante, provincia de Bocas del Toro, mostraron signos severos de estrés. Además de los corales que se vuelven blancos y moribundos, lo que es típico durante el blanqueamiento de los corales, asociado con los eventos de calentamiento, había otras pistas que sugerían que había más que altas temperaturas. Muchas observaciones inusuales apuntaban como culpable a algo más. Había gruesas esteras de limo bacteriano, y los cadáveres de cangrejos, erizos de mar y esponjas estaban esparcidos por el fondo del océano. Aún más extraño, había una línea de profundidad clara por encima de la cual los arrecifes parecían bien, y debajo de lo cual, algo terrible había ocurrido. Incluso las colonias individuales de corales que se extendían sobre la línea estaban muy por encima y morían por debajo.

Los científicos se pusieron a trabajar, midiendo varios aspectos de la calidad del agua. Un conjunto de mediciones reveló información que les dejó en shock. Los niveles extremadamente bajos de oxígeno en aguas más profundas contrastaban con altos niveles de oxígeno en aguas poco profundas donde los corales seguían sanos. Este es el sello distintivo de una zona muerta.

El equipo piensa que estas zonas muertas pueden ser comunes en los trópicos, pero en gran parte no han sido reportadas, simplemente porque los científicos nunca las observaron. “El número de zonas muertas actualmente en nuestro mapa del mundo es 10 veces más alto en las zonas templadas que en los trópicos, pero muchos biólogos marinos trabajan en universidades de Europa y Norteamérica y tienen más probabilidades de encontrar zonas muertas cerca de casa”, comentó Altieri.

“Tuvimos suerte de que ya había un programa de monitoreo de arrecifes en la Estación de Investigación de STRI en Bocas del Toro, uno de los sitios de la Red de Observatorios Globales Marinos del Smithsonian”, comentó Rachel Collin, directora de la estación.

“Basados en nuestros análisis, creemos que las zonas muertas pueden ser sub-notificadas por un orden de magnitud”, comentó Nancy Knowlton, coautora quien preside la cátedra Sant de Ciencias Marinas en el Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian. “Para cada una de las zonas muertas en los trópicos, hay probablemente 10 -nueve que aún no se han identificado”.

Los investigadores encontraron 20 casos en los que las zonas muertas estaban implicadas en la mortalidad en masa de los arrecifes de coral en todo el mundo. “La hipoxia (bajo nivel de oxígeno) ni siquiera se menciona en varias de las revisiones académicas más importantes de las amenazas a los arrecifes de coral y rara vez se discute en las reuniones científicas”, comentó Altieri, “aún peor, de los niveles de oxígeno, lo que hace casi imposible identificar el bajo nivel de oxígeno como la causa de la mortalidad masiva de coral después del hecho”. Por ejemplo, la causa de una mortalidad en masa en los arrecifes de flores en el Golfo de México en el 2016 sigue siendo poco clara, Las fotografías parecen sorprendentemente similares a lo observado en Panamá.

Los autores argumentan que la construcción de capacidad para monitorear el oxígeno en los arrecifes nos ayudará a mejorar la salud de los arrecifes de coral y entender cómo las zonas muertas pueden interactuar con otras fuerzas como el calentamiento global en un doble golpe que pone a los arrecifes en un peligro mucho mayor.

Una dieta mediterránea vegetariana reduciría la huella hídrica hasta un 50%

Una investigación internacional analiza las pautas de consumo y alimentación de los ciudadanos de trece ciudades europeas

UCM/DICYT Si los europeos siguieran una dieta mediterránea saludable, el consumo de agua se llegaría a reducir entre un 19% y un 53%. Así lo revela un estudio internacional en el que participa la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y en el que se ha analizado tanto el consumo directo como indirecto de los recursos hídricos de trece ciudades europeas, entre ellas, Manresa y Zaragoza.

“Con el consumo directo nos referimos al agua que usamos en los hogares para beber, ducharnos o lavar, mientras que el consumo indirecto es el agua utilizada para producir bienes urbanos como alimentos, papel o ropa”, explica Susana del Pozo, investigadora del departamento de Nutrición y Bromatología I de la UCM y coautora del trabajo.

El consumo indirecto es superior al directo y la suma de ambos da como resultado la huella hídrica de una persona. La investigación, publicada en la revista Science of the Total Environment, plantea tres hipotéticos escenarios de consumo de agua con la dieta mediterránea como elemento central.

El primero se refiere a una dieta que incluye carne, con la que se ahorraría entre un 19% y un 43% de agua. El segundo contempla una alimentación basada en más pescado y verduras, lo que llevaría a reducciones de consumo de entre el 28% y el 52%, mientras que la tercera dieta, vegetariana, conlleva descensos de entre el 30% y el 53% del uso de los recursos hídricos.

“El tipo de dieta influye en la huella hídrica y mejora al disminuir el consumo de carne”, afirma del Pozo. Según la investigadora, cada hogar español compra, de media, unos 146 gramos de carne por persona al día, el doble de lo que consumíamos en 1964, cuando la dieta española seguía el modelo de la mediterránea.

“Para recuperar los patrones saludables no solo debemos disminuir nuestro consumo de carne sino también ampliar la presencia de legumbres, verduras y cereales en nuestras mesas”, plantea del Pozo.

Siguiendo informes internacionales, en el estudio también se analiza la alimentación de los ciudadanos de las trece ciudades seleccionadas –Manresa, Zaragoza, Lyon, Dubrovnik, Atenas, Jerusalén, Ankara, Estambul, Pisa, Bolonia, Génova, Reggio Emilia y Liubliana–. Solo en Lyon, Manresa y Zaragoza sus habitantes alcanzaron el consumo recomendado de pescado y marisco (entre 3 y 4 raciones semanales).

Mucho más que abrir el grifo

La investigación revela que la huella hídrica de las capitales osciló entre los 3.277 y los 5.789 litros por persona y día, cantidades que multiplican hasta por treinta el consumo directo urbano. Este osciló entre los 125 y los 200 litros por persona al día.

Las cifras son superiores a las registradas en capitales europeas del norte o el oeste del continente, algo que, entre otros factores, puede deberse al clima.

“La huella hídrica de un individuo no solo está relacionada con su consumo directo de agua sino que también influyen sus hábitos”, recuerda del Pozo. Por eso, los investigadores proponen mejorar la alimentación y diseñar campañas de concienciación centradas en el consumo indirecto del agua, para que el ciudadano sea consciente de su existencia.

En el estudio, dirigido por el Centro Común de Investigación de la Comisión Europea (JRC por sus siglas en inglés), también han participado la Universidad Hasan Kalyoncu (Turquía), el Centro de Control de Enfermedades de Israel y la Fundación Helénica de Salud (Grecia).

Referencia bibliográfica
D. Vanham, S. del Pozo, A.G. Pekcan, L. Keinan-Boker, A. Trichopoulou y B.M. Gawlik. “Water consumption related to different diets in Mediterranean cities”, Science of the Total Environment573, 2016. DOI:10.1016/j.scitotenv.2016.08.111.

La pesca reduce a un 2% las poblaciones de langosta

Investigadores del grupo de investigación RESMARIEO del Centro Oceanográfico de Baleares del IEO han publicado en la revista Biological Conservation, en colaboración con investigadores del CONICET, un trabajo que demuestra la importancia de las reservas cerradas a la pesca para conocer el estado previo a la explotación de las especies y poder estimar parámetros del ciclo de vida como la mortalidad natural, difíciles de obtener por otros medios.

El estudio se ha realizado en la Reserva Marina de las Islas Columbretes, cerrada a la pesca hace 25 años, y utiliza la langosta roja Palinurus elephas como especie modelo. Las poblaciones de esta especie, comercializada desde tiempos antiguos y de alto valor comercial, están sobrexplotadas en toda su área de distribución.  Por tratarse de una especie de movimientos limitados, responde positivamente a medidas de protección espacial, como las reservas marinas.

En el estudio, la densidad y biomasa de langosta en la reserva marina seguían creciendo al final del periodo de 25 años sin pesca, alcanzando índices 20 a 50 veces superiores a los de las poblaciones explotadas. La mortalidad de la langosta en las poblaciones explotadas se ha estimado en 3-4 veces superior al de la población protegida, que se aproxima a la mortalidad natural.

El empobrecimiento demográfico de las poblaciones explotadas es patente, ya que un 30% de la producción de huevos provienen de hembras de talla inferior al mínimo legal, mientras que en la población protegida esta fracción supone tan solo un 1,5%.

Por otra parte, interacciones competitivas en condiciones de alta densidad en la reserva propician la emigración de adultos de tallas medias y pequeñas (efecto spillover) que sustentan la pesquería en el entorno de la reserva.

La grieta de Larsen C

Hace ya varios años que apareció una grieta en la barrera de hielo Larsen C de la península Antártica, pero en los últimos tiempos ha ido creciendo más rápido que nunca.

Gracias a sus radares con ‘visión nocturna’, los satélites Sentinel-1 de Copernicus están vigilando la situación.

Esta animación muestra que la fisura se ha extendido unos 60 km desde enero del año pasado. Y desde principios de enero de este año, se han separado otros 20 km, por lo que, en estos momentos, la plataforma de 350 m de grosor apenas se encuentra unida por un hilo a la península. La grieta ahora tiene unos 175 km de longitud.

Cuando el iceberg se separe definitivamente de la barrera de hielo, será uno de los mayores nunca registrados, aunque es difícil pronosticar cuándo sucederá. Las barreras colindantes, Larsen A y Larsen B experimentaron un proceso similar, con partos espectaculares en 1995 y 2002, respectivamente.

Estas barreras de hielo son importantes, ya que actúan a modo de refuerzo, reteniendo el hielo que fluye hacia el mar.

Los dos satélites Sentinel-1 son fundamentales para descubrir y vigilar acontecimientos como estos, ya que son capaces de proporcionar imágenes de radar de forma continua, a pesar de que la Antártida permanece inmersa en la oscuridad durante varios meses al año.

 

La relación entre jabalíes y murciélagos es preocupante, apunta una investigación

Un estudio muestra que la sangre de cerdos ferales constituye el alimento de murciélagos vampiros. El aumento de la población de ambas especies de animales puede ampliar el impacto sobre el medio ambiente y sobre la producción agropecuaria.

AGENCIA FAPESP/DICYT La cantidad de murciélagos vampiros, que transmiten la rabia y preocupan a los productores agropecuarios, puede aumentar en Brasil y en toda América debido a la proliferación de las poblaciones de otra especie animal: el jabalí.

Un grupo de investigadores acaba de poner en evidencia un aumento alarmante de la distribución y de la cantidad de jabalíes y cerdos ferales. Asimismo, quedó demostrado que los vampiros comunes (Desmodus rotundus), una especie de murciélago vampiro, han pasado a alimentarse con la sangre de estos cerdos.

A medida que la población de jabalíes aumenta, también se incrementan los daños a la agricultura y a la fauna nativa, entre otros problemas. Los jabalíes suministran una fuente también creciente de sangre a los vampiros, lo que puede aumentar y mucho la población de estos murciélagos.

Los resultados de este estudio, que cuenta con el apoyo de la FAPESP, salieron publicados en la revista Frontiers in Ecology and the Environment y están a cargo de Mauro Galetti, docente del Instituto de Biociencias de la Universidade Estadual Paulista (Unesp), con sede en la ciudad de Rio Claro (São Paulo, Brasil), su doctorando Felipe Pedrosa, Alexine Keuroghlian, bióloga de la Wildlife Conservation Society – Brasil, e Ivan Sazima, profesor colaborador del Museo de Zoología de la Universidad de Campinas (Unicamp), en São Paulo.

De las alrededor de 1.200 especies de murciélagos existentes en el planeta, sólo tres –todas de América– se alimentan exclusivamente de sangre. Desmodus rotundus es la especie de vampiro con mayor distribución: habita un territorio que se extiende desde México hasta Argentina. Estos animales buscan fundamentalmente sangre de ganado, pero existen casos documentados de depredación también de la fauna nativa: de tapires y corzuelas.

En el Bosque Atlántico, aproximadamente el 1,4% de los vampiros porta el virus de la rabia. En la Amazonia peruana, dicha proporción puede llegar al 10%. La transmisión de la rabia por vampiros es una de las mayores preocupaciones de los productores ganaderos en Brasil, incluso en las zonas donde el ganado está vacunado. Sucede que los animales silvestres, y esto incluye a los cerdos ferales, no están vacunados, lo que crea un potencial elevado de propagación de la enfermedad.

En los últimos 12 años, el grupo de investigadores ha utilizado trampas fotográficas, que son cámaras especiales que graban por las noches en infrarrojo y se disparan automáticamente cuando sus sensores detectan el paso de algún animal.

Se tomaron 10.529 fotos y videos con diversos ejemplos de vampiros depredando cerdos ferales, ganado, tapires y corzuelas coloradas. Se seleccionaron 158 eventos en el Pantanal (101 con cerdos ferales, 38 con corzuelas y 19 con tapires) y 87 eventos en el Bosque Atlántico (35 con cerdos ferales, 29 con corzuelas y 23 con tapires). Con base en estos eventos, los investigadores calcularon que el porcentaje de encuentros entre vampiros y jabalíes es alto: de alrededor del 10% en las noches en que se realizaron los registros.

“El virus de la rabia es transmitido a través de la saliva de los murciélagos. El vampiro D. rotundus es también un reservatorio de otros virus con potencial epidemiológico, tales como el hantavirus y el coronavirus”, dijo Sazima.

“A los murciélagos vampiros les gusta mucho la sangre de los cerdos. El paso del cerdo doméstico al cerdo feral y al jabalí le habría resultado sencillo a un animal adaptable como el vampiro”, dijo Sazima. Los cerdos ferales o jabacerdos son animales resultantes del cruzamiento entre jabalíes, una especie silvestre europea, con cerdos salidos de propiedades rurales de Brasil.

Cerdos ferales

Los jabacerdos alían la ferocidad de los jabalíes con las dimensiones y la fertilidad del cerdo doméstico, un animal seleccionado para proveer más carne y crías que su ancestro salvaje. Un jabalí macho adulto llega a pesar 100 kilos. Un jabacerdo puede pesar más de 150 kilos y se reproduce constantemente.

Brasil enfrenta una invasión de jabalíes y jabacerdos sin precedentes en las zonas rurales, con un aumento del 500% desde 2007. En 1989, los jabalíes ferales de Uruguay empezaron a cruzar la frontera con el estado de Rio Grande do Sul, en Brasil. Fue el comienzo de la infestación en la región sur del país.

“A mediados de la década de 1990, hubo en el sudeste de Brasil un gran incentivo a la producción de carne de jabalí. Los productores importaron matrices y formaron planteles. Pero el negocio no se mostró tan rentable y algunos productores lo abandonaron soltando a los jabalíes”, dijo Pedrosa.

En un intento por salvar el negocio, los productores empezaron a cruzar a los jabalíes con cerdos domésticos para producir los llamados jabacerdos, que también fueron soltados. Por ese motivo, la infestación, que hasta entonces se restringía al sur, avanzó por el sudeste hasta el Bosque Atlántico, en el estado de São Paulo. En la zona del Pantanal, la invasión es más antigua y se remonta al comienzo de la colonización portuguesa, con cerdos criados sueltos que se descarriaron y dieron origen al jabalí salvaje.

“Los jabalíes, jabacerdos y los jabalíes salvajes son todos de la misma especie del cerdo doméstico (Sus scrofa). La distribución natural del jabalí está en Europa y Asia, aunque fue introducido en Australia, América del Sur y Estados Unidos. Los jabalíes y los demás suidos (cerdos) transformados al estado salvaje están considerados como una de las peores especies exóticas del mundo”, destacan los investigadores.

En el estudio se arriba a la conclusión de que la invasión de jabalíes en el Bosque Atlántico y en el Pantanal constituye una seria amenaza y existe “una necesidad urgente de desarrollar e implementar medidas efectivas de control”.

Los jabacerdos son animales sociales que andan en manadas, son agresivos y muy peligrosos. “En pocos años estarán en la Amazonia y en la Caatinga. En Europa y en Estados Unidos el jabalí es la especie de vertebrado que más crece en cantidad. Solamente en 2016, en la frontera de Dinamarca con Alemania, se sacrificaron 14 mil de estos cerdos”, dijo Galetti.

Este problema puede no ceñirse únicamente a los cerdos. “Para los animales nativos que son mordidos por murciélagos vampiros, tales como tapires, venados o corzuelas y carpinchos, existe también el potencial de transmisión de otras enfermedades virales existentes en los jabalíes”, dijo Keuroghlian.

Estimadas por primera vez las densidades de carnívoros del monte mediterráneo

En usencia de otros superpredadores, la especie más abundante es el zorro. Le siguen el meloncillo, el gato doméstico, la garduña y, a mayor distancia, el tejón y la jineta

Una investigación en la que ha participado el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha estimado la densidad de las diferentes especies de mamíferos carnívoros que habitan en el monte mediterráneo. El trabajo, publicado en la revista Scientific Reports, se ha centrado en las poblaciones de zorro, meloncillo, jineta, garduña, tejón y gato doméstico en el extremo occidental de Sierra Morena, en Extremadura, donde están ausentes los superpredadores: lobo y lince.

“El conocimiento de las comunidades de carnívoros y su estructura es una premisa fundamental para su gestión y conservación, para estimar tendencias y entender lascomplejas relaciones con sus presas y el medio, así como su papel en la regeneración de la vegetación, ya que buena parte de los carnívoros son estacionalmente frugívoros”, explica el investigador del CSIC José Jiménez, del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (centro mixto del CSIC, la Universidad de Castilla-La Macha y la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha).

Mediante la combinación de nuevos métodos de análisis de captura-recaptura, marcaje-reavistamiento y conteos espaciales, combinados con herramientas como el fototrampeo y el radioseguimiento, los investigadores han estimado que en la zona de estudio el zorro es la especie más abundante, con 0,41 individuos por kilómetro cuadrado. Le siguen el meloncillo, el gato doméstico y la garduña, que presentan una densidad similar entre sí, con alrededor de 0,25 individuos por kilómetro cuadrado. Las especies menos abundantes son el tejón y la jineta (0,130 y 0,087 individuos por kilómetro cuadrado respectivamente). Estos datos suponen además la primera cuantificación de la densidad de población de una especie asilvestrada en el medio natural, como es el caso del gato doméstico.

Hasta ahora las estimas de densidad sólo habían podido realizarse con aquellas especies donde los individuos son reconocibles por sus características, como el pelaje o las marcas físicas, por ejemplo. “Por ello, hasta la fecha no contábamos con datos referentes a especies como el meloncillo, cuyos individuos no son reconocibles individualmente. La aplicación de metodologías de análisis espacialmente explícitas, que no requieren necesariamente de la identificación de los individuos, supone un notable avance en el conocimiento de carnívoros crípticos y esquivos, y la estima de sus poblaciones”, añade el investigador. Este estudio es el fruto de la colaboración de investigadores del CSIC, el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, la empresa TRASGATEC y la Universidad de Oviedo.

Referencia bibliográfica
José Jiménez, Juan Carlos Nuñez Arjona, Carmen Rueda, Luis Mariano González, Francisco García Domínguez, Jaime Muñoz Igualada & José Vicente López-Bao. Estimating carnivore community structures. Scientific Reports. DOI: 10.1038/srep41036

30 años del primer campamento español en la Antártida

Cuatro investigadores del CSIC fueron los primeros en asentarse en la isla Livingston

CSIC/DICYT Se cumplen 30 años del primer campamento español en la Antártida. Los orígenes de la actividad científica de España en el continente helado se remontan al 27 de diciembre de 1986, día en que los investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Antoni Ballester, Josefina Castellví, Joan Rovira y Agustí Julià (fallecido en 2009) instalaron su tienda de campaña en la isla Livingston con el objetivo de estudiar un posible emplazamiento para una base española.

Dos años después, en enero de 1988, se inauguraba la Base Antártica Española Juan Carlos I. Ese mismo año, España se convertía en miembro consultivo del Tratado Antártico. En ese momento, la base estaba financiada por el Ministerio de Asuntos Exteriores y el CSIC.

“Desde su fundación, la BAE Juan Carlos I ha sido un laboratorio de referencia para la investigación antártica española y ha servido para unir y dar forma a una importante comunidad científica en la Antártida, favoreciendo la cooperación científica y técnica internacional”, explica Jordi Sorribas, director de la Unidad de Tecnología Marina del CSIC.

Renovación de la base

Las instalaciones fueron diseñadas para no ser usadas más de 20 años; por ello, en el año 2000 se inició el estudio de su renovación. Durante la actual campaña 2016-2017 se va a llevar a cabo la última fase de las actuaciones de remodelación, centradas en la instalación de los servicios finales y la puesta en funcionamiento conjunta de todos los sistemas. La renovación y el nuevo equipamiento de laboratorios y espacios generales tienen un coste total aproximado de 16 millones de euros, financiados principalmente por el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad.

“Gracias a la labor de aquellos pioneros y la constancia de personas e instituciones durante 30 años, hoy en día España tiene una posición respetada en el ámbito de la investigación en la Antártida. Las instalaciones de las que disponemos permiten vertebrar colaboraciones internacionales, gracias también al trabajo de unos equipos competentes y profesionales que generan una producción científica de primer nivel”, destaca Sorribas.

La BAE Juan Carlos I está incluida en el Mapa de Instalaciones Científico Técnicas Singulares. La base está íntegramente gestionada por el CSIC, a través de la Unidad de Tecnología Marina, que asume además la organización logística de las actividades antárticas que se desarrollan al amparo y bajo la coordinación del Comité Polar Español, dependiente del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad.

La investigación Española en la Antártida se enmarca en el contexto del Plan Estatal de Investigación Científica y Técnica y de Innovación 2013-2016 (MINEICO), que financia los proyectos científicos aprobados dentro de los distintos programas del Plan y el resto de proyectos científicos y actividades programadas dentro de la campaña antártica española.

Los efectos del cambio climático sobre la distribución de dos especies de aves esteparias podrían no ser tan drásticos

El cambio climático puede tener un importante efecto sobre las especies. Un estudio con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Autónoma de Madrid ha empleado modelos matemáticos para observar el efecto del cambio climático en la distribución de dos especies de aves vulnerables de medios agrícolas, el sisón y la avutarda. El resultado muestra que es dudoso que la mayor parte de la distribución actual de estas especies en el sur de Europa desaparezca en menos de cien años debido sólo a cambios en el clima. Para pronosticar su futura distribución es necesario contemplar otras variables, además de las climáticas, según concluye el estudio, publicado en la revista PLOS ONE.

Ejemplar de sisón hembra y avutarda macho: Foto: Palacín.

Ejemplar de sisón hembra y avutarda macho: Foto: Palacín.

“Las especies afrontan el cambio climático, entre otras formas, modificando sus distribuciones conforme las condiciones van cambiando, de forma que las especies puedan “seguir los pasos” del cambio climático”, señala Alba Estrada, participante en el estudio e investigadora del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos, de Ciudad Real.

“Para poder conocer cuáles son las áreas favorables para las especies tanto en la actualidad como en el futuro, los investigadores elaboran modelos matemáticos que tienen en cuenta las distribuciones de las especies y los pronósticos de cambio de clima a lo largo del siglo XXI”, explica Beatriz Arroyo, investigadora del CSIC en el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos. “En esos modelos, además de variables climáticas, como temperatura o precipitación, pueden incorporarse otro tipo de variables que también pueden afectar a las distribuciones de las especies, como la topografía, tipo de hábitat, la influencia humana, y la geografía”.

La investigadora Alba Estrada destaca la importancia de las variables geográficas: “Considerar la estructura geográfica es importante porque puede ser indicadora de otros fenómenos naturales que no se pueden incorporar fácilmente en los modelos de distribución, como la dinámica de población de la especie, la capacidad de dispersión, o los acontecimientos históricos que han dado lugar a la distribución de la especie”.

En este estudio se han elaborado dos tipos de modelos de distribución en Europa, uno sólo variables ambientales (clima, topografía y uso del suelo) y otro que incluye variables ambientales y además variables geográficas. Se ha comprobado que la inclusión de variables geográficas mejora los modelos de distribución y produce áreas favorables más realistas. Los mejores modelos prevén que la distribución actual de estas especies puede limitar su distribución futura, debido probablemente a limitaciones de dispersión y a fidelidad a los sitios de cría.

“Es decir, que es poco probable que la distribución futura de las especies sea completamente diferente a su distribución actual incluso aunque haya variaciones en el clima, de manera que es de esperar que las distribuciones de las especies cambien gradualmente”, indica Estrada. “Por lo tanto, las poblaciones que viven en áreas que son favorables hoy en día y sus hábitats deben ser una prioridad en las políticas de gestión y conservación de estas especies”.

 

  • Alba Estrada, M. Paula Delgado, Beatriz Arroyo, Juan Traba y Manuel B. Morales. Forecasting Large-Scale Habitat Suitability of European Bustards under Climate Change: The Role of Environmental and Geographic Variables. PLOS ONE. Doi: 10.1371/journal.pone.0149810

Fuente: Consejo Superior de Investigaciones Científicas
Website: csic.es


Corales del mundo en peligro

El actual fenómeno meteorológico de El Niño está atacando a los arrecifes de coral, lo que ha dado pie a la puesta en marcha de una campaña  en el océano Pacífico para explorar de qué manera podría el satélite Sentinel-2 cuantificar el daño a gran escala.

El Niño es una oscilación irregular de las corrientes del Pacífico tropical que provoca graves consecuencias.

Comienza cuando una masa de agua más cálida del Pacífico tropical occidental se desplaza hacia el este, provocando el movimiento de aguas más frías ricas en nutrientes hacia la costa occidental de América del Sur y América Central. Estas aguas más cálidas aumentan la humedad de las masas de aire que se desplazan por el océano y producen un aumento de las precipitaciones en las zonas terrestres adyacentes.

Además, perturban la circulación atmosférica y provocan anomalías meteorológicas a gran escala en todo el mundo.

El impacto puede ocasionar la aparición de sequías graves en África, precipitaciones abundantes en América del Sur, incendios en el sureste asiático, fuertes tormentas invernales en California, una ola de calor en Canadá e intensos huracanes en todo el océano Pacífico.

El Niño: enero de 2016

El Niño: enero de 2016

El agua cálida también es perjudicial para los corales marinos ya que provoca su blanqueamiento.

El blanqueamiento del coral tiene lugar cuando las algas que habitan los tejidos del mismo, que captan la energía solar y son esenciales para su supervivencia, son expulsadas a causa de las altas temperaturas.

Es posible que el coral decolorado muera, lo que impacta en el ecosistema del arrecife y, por ende, en la pesca, el turismo regional y la protección de la costa.

El actual fenómeno de El Niño comenzó en 2014 y ya ha afectado a corales del archipiélago de Hawái. Las estimaciones de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE. UU (US National Oceanographic and Atmospheric Administration) muestran que este año el blanqueamiento de corales podría extenderse por todo el mundo, incluido el océano Índico y el Pacífico Sur.

Para estudiar los efectos que han provocado El Niño y el cambio climático en los corales a una mayor escala, la ESA ha puesto en marcha una campaña de campo en Fatu Huku, una isla del Pacífico que forma parte de la Polinesia francesa, para explorar las posibles aplicaciones de las imágenes de los corales tomadas por Sentinel-2.

El satélite recopila datos con regularidad sobre la tierra, masas de agua continentales y zonas costeras y se desactiva en el mar abierto. No obstante, se ha realizado una petición especial para recopilar datos en el momento en que el satélite pasa sobre Fatu Huku con el fin de comprobar la calidad con la que puede monitorizar el estado de los corales, incluido su posible blanqueamiento.

¿Dónde está Antoine?

¿Dónde está Antoine?

¿Cómo sabremos si funciona? El científico francés Antoine Collin está de camino a Fatu Huku para comprobar los datos. Durante dos semanas, Antoine utilizará cámaras subacuáticas especiales para evaluar el estado de los arrecifes de coral y su cambio con el paso del tiempo. Esta información será analizada junto a los datos captados por Sentinel-2 en el mismo momento para comprobar si las observaciones por satélite son coherentes con las subacuáticas.

Sigue el viaje de Antoine a través del blog Campaign Earth: http://blogs.esa.int/campaignearth


Fuente: ESA
Website: esa.int


Las biocostras mejoran el equilibrio del agua en los ecosistemas semiáridos

Las costras biológicas del suelo o biocostras son comunidades de cianobacterias, algas, hongos, líquenes, musgos y microorganismos que cubren los espacios libres entre la plantas en las regiones áridas y semiáridas, y tienen un papel clave en la disponibilidad y la distribución de agua en el suelo. Ahora un estudio dirigido por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha analizado todos los procesos hidrológicos de forma conjunta que son influidos por las biocostras en un ecosistema árido. El estudio se publica en la revista Ecohydrology.

Ladera cubierta por biocostras entre las plantas en un ecosistema semiárido (Tabernas, Almería). Foto: Sonia Chamizo.

“Nuestros resultados demuestran que las biocostras mejoran las propiedades físico-químicas del suelo, aumentando así la infiltración de agua y la humedad del suelo, y reduciendo las pérdidas de agua por evaporación respecto a suelos desnudos (sin biocostras)”, explica el investigador del CSIC Francisco Domingo, de la Estación Experimental de Zonas Áridas (Almería), que ha dirigido el estudio. “De esta forma, la presencia de las biocostras, especialmente de biocostras desarrolladas (compuestas por líquenes y musgos), tiene un efecto positivo sobre el equilibrio hídrico en regiones áridas y semiáridas”, concluye.

En este estudio se ha analizado de forma conjunta la influencia de diferentes tipos de biocostra en las fases de infiltración, evaporación y humedad del suelo) en dos ecosistemas diferentes en el sureste de España, indican los investigadores. Los resultados muestran que la infiltración en las biocostras es mayor en suelos llanos con textura arenosa, que en suelos inclinados con textura limosa. La influencia de las biocostras en la infiltración depende de la intensidad de las lluvias. Las biocostras aumentaron la infiltración con respecto a suelos desnudos durante lluvias leves, pero mostraron una infiltración similar o inferior que los desnudos durante lluvias intensas.

En períodos húmedos y fríos, las biocostras aumentaron la humedad del suelo respecto a los suelos desnudos. Sin embargo, en períodos cálidos, tanto los suelos con biocostras como los desnudos perdieron agua con rapidez, lo que significó una pérdida de agua y humedad similar bajo los dos tipos de superficies. “El estudio concluye que las biocostras incrementan la entrada de agua al aumentar la infiltración y la humedad del suelo, y reducen la pérdida de agua al reducir la evaporación del suelo, lo que aumenta el agua disponible para las plantas”, indica el investigador.

 

  • Sonia Chamizo, Yolanda Cantón, Emilio Rodríguez-Caballero, Francisco Domingo. Biocrusts positively affect the soil water balance in semiarid  ecosystems. Ecohydrology. Doi: 10.1002/eco.1719

Fuente: Consejo Superior de Investigaciones Científicas
Website: csic.es