Dos células nerviosas en conexión directa
(NC&T) La investigación ha sido efectuada en el Instituto Max Planck para la Neurobiología, en Martinsried, cerca de Munich.
Los movimientos en el espacio crean en humanos y animales los llamados campos de flujo óptico, que son característicos para el movimiento en cuestión. En un movimiento hacia delante, algunos objetos fluyen lateralmente, mientras los objetos al frente aumentan en tamaño y los objetos más lejanos cambian muy poco o nada.
A un nivel más alto en el centro visual del cerebro, debe realizarse un cómputo de la información visual, para que los animales puedan diferenciar entre su propio movimiento y el movimiento de su entorno, y puedan corregir su curso si resulta necesario. Es importante para el análisis de los campos de flujo que la información del movimiento de ambos ojos se una para que pueda evaluarse el campo de flujo completo.
En su estudio actual, Karl Farrow, Jürgen Haag y Alexander Borst han demostrado por primera vez el enlace directo establecido entre dos células nerviosas, una en cada mitad del cerebro, que combinan las señales de movimiento de ambos ojos de una mosca.
Las moscas Calliphora tienen sólo 60 células tangenciales (las células nerviosas que analizan los campos de flujo óptico) para cada mitad del cerebro, y cada una de estas células puede ser identificada individualmente. Los científicos en Martinsried han estudiado atentamente una célula, la H2. Esta célula exhibe una fuerte preferencia por los campos de flujo rotatorios como el que se forma cuando la mosca gira alrededor del eje vertical de su cuerpo.
Lo genial de este circuito radica en su simplicidad: con una sola unión eléctrica entre dos células pertenecientes a ambas mitades del cerebro. Todavía no está claro si la naturaleza ha construido mecanismos simples similares en los mamíferos.
El descubrimiento puede tener aplicaciones en otras áreas de la ciencia. Por ejemplo, los ingenieros que desarrollan sistemas de navegación para robots, y de ayuda en la conducción de vehículos, siempre buscan algoritmos simples y robustos como los desarrollados por la naturaleza en los insectos. Los mecanismos de análisis de los campos de flujo óptico son candidatos perfectos a ser adaptados para aplicaciones tecnológicas.
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