Biología

La evolución intercontinental de la mosca de la fruta, refleja el cambio climático


(NC&T) "Es un signo claro, en tres continentes diferentes, de que el cambio climático es real, y que ese cambio genético está ocurriendo en sincronía con él", alerta Raymond Huey, un profesor de biología de la Universidad de Washington coautor del estudio.

La investigación se realizó sobre una especie de mosca de la fruta del Viejo Continente, llamada Drosophila subobscura, que originalmente pasó del Mar Mediterráneo a Escandinavia. Biólogos europeos que estudiaron la composición genética del insecto hace más de 40 años, notaron que ciertas secciones de cromosomas estaban invertidas, algo así como tomar parte de un código de barras de un producto comercial y recolocarlo al revés. Los biólogos encontraron que la frecuencia de inversiones particulares estaba correlacionada con la latitud donde un insecto dado era encontrado. Las inversiones que eran comunes en el norte, resultaban raras en el sur, y viceversa.

Estas moscas de la fruta se introdujeron accidentalmente en la Costa chilena del Pacífico a finales de la década de 1970, y en la Costa Oeste norteamericana a principios de la de 1980, probablemente en barcos de carga. Las moscas se extendieron rápidamente, y en América del Norte se encuentran ahora desde Santa Bárbara, California, hasta la norteña Isla de Vancouver, en la Columbia Británica.

Las primeras muestras de inversiones del cromosoma fueron recolectadas hace tres o cuatro décadas en varios lugares de Europa, los mismos sitios que fueron comprobados recientemente. Las moscas sudamericanas para el estudio se recogieron en 1981 y de nuevo en 1999. En América del Norte, las primeras muestras fueron reunidas en 1985, y las más recientes en el 2004. Los científicos también observaron los cambios en los patrones del tiempo meteorológico durante los intervalos entre las colecciones de las muestras. En casi todos los sitios, las temperaturas habían aumentado en concordancia con el calentamiento global.

Mosca de la fruta
La Drosophila subobscura del Viejo Continente. (Foto: Raymond Huey)
"Si las inversiones cromosómicas son sensibles a la temperatura, entonces se esperaría ver un aumento correspondiente en las inversiones del tipo de baja latitud, reflejado en todas las latitudes", explica Huey.

Cuando los investigadores compararon las muestras viejas y nuevas, encontraron que la composición genética de las moscas ciertamente mostraba una frecuencia aumentada de inversiones típicas de baja latitud. "La implicación", señala Huey, "es que las inversiones cromosómicas comunes en las latitudes bajas, al parecer proporcionan a las moscas protección contra las temperaturas más elevadas".

El trabajo de contar las inversiones se hizo en un laboratorio de genética en la Universidad de Barcelona, en España. Joan Balanyá, de la Universidad de Barcelona, es el autor principal. Otros coautores son Luis Serra y Josep Oller, de Barcelona, y George Gilchrist, del College of William and Mary, en Virginia.


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