Biología

El papel de la endogamia en el fin de la dinastía de los Habsburgo


(NC&T) Usando la información genealógica de Carlos II y tres mil de sus parientes y antepasados a través de 16 generaciones, los investigadores calcularon el coeficiente de endogamia para cada individuo. Este valor indica la probabilidad de que un sujeto reciba, en un locus determinado, dos genes idénticos debido a la ascendencia común de su padre y su madre. Los investigadores constataron que el coeficiente de endogamia se incrementó de manera considerable con el paso de las generaciones: Desde 0,025 en Felipe I, el fundador de la dinastía, a 0,254 en Carlos II, a medida que los reyes de la Casa de Habsburgo tendían a casarse cada vez con mayor frecuencia con mujeres estrechamente emparentadas con ellos, con el fin de preservar su linaje. Algunos miembros de la dinastía tuvieron coeficientes de endogamia mayores de 0,20, lo cual significa que en tales individuos más del 20 por ciento de su genoma debía ser homocigoto.

Los autores del estudio citan tres líneas de evidencia que apoyan la teoría de que la endogamia fue un factor decisivo en la extinción de la línea masculina de los Habsburgo al morir Carlos II.

En primer lugar, hubo un porcentaje muy alto de bodas entre parientes biológicos dentro de dicha dinastía: 9 de los 11 matrimonios en 200 años fueron de esa clase.

Los dos sujetos con el coeficiente más alto de endogamia fueron Carlos II y su abuelo Felipe III. Aunque ambos fueron los hijos de parejas formadas por tío y sobrina, los valores de sus coeficientes de endogamia fueron casi tan altos como los valores típicos de hijos de parejas formadas por hermano y hermana, o padre e hija, o madre e hijo. Los investigadores explican que esto se debe probablemente a la carga ya existente de endogamia acumulada durante las múltiples uniones entre antepasados de parentesco cercano, que se sumó al alto grado de parentesco entre los padres de Carlos II y los de Felipe III.

En segundo lugar, hubo una elevada tasa de mortalidad infantil en familias de la Casa de Habsburgo, con sólo la mitad de los niños de esta dinastía superando el año de vida durante la época estudiada, frente al 80 por ciento registrado en las localidades españolas de aquellos tiempos.

En tercer lugar, Carlos II sufrió muchas alteraciones y enfermedades diferentes, algunas de las cuales pudieron ser provocadas por la consanguinidad de sus padres. Según escritos de la época, era de estatura muy baja, constitución física débil y padeció problemas intestinales y hematuria esporádica. Los hijos de parejas en las que el hombre y la mujer tienen un parentesco cercano a menudo presentan una incidencia mayor de problemas de salud, aunque también influye el grado de endogamia previo que ya arrastre su linaje.




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