(NC&T) Los autores principales del estudio son el profesor de Biología Richard Bonneau (de la Universidad de Nueva York) y Nitin Baliga (del Instituto para la Biología de Sistemas en Seattle, Washington). En el estudio también colaboraron investigadores de la Universidad Vanderbilt, la de Maryland y la de Washington.
Los investigadores se concentraron en un organismo muy poco estudiado que puede sobrevivir en concentraciones salinas elevadas, sometido a la radiación, y bajo otras presiones que serían mortales para la mayoría de los demás organismos. Centrados en tal bacteria, los investigadores fueron capaces de demostrar que podían comprender y modelar el circuito controlador de la célula a partir de experimentos diseñados para medir todos los genes en el genoma de manera simultánea.
Este nuevo campo científico, la biología de sistemas, se ocupa de cómo los genes se influencian unos a otros a través de redes de interacción extremadamente grandes, y de cómo estas redes responden a los estímulos, adaptándose con el tiempo a los nuevos ambientes y estados celulares. Este campo científico ha florecido en los últimos diez años, impulsado por el éxito en el mapeo de sistemas genómicos.
El nuevo estudio va más allá de otras investigaciones previas, y modela con gran precisión cómo la bacteria Halobacterium, un importante organismo en ambientes muy salados, como el Mar Muerto o el Gran Lago Salado de Utah, ha funcionado y ha respondido a las condiciones medioambientales cambiantes. Los investigadores, por primera vez, han logrado predecir cómo varios miles de genes (alrededor del 80 por ciento del genoma total) respondían a los estímulos con el paso del tiempo, reordenando dinámicamente las características celulares para poder enfrentarse a las presiones medioambientales.