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Respuesta más lenta de los árboles al cambio climático

(NC&T) El análisis genético de abetos vivos proporciona una fuerte evidencia de la presencia de un refugio de árboles en Alaska durante el apogeo del último período glacial (entre 17.000 y 25.000 años atrás), y sugiere que las poblaciones de árboles no pueden migrar en respuesta al cambio climático tan rápidamente como pensaron algunos científicos.

El estudio del ADN ha sido realizado por investigadores de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign.

El abeto blanco (la Picea glauca) es una especie dominante en los bosques boreales de América del Norte. Ante el calentamiento global, los científicos necesitan estudiar cómo respondieron en el pasado las poblaciones de plantas y animales en cada región a los cambios climáticos, para poder predecir lo que sucederá en el futuro.

Los investigadores analizaron en su estudio el ADN de cloroplastos de 24 bosques de abetos de Alaska y Canadá. Como el ADN de los cloroplastos contiene genes heredados sólo de un progenitor, no hay ninguna recombinación genética susceptible de causar confusión que deba ser tomada en cuenta.

Cambio climático
Participantes en el estudio. (Foto: Brian Stauffer)
Los investigadores encontraron evidencia convincente de que el abeto blanco sobrevivió al máximo del último período glacial y probablemente a algunos de los anteriores episodios glaciales en Alaska. Esta supervivencia debe haber sido facilitada por la existencia de microhábitats favorables, y por las adaptaciones de estos árboles al duro clima.

Los datos del ADN ayudan a resolver una vieja controversia sobre la manera en que las poblaciones de árboles emigraron en respuesta a los cambios climáticos del pasado.

Un punto de vista defiende que los árboles se restringieron a las áreas al sur de la capa de hielo continental que cubrió buena parte de América del Norte, y entonces sus poblaciones emigraron de forma sumamente rápida cuando el clima se hizo más cálido. El otro punto de vista defiende que hubo un refugio sin hielo en algunas áreas al norte de la capa helada, y los abetos se propagaron dentro de esas áreas cuando el clima se hizo más cálido. Ahora resulta claro que existió un refugio glacial, y que los árboles avanzaron siguiendo al menos dos direcciones.

Basándose en esos datos, también parece probable que el ritmo de migración fuera más bajo que lo previamente estimado. Los resultados sugieren que los ritmos de migración de los árboles, estimados a partir de los registros de polen fósil, son demasiado altos, y que la capacidad de los árboles para seguir el paso del calentamiento global es más limitada que lo asumido anteriormente.

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