La actividad de unos microbios limpiadores genera un calor excesivo para ellos
(NC&T) El hallazgo implica que ahora hay que replantearse el modo en que se diseñan los sistemas de tratamiento de aguas subterráneas.
Los investigadores estaban analizando cómo las temperaturas del subsuelo podrían servir como un indicador del proceso de degradación microbiano asociado a la técnica de inyectar aire en aguas subterráneas contaminadas para potenciar la reducción de los agentes contaminantes.
Los productos polucionantes son "alimento" para los microbios, y el oxígeno en el aire les ayuda a liberar la energía del alimento de modo que puedan usarla en su metabolismo y proliferar, consumiendo así más sustancias contaminantes y deteniendo la propagación de la polución.
Las observaciones en capas con gasóleo (diesel) mostraron temperaturas tan altas como 47 grados centígrados a 3,5 metros bajo tierra.
Esquema del proceso de descontaminación mediante microbios. (Foto: Willem van Aken)
Esto está cerca de la temperatura máxima, 52 grados centígrados, tolerada por la comunidad de los microorganismos que viven de forma natural en el subsuelo a esta profundidad, y dentro del rango de temperaturas en el que se suprime su crecimiento.
Añadir nutrientes al terreno también puede ayudar al crecimiento de la comunidad de microorganismos.
Sin embargo, las modelaciones mediante ordenador confirman que cualquier intento de aumentar más la degradación de las sustancias contaminantes mediante la adición de nutrientes tiene el riesgo de incrementar las temperaturas por encima del máximo tolerado para continuar con el crecimiento microbiano.
Colin Johnston, de la CSIRO, advierte que, a pesar de que al aumentar el flujo de aire se reducirían las temperaturas y se superarían estas limitaciones, se necesita alcanzar un equilibrio muy fino entre ambas cosas, ya que el aire inyectado puede generar vapores peligrosos que perjudiquen a los microorganismos y conduzcan a emanaciones gaseosas no deseadas.