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Espécimen en ámbar revela antigua batalla química

(NC&T) Al parecer, el descubrimiento constituye el registro fósil más antiguo de una respuesta de defensa química, e indica también que este tipo de mecanismo de protección, ahora común en el mundo de los insectos y entre otras especies animales, ha estado presente desde hace más de 100 millones de años. Es una forma sofisticada de defensa que claramente estaba bien activa mientras los dinosaurios todavía vagaban por la Tierra.

El escarabajo era un insecto pequeño, con una longitud de aproximadamente medio centímetro, que debía estar en peligro inminente de convertirse en el almuerzo de una cucaracha gigante o algún otro insecto con una longitud de entre 5 y 8 centímetros, a juzgar por la longitud de una antena de ese otro insecto, también encontrada en el ámbar. El insecto depredador logró escapar de la savia o bien fue conservado en un pedazo diferente de ámbar.

El insecto atrapado en la muestra de ámbar proveniente del Valle Hukawng, en Myanmar (Birmania) ahora se encuentra extinto, pero la familia de los escarabajos Cantharidae todavía existe, y aún utilizan este mismo tipo de mecanismo de defensa química. Que esta clase de defensa haya sido conservada a través de 100 millones de años de evolución demuestra lo bien que funciona.

En el momento de aquella pelea por la supervivencia, el período Cretáceo Temprano, grandes bestias como los dinosaurios todavía dominaban la Tierra, pero escabulléndose bajo ellas estaban los primeros mamíferos y numerosos invertebrados terrestres como los dos insectos protagonistas de esta pelea. Los escarabajos Cantharidae, entonces y ahora, eran omnívoros y se alimentaban de los áfidos, de otros insectos diminutos, o del polen de las plantas, por citar algunos de sus recursos alimenticios. Entre otras cosas, este descubrimiento hace retroceder la existencia conocida de este tipo de escarabajo en aproximadamente 60 millones de años. Y en esa distante época, ya habían desarrollado formas de defenderse.

Espécimen en ámbar revela antigua batalla química
Escarabajo dentro de pedazo de ámbar. (Foto: OSU)
Este escarabajo era capaz de exudar una sustancia química pegajosa que tenía un efecto irritante sobre los cuerpos de sus potenciales depredadores y los hacía marcharse y dejarlo tranquilo. Podía incluso controlar la dirección de la defensa; en otros términos, produciría la sustancia sólo en su lado trasero izquierdo si fuera desde aquí de donde proviniera el ataque.

Evolucionando a partir de estos antiguos tipos de mecanismos de defensa, los insectos modernos tienen ahora una amplia gama de arsenales químicos defensivos.

En los insectos, estos tipos de mecanismos defensivos son a menudo fundamentales para su supervivencia.


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