Paleontología Archive

Un estudio revela la dieta vegetal del primer europeo

El análisis de los cálculos dentales obtenidos de los dientes de la mandíbula de un individuo hallado en el yacimiento de la Sima del Elefante de Atapuerca (Burgos), de más de 1.2 millones de años de antigüedad, ha protagonizado un estudio sobre dieta vegetal publicado recientemente en la revista The Science of Nature, en el que han participado los investigadores del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) Ruth Blasco y José Maria Bermúdez de Castro.

Dicho estudio, liderado por Karen Hardy, de la Universitat Autónoma de Barcelona-ICREA, revela restos de ciertas gramíneas y polen de coníferas atrapados en los cálculos dentales (sarro) que se encontraban alojados en dicha mandíbula, denominada ATE9-1, lo que indica un componente vegetal importante en la dieta de las primeras poblaciones humanas europeas.

Como explica Ruth Blasco, se extrajeron y analizaron microscópicamente dos muestras de 0,5 y 0,8 microgramos de uno de los premolares, que se sometieron a un proceso químico de espectrometría y cromatografía para identificar los microrestos vegetales y otros microorganismos contenidos en la placa.

Los restos de alimentos identificados en ATE9-1 no sólo apuntaban a un componente vegetal en la dieta de estos homínidos sino también a que el ambiente de hace 1.2 millones de años era más cálido que el actual y permitía el desarrollo de bosques húmedos y grandes praderas.

“Cabe destacar el hecho de que ninguno de los microrestos parece haber sido procesado térmicamente, lo que concuerda con las evidencias de ausencia de fuego en Eurasia previas a los 780.000 años”, añade Ruth Blasco.

Higiene dental

Además de los restos de gramíneas y polen, también se localizaron fragmentos microscópicos de madera que podrían corresponder al uso de palillos para eliminar los restos de alimentos que quedarían atrapados en los espacios interdentales. “De hecho, la mandíbula ATE9-1 presenta un surco de desgaste en uno de sus premolares que podría relacionarse con estos hábitos”, explica José María Bermúdez de Castro.

En la Prehistoria más antigua la higiene dental era algo inexistente, y por suerte para los investigadores, algunos componentes específicos en la dieta permanecen atrapados en las acumulaciones endurecidas de placa bacteriana como auténticas cápsulas del tiempo, “permitiéndonos obtener información sobre la dieta de los individuos afectados”, señala Ruth Blasco.

Descubierto un fragmento de cráneo humano de 400.000 años en la Cueva Fantasma de Atapuerca

Este homínido podría pertenecer a una población antecesora de los neandertales

F. Atapuerca/IPHES/DICYT Uno de los resultados más importantes de la campaña de 2016 en la sierra de Atapuerca ha sido la limpieza y puesta a punto del nuevo yacimiento de la Cueva Fantasma. Puesto que el objetivo del Equipo de Investigación de Atapuerca (EIA) es comenzar la excavación del relleno de esta cueva en 2017, se decidió tomar varias muestras que permitieran estimar la edad aproximada de los sedimentos de los niveles superiores. Analizando ya este material, el arqueólogo Josep Vallverdú (IPHES-EIA) detectó la presencia de un resto óseo que podía pertenecer a un homínido. Varios especialistas han confirmado que se trata de un gran fragmento de parietal humano del lado derecho.

Cráneo humano de 400.000 años de antigüedad

A juzgar por el contexto arqueológico y paleontológico asociado, podemos atribuir este resto humano al Pleistoceno Medio. Queda pendiente la datación del nivel por métodos geocronológicos, pero los restos de microfauna y la industria asociada sugieren que estamos en presencia de homínidos similares a los hallados en la Sima de los Huesos de la Sierra de Atapuerca. Es decir, este homínido podría pertenecer a una población antecesora de los Neandertales, de hace sobre 400.000 años.

Este hallazgo confirma la enorme riqueza arqueo-paleontológica de los yacimientos de la sierra de Atapuerca y supone un espaldarazo para el Programa de Investigación que se inició hace 38 años en este conjunto, Patrimonio de la Humanidad.


Fuente: DICYT
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Destacados hallazgos en la campaña de excavaciones de Atapuerca

Balance de la campaña de excavaciones más numerosa e internacional de la sierra burgalesa

FUNDACIÓN ATAPUERCA/DICYT El pasado 16 de junio comenzaron las excavaciones en los yacimientos de la sierra de Atapuerca dirigidas por Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell. Durante este periodo, un total de 284 personas de 23 nacionalidades distintas han trabajado en los diferentes yacimientos. Se trata del año con mayor afluencia de excavadores y con más internacionalización, muy por delante de ejercicios anteriores. En 2015, por ejemplo, la campaña contó con 277 investigadores de 9 países, mientras que en 2014 hubo 226 personas de 7 nacionalidades. A continuación, se detallan los hallazgos más destacados hasta la fecha.

Yacimientos de la Trinchera del Ferrocarril

Sima del Elefante

Este año la excavación en la Sima del Elefante tenía como objetivos principales terminar de excavar completamente el nivel TE9c y gran parte del nivel TE9d, localizar la base de la cavidad y continuar el sondeo del nivel TE7 en la zona más al sur del yacimiento.

El primero de los objetivos ha sido realizado con éxito, y se puede concluir que el nivel TE9c y TE9d han sido totalmente excavados. En este último nivel, con una cronología de alrededor de 1,3 millones de años, se han recuperado restos de aves de diferentes tamaños, de oso, de bóvido y de ciervo.
Algunos de los restos de herbívoro, recuperados en el nivel TE9d, presentan trazas de actividad humana, como marcas de corte y fracturación de los huesos largos. Junto a estos restos faunísticos con actividad antrópica, también se ha recuperado un fragmento de lasca en sílex cretácico. Ambas evidencias, faunísticas y líticas, recuperadas en la base del nivel TE9d muestran, sin ninguna duda, que la presencia de los grupos humanos en la sierra de Atapuerca se remonta hasta hace como mínimo 1,3 millones de años.
Por otro lado, el segundo de los objetivos no se ha conseguido debido a que durante los trabajos de excavación en la zona norte del yacimiento, donde se quería localizar la base de la cavidad, se ha hallado el nivel TE7, que es el más antiguo de toda la Trinchera del Ferrocarril. Este hallazgo es una muy buena noticia ya que hasta ahora solo se tenía evidencia de este nivel en la zona sur del yacimiento. En años anteriores se ha realizado un sondeo en esta zona que ha permitido saber que este nivel es rico en restos paleontológicos.

La localización del nivel TE7 en una superficie de 6 metros cuadrados en la zona norte del yacimiento ha hecho posible el tercero de los objetivos planteados para esta campaña, que era continuar el sondeo del nivel TE7 en la zona más al sur del yacimiento.

Galería

La campaña de 2016 en el yacimiento de Galería se ha centrado en la excavación de los niveles inferiores de la Unidad GIIIa. Esta unidad, datada entre 220 y 280 mil años, ha proporcionado abundantes restos de fauna e industria lítica. Las herramientas son características del Modo 2 (Achelense). Así, se han recuperado lascas, bifaces y hendedores elaborados en distinta materia prima como es el sílex, la arenisca y la cuarcita.

Los restos faunísticos recuperados (costillas, vértebras y elementos craneales) pertenecen principalmente a caballos, habiendo recuperado también elementos esqueléticos de otros herbívoros y carnívoros.

Los hallazgos de esta campaña han permitido constatar que los trabajos arqueológicos han alcanzado ya los niveles fértiles del yacimiento. Se confirma la funcionalidad de esta cavidad, ya que todo apunta a un aprovechamiento antrópico de los animales que caían por la trampa natural situada al Este de la cueva. Los grupos humanos del Pleistoceno Medio de la sierra de Atapuerca accedían a los animales y transportaban los elementos esqueléticos más ricos en masa muscular (extremidades), abandonando en Galería los restos pertenecientes a la caja torácica. Los huesos abandonados eran, posteriormente, aprovechados por los carnívoros, como lo atestiguan las múltiples mordeduras halladas en los restos.

Yacimiento de Atapuerca

Gran Dolina

Nivel TD10

Desde el día 16 de junio, un equipo de 30 personas ha estado excavando en la parte superior del yacimiento de Gran Dolina, en una superficie de 90 m2. Concretamente, se ha trabajado en el tramo inferior del nivel TD10.3, de unos 450.000 años de antigüedad.

El paquete de sedimentos de las capas superiores del nivel TD10 se caracterizaba por presentar las mayores concentraciones de restos arqueológicos documentados hasta la actualidad en los yacimientos pleistocenos de la sierra de Atapuerca. Estos restos se acumularon en la entrada a la cueva de Gran Dolina a lo largo de los períodos en que esta fue usada por los homínidos como enclave referencial dentro del entorno de la sierra.

La capa excavada este verano presenta una menor concentración de restos. Sin embargo, el registro recuperado refleja una gran diversidad en cuanto a especies de herbívoros (caballo, ciervo, bisonte, rinoceronte…) y de carnívoros (león, lobo…). Estos últimos aparecen representados tanto en forma de elementos de su esqueleto como de marcas sobre los huesos de sus presas. La actividad antrópica sobre estos restos, sin embargo, es escasa. En cuanto a los instrumentos de piedra, en esta capa tenemos muy bien representada la cultura Achelense, con sus característicos bifaces y otros grandes instrumentos, aunque, en consonancia con la escasa actividad antrópica sobre los restos de fauna, la densidad de instrumentos es baja.

Así, TD10 ofrece de nuevo una espléndida oportunidad para establecer modelos, en este caso sobre la actividad de estos depredadores y sobre el modo en que compartían el espacio con los homínidos.

Las diferentes modalidades de ocupación documentadas en la secuencia de TD10 (campamento central, matadero de bisontes…), así como los datos obtenidos en otros yacimientos del Pleistoceno medio de Atapuerca, como Galería o la Sima de los Huesos, nos permiten estudiar como en muy pocos lugares del mundo los ecosistemas de hace entre 300.000 y 500.000 años, y, muy especialmente, cómo los grupos de homínidos (preneandertales en este caso) los explotaron y se adaptaron a ellos.

Nivel TD4

Según los datos actuales, el nivel TD4 es el mejor candidato hoy en día para cubrir el espacio temporal de 400.000 años que separa a Homo antecessor (0.8 Ma) de los restos humanos de la Sima del Elefante (1.2 Ma). Por el momento se han encontrado restos de actividades humanas en forma de industria lítica, lo que atestigua la presencia de poblaciones humanas en la Sierra alrededor del millón de años. Las excavaciones de esta campaña permiten reafirmar esta presencia, así como afinar la cronología del depósito sedimentario y esclarecer el contexto ecológico en el que se movieron aquellas poblaciones. Entre los restos más destacables, aparte de la industria lítica, destacan multitud de astas de desmogue de diversos cérvidos y dos mandíbulas completas de jaguar europeo. En definitiva, este sitio parece poner de manifiesto una mayor continuidad entre las poblaciones humanas del Pleistoceno inferior de la sierra de Atapuerca, y por tanto, de toda Europa occidental.

Cueva del Mirador

En El Mirador se han superado los niveles correspondientes a la fase de uso sepulcral de la cueva (Calcolítico y Bronce inicial), y se ha iniciado la excavación de niveles relacionados con la utilización de la cavidad como cueva redil, pertenecientes al Neolítico final. Se están recuperando abundantes restos de cabras y ovejas, mayoritariamente de individuos inmaduros y juveniles, que se relacionan con ocupaciones llevadas a cabo durante el período de cría, así como cerámicas y utensilios líticos relacionados con actividades domésticas. Este registro permitirá profundizar en el conocimiento de las formas de gestión de los rebaños de ovicápridos durante la Prehistoria reciente.

Yacimientos de Cueva Mayor

En la campaña de este año se ha intervenido en tres yacimientos enclavados en el interior de la Cueva Mayor de la sierra de Atapuerca: El Portalón, la Galería de las Estatuas y la Sima de los Huesos.

Sima de los Huesos

En la Sima de los Huesos la campaña de excavación termina el día 28 de julio, por lo que aún quedan algunas jornadas que pueden deparar nuevos hallazgos. Hasta la fecha se ha trabajado en la delimitación del contacto entre las unidades estratigráficas 6 y 7 en la zona central del yacimiento. De la correcta compresión de este contacto depende la estrategia de excavación que se seguirá en las próximas campañas. La unidad 6 contiene fósiles humanos y de carnívoros (mayoritariamente osos) y la 7 solo de carnívoros. El volumen de sedimento excavado de la unidad 6 es todavía limitado. No obstante, se han recuperado algunos fósiles humanos, que incluyen tres falanges, un extremo de tibia, otro de peroné y un tercero de húmero, parte de una clavícula y algunos fragmentos de costillas y de cráneo. Aún es pronto para saber si estos restos humanos completarán individuos recuperados en campañas anteriores. Los resultados obtenidos auguran futuros hallazgos de fósiles humanos en los años venideros.

Galería de las Estatuas

El yacimiento se encuentra ubicado al final de la denominada Galería de las Estatuas, a unos 350 metros de la actual entrada de la Cueva Mayor. Aquí se está interviniendo en sedimentos del Pleistoceno Superior que registran ocupaciones de neandertales, siendo el único yacimiento de esta época conocido en las cuevas de la sierra de Atapuerca. En la campaña de este año se ha profundizado en las dos áreas de excavación y se han recuperado restos de fauna y piezas de industria musteriense, la propia de los Neandertales. Los restos de fauna incluyen équidos y restos de lepórido consumidos por los Neandertales. La cronología de los niveles superiores se sitúa en torno a los 48.000-52.000 años, y los estudios del polen indican que se produjo un cambio de paisaje, pasando de ser un ambiente abierto de tipo estepa a bosque abierto.

El Portalón de Cueva Mayor

Se continúa con la excavación de los niveles Neolíticos y Romanos en los dos sectores activos. En el caso de los niveles neolíticos se trata de un área con diversas estancias de hábitat con una cronología aproximada de 6.000 años de antigüedad. Este nivel se caracteriza por la presencia de estructuras habitacionales (suelos preparados, hogares, muretes de piedras, etc.) de gran calidad, sobre los que se han encontrado materiales líticos, restos óseos de fauna y cerámicos típicos de este período.

Este año, aunque los restos de cultura material no son todavía muy abundantes, la fauna sí lo es y se han descubierto numerosos restos muy fragmentados de caballo y toro salvaje, probablemente animales cazados y que fueron procesados y consumidos en el yacimiento.

Respecto a los niveles romanos, éstos incluyen abundantes hogares y algunos restos cerámicos, de fauna y metálicos, seguramente relacionados con distintos tipos de armas, que apuntan a un uso episódico de la cavidad.

Asentamiento al aire libre. Fuente Mudarra

Durante esta campaña se ha continuado excavando el nivel 4 de este asentamiento al aire libre situado en el valle del río Pico. Se ha terminado este nivel muy rico en herramientas de piedra fabricadas por los neandertales. Fuente Mudarra se localiza en un paraje ligeramente elevado desde el que se controla todo este valle y en el que los grupos neandertales realizan diferentes actividades de su vida cotidiana. En este emplazamiento, los grupos de cazadores recolectores están rodeados de fuentes, materia prima para realizar sus herramientas, animales, vegetales y leña, lo que hace que el lugar sea idóneo para abastecerse de los recursos necesarios. Por debajo del Nivel 4 se ha encontrado otro nivel en el que se está trabajando y en donde ya se han recuperado cientos de piezas de sílex con las que descuartizan y tratan las pieles de diferentes animales.

Laboratorio de lavado de sedimentos de la Trinchera en el río Arlanzón

Los trabajos de lavado y triado de los sedimentos de las excavaciones de la Trinchera han permitido, como en campañas anteriores, conocer mejor la microfauna de estos yacimientos.

Hay que destacar, como en campañas anteriores, el entusiasmo que anima el trabajo del llamado ‘equipo del río’. Estudiantes y especialistas de todas las edades y procedencias colaboran en el lavado de los sedimentos de los yacimientos de Atapuerca, para recuperar la microfauna fósil. Pero además, como desde hace años, colabora la Fundación Aspanias y un grupo de vecinos de Ibeas de Juarros. En el “laboratorio del Arlanzón” se han desplegado un año más paciencia, pasión y entusiasmo para conocer la vida de los pequeños animales que vivieron en Atapuerca. El equipo de microfauna busca saber cómo vivieron estos animales del pasado, y cómo eran sus paisajes. La extinción y aparición de nuevas especies es una forma muy eficaz de medir el tiempo. Los animales pequeños (mamíferos, anfibios, reptiles, aves, peces) evolucionan muy rápidamente, por lo que son especialmente útiles para saber la edad de las unidades estratigráficas en las que aparecen. Los pequeños animales cuyos restos se encuentran allí están adaptados a ambientes muy concretos, como por ejemplo el castor y los anfibios al agua, los lirones al bosque, los topillos a los prados o los hamsters a las estepas. Por eso ayudan a detectar las variaciones climáticas y ambientales de la Tierra a lo largo de su historia, en este caso en la sierra de Atapuerca en el último millón y medio de años.

Prospecciones geofísicas

La campaña de prospecciones geofísicas se ha centrado en el sector de Torcas, con el fin de conocer la morfología de las cavidades de Trinchera del Ferrocarril, con especial detalle de los yacimientos Gran Dolina, Galería y Elefante.

En la Trinchera del Ferrocarril se han realizado prospecciones mediante georradar (GPR) que han permitido conocer la morfología y la base de las cavidades de Gran Dolina y Galería, así como determinar la potencia de sus secuencias sedimentarias, confirmadas con la realización de sondeos mecánicos. Los testigos obtenidos en estos sondeos serán analizados para determinar su magnetismo remanente, obtener dataciones y examinar existencia de rellenos fosilíferos.

Las prospecciones mediante la técnica de tomografía de resistividad eléctrica (TRE) se han desarrollado en el término de Torcas, con el objetivo de investigar el desarrollo de las cavidades del yacimiento de la Sima del Elefante y los conductos de Cueva Mayor y Cueva Peluda. Estas prospecciones han permitido conocer la presencia de nuevas cavidades, así como determinar el desarrollo y la posición de las antiguas entradas hacia la Galería de las Estatuas o Cueva.

Un conjunto de sondeos mecánicos se ha realizado en los lugares señalados por los análisis de GPR y TRE de la campaña de 2015 en la ladera de Torcas, confirmando la presencia del conducto de Dolina y Galería, con una sección de unos 9m, o la presencia de una nueva cavidad en cotas del primer piso.

Estos trabajos representan una nueva forma de investigar el karst y su potencial arqueo-paleontólogico, que está permitiendo planificar los futuros trabajos de excavación.


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El grabado de un pájaro descubierto en un yacimiento francés contribuye a conocer el origen del arte figurativo

En el equipo científico que ha realizado el hallazgo ha participado el arqueólogo Joseba Rios Garaizar, del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH)

CENIEH/DICYT El arqueólogo Joseba Rios Garaizar, del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), junto a un equipo de científicos hispano-francés liderado por Iluminada Ortega del Institut National des Recherches en Archéologie Préventives (Inrap), acaba de publicar en la revista Journal of Archaeological Science Reports el descubrimiento de una obra de arte auriñaciense en un taller de sílex situado en el yacimiento francés al aire libre de Cantalouette II en Dordoña, representando el grabado de un pájaro de unos 35.000 años de antigüedad, que contribuye a mejorar nuestros conocimientos sobre el origen del arte figurativo.

Este grabado, probablemente único en el periodo Auriñaciense, es excepcional por el contexto particular del hallazgo, por su grado de naturalismo, por la utilización de procedimientos técnicos innovadores y por la elección del tema poco común, un pájaro, que es un animal raramente representado, y cuya postura sugiere que está bebiendo, haciendo la corte o apunto de levantar el vuelo.

“Gracias a los análisis microscópicos y 3D llevados a cabo en los laboratorios del CENIEH pudimos averiguar que para su ejecución se ha utilizado una técnica llamada de relieve abatido o hundido que se ha empleado muy poco en el arte Paleolítico”, explica Joseba Rios Garaizar.

Grabado de un pájaro

Con un útil de piedra se grabó sobre la superficie cortical de una lasca de sílex un pico corto, fino y puntiagudo, un ojo de pequeño tamaño y una posible línea ciliar, además del pecho representado con un trazo casi rectilíneo. Las alas aparecen enteramente desplegadas según una perspectiva plana con trazos paralelos que representan el plumaje. Por último, un pequeño trazado subraya las patas o la cola.

Un arte efímero

Esta obra es muy singular dentro del periodo auriñaciense, en el que aparecen las primeras manifestaciones artísticas en Europa occidental, y difiere de otras expresiones artísticas contemporáneas, como por ejemplo las de la cueva Chauvet (Francia), en que no fue hecho para perdurar.

A partir de este descubrimiento puede decirse que las manifestaciones artísticas y simbólicas auriñacienses no están, en consecuencia, exclusivamente vinculadas al fortalecimiento de las redes sociales o a las creencias, sino también a las expresiones creativas efímeras incluso lúdicas.


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Los homínidos de la Sima de los Huesos pertenecen al linaje evolutivo neandertal

La revista ‘Nature’ publicó el pasado día 14 los resultados de un estudio que relaciona a los habitantes de la Sima de los Huesos con los neandertales

JCYL/DICYT En un estudio de 2014 se publicó en la revista Nature el genoma mitocondrial casi completo de un fémur de la Sima de los Huesos, un éxito increíble que no se había conseguido nunca en fósiles humanos tan antiguos. La secuencia obtenida indicaba que el individuo estaba relacionado evolutivamente con los denisovanos, una población extinguida que vivió en Siberia, y no con los neandertales.

Sima de los huesos

Este resultado sorprendió mucho a los investigadores, que publicaron ese mismo año en la revista Science un amplio estudio paleontológico que mostraba una relación evolutiva de la Sima de los Huesos con los neandertales, que serían sus descendientes. El ADN mitocondrial proporciona una información parcial, porque se transmite solo por línea materna, a diferencia del ADN nuclear, que se hereda por ambas líneas.

Desde entonces, se ha estado buscando ADN nuclear de la Sima de los Huesos en el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig. Se trataba de una misión casi imposible dada la extrema degradación del ADN a causa de su antigüedad. Finalmente, la revista Nature publica hoy nuevos hallazgos. Un segundo fémur confirma los resultados del ADN mitocondrial del primero pero además proporciona ADN nuclear que lo relaciona con los neandertales. Y un diente (incisivo) aporta ADN nuclear del mismo tipo que el fémur.

Juan Luis Arsuaga, segundo autor del trabajo y director científico del Museo de la Evolución Humana de Burgos comenta: “Hemos esperado muchos años hasta que las técnicas paleogenéticas han avanzado lo suficiente como para que se produzca este pequeño milagro. Excavamos con el máximo cuidado y enorme lentitud para no contaminar los fósiles con nuestro propio ADN. Es un método muy exigente pero merece la pena”.

Matthias Meyer, primer autor y líder de la investigación señala: “La Sima de los Huesos es el único yacimiento fuera del permafrost (suelo helado ártico) que permite recuperar ADN del Pleistoceno Medio (periodo que termina hace unos 125.000 años).” Svante Pääbo, director del laboratorio de ADN antiguo del Max Planck de Leipzig añade: “Este resultado indica que la separación entre neandertales y denisovanos es anterior a los 430.000 años que tienen los fósiles de la Sima, y también sugiere que la separación de la línea que conduce al Homo sapiens de las otras líneas -las de los humanos “arcaicos” (Sima de los Huesos, Denisova, neandertales)- se pudo haber producido entre hace 550.000 años y 800.000 años”.

Con este intervalo estimado para la divergencia entre humanos modernos y neandertales, los fósiles de la Gran Dolina en la misma sierra de Atapuerca (Homo antecessor), datados entre 800.000 años y un millón de años, se confirman como los mejores candidatos para ocupar la posición clave del último antepasado común de unos y de otros.

Referencia bibliográfica
 Matthias Meyer, Juan-Luis Arsuaga, Cesare de Filippo, Sarah Nagel, Ayinuer Aximu-Petri, Birgit Nickel, Ignacio Martínez, Ana Gracia, José María Bermúdez de Castro, Eudald Carbonell, Bence Viola, Janet Kelso, Kay Prüfer and Svante Pääbo. “Nuclear DNA sequences from the Middle Pleistocene Sima de los Huesos hominins”. Nature, 14 March 2016, DOI: 10.1038/nature17405

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Las tortugas eran un alimento complementario en la dieta humana hace 400.000 años

El CENIEH lidera un estudio publicado en la revista ‘Quaternary Science Reviews’ sobre el descubrimiento de marcas de procesamiento humano sobre restos de caparazón y huesos de tortuga en el yacimiento israelí de la Cueva de Qesem

CENIEH/DICYT A la brasa, hervidas o salteadas, el consumo de tortugas se ha asociado siempre a las exóticas culturas del Lejano Oriente, donde la sopa de tortuga se considera una delicatesen. También se suele vincular a las aventuras de los marineros del siglo XVI y XVII, o incluso a las tribus del Brasil central, como los Kayapó. Sin embargo, su consumo se remonta a cronologías muy antiguas, según evidencia el artículo que se acaba de publicar en la prestigiosa revista Quaternary Science Reviews por un equipo internacional liderado por la Dra. Ruth Blasco, del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), que recoge los descubrimientos efectuados en el yacimiento israelí de la Cueva de Qesem, muy cerca de Tel Aviv, según el cual los grupos humanos de hace 400.000 años incorporaron las tortugas como parte complementaria en sus dietas.

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El equipo de investigación, del que forman parte los directores del proyecto de excavación de Qesem, Ran Barkai y Avi Gopher, del Departamento de Arqueología de la Universidad de Tel Aviv (TAU), encontró fragmentos de caparazón y huesos de las extremidades de tortuga con marcas de corte, fracturación intencional y signos de cremación en varios niveles de la secuencia estratigráfica, lo que indica que estos reptiles no fueron consumidos una sola vez, sino que su explotación se produjo en más de un episodio durante los 200.000 años de formación sedimentaria del yacimiento.

Las marcas de carnicería y especialmente los patrones de cremación diferencial en el caparazón apuntan a que la mayoría de las tortugas fueron asadas dentro de su propio caparazón, directamente sobre las brasas, para después ser fracturadas y descarnadas con la ayuda de herramientas de sílex. “Este descubrimiento añade una nueva dimensión al conocimiento del comportamiento de los grupos humanos del Levante, con los patrones de cocina como un aspecto cultural mucho más arraigado de lo que conocíamos hasta la actualidad”, comenta Ruth Blasco.

Gran espectro de recursos

Además este descubrimiento representa una prueba directa del amplio espectro de recursos que los grupos humanos del Oriente Próximo utilizaban en el Pleistoceno Medio, a la vez que denota la elevada capacidad de estos homínidos para adaptarse al medio y a las posibilidades que les ofrecía.

Los habitantes de Qesem cazaban sobre todo ungulados, como gamos, ciervos, caballos y grandes bóvidos, los cuales concentrarían la parte principal de su menú diario. No obstante, también se incluían puntualmente algunos pequeños animales como alimento complementario en sus dietas, hecho de suma importancia, ya que hasta hace poco los humanos anatómicamente modernos parecían ser los únicos en haber ampliado su dieta con animales de talla muy pequeña, como conejos, tortugas o pájaros, además de vegetales.

En este sentido, el profesor Barkai explica que a partir de los análisis de cálculos dentales en algunos restos humanos encontrados en el yacimiento, “sabíamos que los habitantes de Qesem también consumían vegetales, y ahora podemos decir que también comían tortugas, las cuales fueron recogidas, procesadas y asadas, a pesar de que no proporcionan tantas calorías como otros animales de mayor tamaño, como por ejemplo el gamo”.

En este artículo titulado “Tortoises as a dietary supplement: A view from the Middle Pleistocene site of Qesem Cave, Israel” también han participado Jordi Rosell y Pablo Sañudo de la Universitat Rovira i Virgili y el IPHES (Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social) de Tarragona, Krister T. Smith y Lutz Christian Maul del Senckenberg Research Institute y del Natural History Museum de Alemania.

“Ahora estamos examinando los huesos de aves recuperados recientemente en este yacimiento en busca de evidencias tafonómicas que indiquen qué agente o proceso los ha depositado en la cueva”, concluye Blasco.


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Hallan fósiles de un camélido gigante en Miramar

El Museo Municipal Punta Hermengo de la ciudad bonaerense dio a conocer el hallazgo y rescate de restos fósiles de un guanaco prehistórico extinto de gran tamaño, que vivió durante el Pleistoceno, hace 100 mil años

MUSEO DE MIRAMAR/DICYT El hallazgo fue realizado por la familia López de Mar del Plata, que regularmente visita la localidad de Centinela del Mar (cerca de Miramar) y protagonista de otros hallazgos anteriores. Luego de un paseo tuvieron curiosidad por unos huesos que se asomaban en el acantilado por lo que informaron al Museo de Miramar, que realizó la extracción de los mismos. Una vez en la institución citada se pudo establecer que se trataba de varias partes del esqueleto de un Hemiauchenia, un gran camélido, pariente de los actuales Guanacos pero más alto que el moderno camello africano, con unos dos metros y medio de alto, y un peso de casi una tonelada.

Fósil de camélido gigante
Hace unos 100.000 años, los guanacos no estaban restringidos a la región andino-patagónica, sino que eran abundantes en las praderas bonaerenses. Los camélidos (guanacos, vicuñas y otros extinguidos como el hallado) son de origen norteamericano y llegaron a Sudamérica luego que se juntaran las dos Américas hace unos 2,5 millones de años. Hasta hace unos 8000 años, estos gigantes convivían con sus actuales parientes pero, se cree que la caza que les dieron los primeros seres humanos que llegaron a estas tierras, terminaron por extinguirlos.

Además de los restos óseos, se ha podido observar marcas que corresponden a “rizolitos”, moldes de las raíces generadas por las bacterias y otros organismos del suelo que se acumularon en sus paredes, facilitando la preservación en el antiguo suelo arenoso de esa zona.
De esta manera y gracias al aporte de los aficionados, el Museo local acrecienta y conserva los restos de la antigua e interesante fauna prehistórica que habitó nuestras pampas hace miles de años.

El material se encuentra en proceso de laboratorio, señalo Daniel Boh, titular de la institución, siendo preparados para su posterior estudio, clasificación y exhibición por el técnico Mariano Magnussen Saffer, ya que son los primeros restos articulados y de un mismo individuo para el museo miramarense.

El publico se puede acercar a diario a conocer el Museo de Miramar, ubicado en el centro del Bosque Vivero “Florentino Ameghino”, donde podrá observar la exhibición paleontológica regional, constituida por restos fósiles de mamíferos gigantes y pequeños ya extintos, recuperados en esta región y que vivieron en los últimos 4 millones de años, además de restos de ballenas, lobos, elefantes y tortugas marinas, invertebrados, la presencia del hombre prehistórico y pueblos originarios, historia local entre otros.


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La cara ha evolucionado en paralelo al cerebro del género homo

Un estudio del CSIC analiza la relación entre la base del cráneo y el esqueleto facial en el género ‘Homo’

CSIC/DICYT La evolución la cara humana está estrechamente vinculada con la evolución del cerebro y esta relación es mucho más compleja de lo que se pensaba hasta ahora. Esta es una de las principales conclusiones a las que ha llegado un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) que ha analizado la relación entre la base del cráneo y el rostro en todo el género Homo (ergaster, heidelbergensis, sapiens, neandertales). Los resultados han sido publicados en la revista Journal of Human Evolution.

Evolución de la cara humana

“Una de las regiones corporales que más ha cambiado en el último millón de años de nuestra evolución ha sido el esqueleto de la cara. En nuestro estudio hemos visto que los cambios acaecidos en el rostro están asociados con la evolución de un cerebro de gran tamaño, que en el caso humano alcanza una media de 1.350 centímetros cúbicos y en los neandertales estuvo cerca de los 1.500”, explica el investigador del CSIC Antonio Rosas, del Museo Nacional de Ciencias Naturales.

Este trabajo, realizado mediante morfometría 3D combinada con otras técnicas de visualización, ha permitido dividir según factores las pautas de evolución conjunta de la cara y la base del cráneo. “Los resultados desvelan que la clave de esta compleja relación evolutiva podría estar en la acción combinada de diferentes agentes biológicos”, añade el investigador del CSIC Markus Bastir, también del Museo Nacional de Ciencias Naturales.

Tamaño de la cavidad nasal

Los investigadores han observado que el volumen de la cavidad nasal, que ocupa la parte central de la cara, está relacionada con el tamaño del cuerpo, de tal modo de a mayor tamaño corporal, mayor será la cavidad nasal. Por ello, las variaciones evolutivas en el tamaño corporal de cada una de las tres especies humanas estudiadas se han visto reflejadas en el tamaño y forma del rostro. “La relación es directa: un cuerpo grande necesita un intenso intercambio de gases (entrada de oxígeno y salida de dióxido de carbono), que tiene lugar a través de las vías respiratorias. Estas tendrán que ser más amplias a medida que aumenta el tamaño, o más pequeñas si el tamaño decrece”, comenta Bastir.

No obstante, apunta el estudio, el aumento de la cavidad nasal, necesaria para mantener un cuerpo grande, ejerce un empuje hacia arriba de la base del cráneo, modificando tanto su estructura como la del resto del cráneo. Ese empuje se ve contrarrestado a su vez por la presión que ejerce el cerebro hacia abajo. “Ambas fuerzas se combinan en diferentes etapas evolutivas de cada especie, lo que, junto con otros factores, hace que las especies del género Homo (sapiens, ergaster, neandertales, heidelbergensis) tengan configuraciones faciales diferentes”, concluye Rosas.

Referencia bibliográfica
Bastir, M., Rosas, A. Cranial base topology and basic trends in the facial evolution of Homo. Journal of Human Evolution (2015). DOI: 10.1016/j.jhevol.2015.11.001

Fuente: DICYT
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Un estudio explica cómo se ha producido la evolución humana de la cara

Los investigadores concluyen que el patrón histológico que se observa en el Homo sapiens es único en la evolución humana. El modelo de crecimiento de otras especies sigue, en cambio, un patrón primitivo

MEH/DICYT En un artículo publicado en la revista ‘Nature Communications’, un equipo internacional de paleoantropólogos con amplia participación española ha estudiado la evolución del esqueleto de la cara humana en los últimos dos millones de años.

El método utilizado en este trabajo es laborioso y consiste en examinar con el microscopio electrónico y confocal la superficie de los huesos de la cara de individuos en proceso de desarrollo, para distinguir así las áreas en las que se está depositando hueso de otras en las que se está reabsorbiendo el hueso. Durante el desarrollo facial, los huesos de la cara crecen principalmente en las áreas donde se produce depósito de hueso.

En zonas donde predomina reabsorción, el crecimiento es mucho más limitado. Esa diferencia en la dinámica de estos procesos hace que la cara humana moderna tenga relieve, que esté “esculpida”, con pómulos salientes, por ejemplo, y que sea vertical en vez de proyectarse hacia adelante en un morro. En los grandes simios, en cambio, solo hay deposición de hueso, y por eso toda la cara avanza durante el crecimiento.

Evolución humana de la cara

Los investigadores de este estudio concluyen que el patrón histológico que se observa en el Homo sapiens, con amplias áreas de reabsorción ósea en la superficie facial, es único en la evolución humana. El modelo de crecimiento de la cara del Homo erectus, de los neandertales y de los fósiles de la Sima de los Huesos en la Sierra de Atapuerca sigue, en cambio, un patrón primitivo, en el que el prácticamente solo hay depósito de hueso en la cara y la reabsorción no existe o es mínima.

Únicamente en el caso de Homo antecessor de la Gran Dolina, en la Sierra de Atapuerca, el modelo de crecimiento podría parecerse al moderno, pero de momento solo hay un individuo, bastante incompleto, en el que pueda estudiarse, parcialmente, la histología de la superficie de la cara.

El primer autor del trabajo es Rodrigo Lacruz, un español profesor en la Universidad de Nueva York, que comenta: “Este estudio muestra que fósiles neandertales descubiertos hace 90 años todavía nos permiten avanzar aspectos nuevos sobre la evolución humana. Nuestros resultados revelan que los patrones de crecimiento facial en neandertales y humanos de la Sima de los Huesos de Atapuerca son diferentes del humano y explican por qué estas especies fósiles son tan distintas del hombre actual”.

Juan Luis Arsuaga, uno de los participantes principales en el estudio y director científico del Museo de la Evolución Humana de Burgos dice al respecto: “Se trata de un descubrimiento muy relevante porque confirma que la especie humana actual presenta muchas originalidades, rasgos únicos que no se encuentran en los neandertales y las demás especies humanas que han existido. Una de ellas es cómo se desarrolla la cara y cuál es el resultado final. La expresión popular que dice que “la cara es el espejo del alma” también se aplica a la evolución humana”.


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Los fósiles de un rumiante extinto arrojan luz sobre la evolución de las jirafas

Un trabajo de investigadores del CSIC concluye que los paleomerícidos y las jirafas comparten un ancestro común

CSIC/DICYT Los paleomerícidos (en griego “rumiante antiguo”) son unos enigmáticos ungulados que vivieron durante el Mioceno, hace entre aproximadamente 17 y 11 millones de años. Fueron animales exclusivamente euroasiáticos que se extendían desde la Península Ibérica hasta lo que hoy es China. Se podrían describir como una especie de mezcla entre ciervos y jirafas.

Antecesores de las jirafasUn equipo integrado principalmente por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha estudiado un conjunto de fósiles de un paleoméricido procedente del yacimiento mioceno de La Retama, en Cuenca (con unos 16 millones de años de antigüedad). Los extraordinarios restos de este rumiante, bautizado como Xenokeryx amidalae (“cuerno extraño de Amidala”) por su parecido con el peinado de Amidala en la saga Star Wars, han permitido determinar que el linaje de los paleomerícidos es hermano del de las jirafas. Los resultados aparecen publicados en el último número de la revista PLOS ONE.

“Nuestros resultados señalan que ambos grupos de rumiantes comparten un ancestro común que no lo es de ningún otro rumiante. Ambas líneas evolutivas, que juntas forman un gran grupo al que hemos llamado Giraffomorpha (los rumiantes con aspecto de jirafa), se separaron hace mucho tiempo, hace unos 27 millones de años. Xenokeryx no sólo nos ha permitido saber más acerca del grupo de rumiantes al que pertenece, los paleomerícidos, sino que además nos ha proporcionado datos de gran importancia acerca del origen y la historia temprana de la línea evolutiva de una de las familias de rumiantes más extrañas de la actualidad: las jirafas”, destaca Israel Sánchez, colaborador del Museo Nacional de Ciencias Naturales del CSIC.

Los machos de los paleomerícidos tenían grandes colmillos y un par de osiconos, un tipo especial de cuerno o apéndice craneal cubierto de pelo, sobre los ojos, igual que las jirafas actuales. Lo más extraño de su anatomía era una estructura ósea bifurcada que les sobresalía de la parte posterior del cráneo a modo de peineta. La función de este apéndice occipital sigue siendo un misterio para los paleontólogos.

“A lo largo de los últimos años ha existido una tendencia a pensar que sus parientes más cercanos eran los dromomerícidos norteamericanos, los otros rumiantes con moño. Un problema añadido a la complicada anatomía de los paleomerícidos es que su registro fósil es escaso y bastante fragmentario. Sus fósiles suelen aparecer en los yacimientos, pero es raro que sean abundantes”, explica el investigador del CSIC.

Para analizar los datos anatómicos de Xenokeryx y comprobar cuál de las hipótesis evolutivas propuestas hasta ahora era la más acertada, los científicos han utilizado un análisis que compara la morfología de Xenokeryx y otros paleomerícidos con la de todos los grupos de rumiantes conocidos. Además han añadido información de secuencias de ADN de los grupos actuales al modelo, así como información temporal.

Juan López Cantalapiedra, investigador en el Museo de Historia Natural de Berlín, destaca: “Con toda esta información se ha podido por fin descifrar el misterio de los paleomerícidos y colocarlos en el lugar que les corresponde en el árbol de la vida. Xenokeryx amidalae, al igual que muchos otros descubrimientos paleontológicos, ejemplifica una de las cosas más fascinantes y excitantes de la paleontología: el hecho de que un nuevo fósil sea capaz de cambiar de forma significativa nuestras ideas sobre la evolución de linajes enteros y que de la noche a la mañana pueda dar solución a preguntas de las que no se conocía con certeza su respuesta”.

El trabajo propone que los apéndices craneales de los rumiantes aparecieron mucho antes del registro más antiguo. Otra novedad es que el pariente más cercano de los paleomerícidos, que sólo vivieron en Eurasia, es un rumiante africano llamado Propalaeoryx. “Por tanto, la relación histórica de los jirafomorfos con África es profunda y compleja, además de antigua”, concluye López Cantalapiedra.

Referencia bibliográfica
Israel M. Sánchez, Juan L. Cantalapiedra, María Ríos, Victoria Quiralte, Jorge Morales. Systematics and Evolution of the Miocene Three-Horned Palaeomerycid Ruminants (Mammalia, Cetartiodactyla). PLOS ONE. DOI: 10.1371/journal.pone.0143034

Fuente: DICYT
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