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El pez Gnathonemus Petersii ve con su barbilla

(NC&T) El pez, largo como un puro, merodea con su cabeza inclinada, cerca de la capa de grava que cubre el fondo marino. Mientras nada lentamente hacia adelante, su barbilla larga y en forma de trompa se mueve sin parar de derecha a izquierda, siempre a una distancia de unos milímetros del fondo. De esta manera, el pez se comporta como los cazadores de tesoros que buscan monedas de oro enterradas en la playa con sus detectores de metal. En cierto modo, es eso precisamente lo que hace el pez. Escondidas allí en el sedimento existen grandes cantidades de ciertas larvas que constituyen su comida favorita.

Zoólogos de la Universidad de Bonn han escondido las larvas allí. "Quisimos ver si los peces Gnathonemus petersii podían encontrarlos, y, si la respuesta era afirmativa, a qué profundidad", explica el profesor Gerhard von der Emde. Sin embargo, su barbilla característica no opera como una nariz, aunque pueda ser tan sensible como ella. En vez de eso, contiene más de 500 sensores eléctricos con los que explora su entorno. Con este sentido, el animal ha conquistado la noche. Durante el día se esconde, y sólo bajo la protección de la oscuridad va en busca de su comida.

La barbilla del pez Gnathonemus petersii es básicamente su ojo. En su cola está el equivalente a la antorcha. Por medio de células musculares mutadas, produce pulsos eléctricos regulares de algunos voltios. El pez activa y desactiva su pequeña batería 80 veces por segundo. Al mismo tiempo, mide el campo eléctrico que aparece a su alrededor por medio de los sensores existentes en su piel. Los objetos cercanos distorsionan el campo, con lo que el pez obtiene una "imagen" de su entorno que es sorprendentemente compleja.

El profesor von der Emde y su equipo han investigado lo que pueden percibir estos animales con su sentido eléctrico. Para ello, prepararon un cubo y una pirámide, de pequeño tamaño, en un acuario. Siempre que los peces nadaban hacia la pirámide, los premiaban con comida. A estos ágiles peces sus ojos les eran inútiles, porque los experimentos tuvieron lugar con luz infrarroja, para que sólo los investigadores pudieran ver la escena al emplear sus cámaras especiales. Quedaron asombrados de sus resultados. En nueve de cada diez casos los peces nadaron directamente hacia la pirámide a través de la oscuridad. Incluso cuando los investigadores usaron modelos de alambre en lugar de objetos más macizos, no pudieron engañar a los peces. Hasta lograron desenvolverse bien ante contornos discontinuos.


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