5.1 Virus:
Los virus son entidades no celulares de muy pequeño tamaño (normalmente inferior al del más pequeño procariota),
por lo que debe de recurrirse al microscopio electrónico para su visualización. Son agentes infectivos de
naturaleza obligadamente parasitaria intracelular, que necesitan su incorporación al protoplasma vivo para
que su material genético sea replicado por medio de su asociación más o menos completa con las actividades
celulares normales, y que pueden transmitirse de una célula a otra. Cada tipo de virus consta de una sola
clase de ácido nucleico (ADN o ARN, nunca ambos), con capacidad para codificar varias proteínas, algunas de
las cuales pueden tener funciones enzimáticas, mientras que otras son estructurales, disponiéndose éstas en
cada partícula virásica (virión) alrededor del material genético formando una estructura regular (cápsida);
en algunos virus existe, además, una envuelta externa de tipo membranoso, derivada en parte de la célula en
la que se desarrolló el virión (bicapa lipídica procedente de membranas celulares) y en parte de origen
virásico (proteínas).
REPLICACION:
Ciclos lítico y lisogénico de un bacteriófago
Todos los bacteriófagos (virus que parasitan bacterias) tienen un ciclo lítico, o infeccioso, en el que el virus,
incapaz de replicarse por sí mismo, inyecta su material genético dentro de una bacteria. Utilizando las enzimas y
los mecanismos de síntesis de proteínas del huésped, el virus puede reproducirse y volverse a encapsular, fabricando
unas 100 nuevas copias antes de que la bacteria se destruya y estalle. Algunos bacteriófagos, sin embargo, se
comportan de diferente forma cuando infectan a una bacteria. El material genético que inyectan se integra dentro
del ADN del huésped; se replica de manera pasiva con éste, y lo hereda la progenie bacteriana. En una de cada 100.000
de estas células lisogénicas, el ADN viral se activa de forma espontánea y comienza un nuevo ciclo lítico.
Los virus, al carecer de las enzimas y precursores metabólicos necesarios para su propia replicación, tienen que
obtenerlos de la célula huésped que infectan. La replicación viral es un proceso que incluye varias síntesis separadas
y el ensamblaje posterior de todos los componentes, para dar origen a nuevas partículas infecciosas. La replicación
se inicia cuando el virus entra en la célula: las enzimas celulares eliminan la cubierta y el ADN o ARN viral se pone
en contacto con los ribosomas, dirigiendo la síntesis de proteínas. El ácido nucleico del virus se autoduplica y,
una vez que se sintetizan las subunidades proteicas que constituyen la cápsida, los componentes se ensamblan dando
lugar a nuevos virus. Una única partícula viral puede originar una progenie de miles. Determinados virus se liberan
destruyendo la célula infectada, y otros, sin embargo, salen de la célula sin destruirla por un proceso de exocitosis
que aprovecha las propias membranas celulares. En algunos casos las infecciones son "silenciosas", es decir, los virus
se replican en el interior de la célula sin causar daño evidente.
Clases:
Pueden clasificarse en tres grandes grupos, atendiendo al tipo de organismos que afectan: fitófagos, cuando atacan
a las plantas, las que determinan multitud de enfermedades: soófagos, cuando atacan a los animales, distinguiéndose
entre estos los dermatropos, que afectan a la piel (viruela, herpes, sarampión), neurotropos, que afectan a las vías
respiratorias (gripe, neumonitis), viscerotropos, que atacan a diversas vísceras (hepatitis víricas, etc.), etc. y
los bacteriófagos, cuando atacan a los cultivos bacterianos, esta última categoría reviste gran interés, ya que ha
permitido llevar a cabo una serie de experimentos que han conducido a dilucidar algunas de las muchas incógnitas en
el campo de la genética molecular.
5.2 Bacterias:
Anatomía de una bacteria sencilla
Una bacteria simplificada está formada por tres capas externas que envuelven las estructuras internas; la capa
pegajosa protege la pared celular rígida, que a su vez cubre la membrana celular semipermeable. El flagelo es
un medio de locomoción y los pelos que se extienden por fuera de la cápsula ayudan a la bacteria a sujetarse a
las superficies. El material genético está contenido en el ADN que forma el nucleoide. Los ribosomas que flotan
en el citoplasma intervienen en la síntesis de proteínas.
El material genético de la célula bacteriana está formado por una hebra doble de ADN circular (véase Ácidos nucleicos).
Muchas bacterias poseen también pequeñas moléculas de ADN circulares llamados plásmidos, que llevan información genética,
pero, la mayoría de las veces, no resultan esenciales en la reproducción. Muchos de estos plásmidos pueden transferirse
de una bacteria a otra mediante un mecanismo de intercambio genético denominado conjugación. Otros mecanismos por los
cuales la bacteria puede intercambiar información genética son la transducción, en la que se transfiere ADN por virus
bacterianos (véase Bacteriófago), y la transformación, en la que el ADN pasa al interior de la célula bacteriana
directamente desde el medio.
Las células bacterianas se dividen por fisión; el material genético se duplica y la
bacteria se alarga, se estrecha por la mitad y tiene lugar la división completa formándose dos células hijas idénticas
a la célula madre. Así, al igual que ocurre en los organismos superiores, una especie de bacteria origina al reproducirse
sólo células de la misma especie. Algunas bacterias se dividen cada cierto tiempo (entre 20 y 40 minutos). En condiciones
favorables, si se dividen una vez cada 30 minutos, transcurridas 15 horas, una sola célula habrá dado lugar a unos mil
millones de descendientes. Estas agrupaciones, llamadas colonias, son observables a simple vista. En condiciones adversas,
algunas bacterias pueden formar esporas, que son formas en estado latente de la célula que permiten a ésta resistir las
condiciones extremas de temperatura y humedad.
Clasificación:
La clasificación taxonómica más utilizada divide a las bacterias en cuatro grandes grupos según las características
de la pared celular. La división Gracilicutes incluye a las bacterias con pared celular delgada del tipo Gram negativas;
las bacterias de la división Firmicutes tienen paredes celulares gruesas del tipo Gram positivas; las de la Tenericutes
carecen de pared celular y las de la cuarta división Mendosicutes tienen paredes celulares poco comunes, formadas por
materiales distintos a los típicos peptidoglucanos bacterianos. Entre las Mendosicutes se encuentran las Arquebacterias,
un grupo de organismos poco comunes, que incluyen a las bacterias metanogénicas, anaerobias estrictas, que producen
metano a partir de dióxido de carbono e hidrógeno; las halobacterias, que necesitan para su crecimiento concentraciones
elevadas de sal, y las termoacidófilas, que necesitan azufre y son muy termófilas. Se ha discutido sobre la conveniencia
de que las Arquebacterias se incluyeran en un reino aparte, ya que estudios bioquímicos recientes han mostrado que son
tan diferentes de las otras bacterias como de los organismos eucariotas (con núcleo diferenciado englobado en una membrana).
Estos cuatro grandes grupos de bacterias se subdividen además en unas 30 secciones numeradas, alguna de las cuales se
dividen a su vez en órdenes, familias y géneros.
5.3 Hongos:
Estructura:
La mayoría de los hongos están constituidos por finas fibras que contienen protoplasma, llamadas hifas. Éstas a menudo
están divididas por tabiques llamados septos. En cada hifa hay uno o dos núcleos y el protoplasma se mueve a través de
un diminuto poro que ostenta el centro de cada septo. No obstante, hay un filo de hongos, que se asemejan a algas, cuyas
hifas generalmente no tienen septos y los numerosos núcleos están esparcidos por todo el protoplasma. Las hifas crecen
por alargamiento de las puntas y también por ramificación. La proliferación de hifas, resultante de este crecimiento,
se llama micelio. Cuando el micelio se desarrolla puede llegar a formar grandes cuerpos fructíferos, tales como las
setas y los pedos o cuescos de lobo. Otros tipos de enormes estructuras de hifas permiten a algunos hongos sobrevivir
en condiciones difíciles o ampliar sus fuentes nutricionales. Las fibras, a modo de cuerdas, del micelio de la armilaria
color de miel (Armillaria mellea), facilitan la propagación de esta especie de un árbol a otro. Ciertos hongos forman
masas de micelio resistentes, con forma más o menos esférica, llamadas esclerocios. Éstos pueden ser pequeños como
granos de arena, o grandes como melones.
Reproducción:
La mayoría de los hongos se reproducen por esporas, diminutas partículas de protoplasma rodeado de pared celular.
El champiñón silvestre puede formar doce mil millones de esporas en su cuerpo fructífero; así mismo, el pedo o
cuesco de lobo gigante puede producir varios billones.
Las esporas se forman de dos maneras. En el primer proceso, las esporas se originan después de la unión de dos o
más núcleos, lo que ocurre dentro de una o de varias células especializadas. Estas esporas, que tienen características
diferentes, heredadas de las distintas combinaciones de genes de sus progenitores, suelen germinar en el interior de
las hifas. Los cuatro tipos de esporas que se producen de esta manera (oosporas, zigosporas, ascosporas y basidiosporas)
definen los cuatro grupos principales de hongos. Las oosporas se forman por la unión de una célula macho y otra hembra;
las zigosporas se forman al combinarse dos células sexuales similares entre sí. Las ascosporas, que suelen disponerse
en grupos de ocho unidades, están contenidas en unas bolsas llamadas ascas. Las basidiosporas, por su parte, se reúnen
en conjuntos de cuatro unidades, dentro de unas estructuras con forma de maza llamadas basidios.
Clasificación:
A pesar de que en muchos textos se emplean sistemas de clasificación relativamente complicados, los micólogos
utilizan por lo común un sistema sencillo, que tiene la ventaja de ser cómodo de usar. Según este sistema, los
cuatro filos principales son: Oomicetes (Oomycota), Zigomicetes (Zygomycota), Ascomicetes (Ascomycota) y
Basidiomicetes (Basidiomycota) y sus respectivos individuos forman oosporas, zigosporas, ascosporas y basidiosporas.
Una gran variedad de especies se colocan, de forma arbitraria, en un quinto filo: Deuteromicetes (Deuteromycota),
también llamados hongos imperfectos. Se incluyen en este grupo aquellos hongos en los que sólo se conocen procesos
de multiplicación vegetativa. Sin embargo, la mayoría de esas especies están emparentadas con los ascomicetes.
5.4 Protozoos:
Los protozoos se incluyen en el reino Protistas, junto con otros organismos unicelulares cuyo núcleo celular
está rodeado de una membrana. Los protozoos no tienen estructuras internas especializadas a modo de órganos o,
si las tienen, están muy poco diferenciadas. Entre los protozoos se suelen admitir varios grupos: los flagelados
del grupo de los Zoomastiginos, con muchas especies que viven como parásitos de plantas y de animales; los
ameboides del grupo Sarcodinos, que incluyen a los Foraminíferos y Radiolarios, y que son componentes importantes
del plancton; los Cilióforos, que son ciliados, con diversos representantes que poseen estructuras especializadas
que recuerdan a la boca y al ano de los organismos superiores; los Cnidosporidios, parásitos de invertebrados, de
peces y de algunos reptiles y anfibios, y los Esporozoos, con diversas especies parásitas de animales y también de
seres humanos. Se conocen más de veinte mil especies de protozoos, que incluyen organismos tan conocidos como los
paramecios y las amebas.
Muchas especies viven en hábitats acuáticos como océanos, lagos, ríos y charcas. Su tamaño varía desde 2 hasta
70 micrómetros. Los protozoos se alimentan de bacterias, productos de desecho de otros organismos, algas y otros
protozoos. Muchas especies son capaces de moverse utilizando diversos mecanismos: flagelos, estructuras propulsoras
con forma de látigo; cilios de aspecto piloso, o por medio de un movimiento ameboide, un tipo de locomoción que
implica la formación de pseudópodos (extensiones a modo de pie).
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