El papel clave de la regulación genética en las diferencias entre humanos y chimpancés
Los investigadores, de la Universidad de Yale, la Universidad de Chicago, y el Instituto Hall en Parkville, Victoria, Australia, respaldan así una teoría propuesta en 1975 en un artículo clásico de Mary Claire King y Allan Wilson, de Berkeley. Dicho artículo explicaba que la similitud en un 99 por ciento de los genes humanos y de chimpancé sugiere que una regulación genética alterada, más que cambios en la codificación, podría explicar el hecho de que cambios genéticos mínimos produzcan amplias diferencias anatómicas y conductuales entre ambas especies.
Usando una nueva tecnología para medir la extensión de la expresión genética en miles de genes simultáneamente, este estudio muestra que cuando los humanos divergimos de los simios en los últimos cinco millones de años, los genes para los factores de transcripción (que controlan la expresión de otros genes) tuvieron cuatro veces mayor probabilidad de cambiar sus propias pautas de expresión que los genes por ellos regulados.
Debido a que influencian la actividad de muchos blancos genéticos subordinados, los cambios pequeños en la expresión de estos genes reguladores pueden tener un impacto enorme.
Cuando los científicos examinaron la expresión genética, encontraron cambios menores durante varias decenas de millones de años en el macaco, el orangután y el chimpancé, seguidos por el cambio rápido, en unos cinco millones de años, del linaje humano, concentrado en estos grupos específicos de genes. Esta evolución rápida en los factores de transcripción ocurrió sólo en los humanos.
En los últimos 30 años, los científicos han sospechado que la regulación genética ha ejercido un papel central en la evolución humana. Además de aportar una prueba clara al respecto, estos resultados ayudan a definir exactamente qué factores reguladores pueden ser importantes, al menos en ciertos tejidos. Esto permitirá abordar futuros análisis funcionales del papel de la regulación genética en la evolución de los humanos modernos.
La pregunta clave es: ¿por qué los humanos somos tan diferentes de nuestros "primos"? ¿Qué tipo de cambios en el entorno o en el estilo de vida conducirían a un cambio tan veloz en la expresión genética en humanos y en ningún otro primate?
Se sospecha que parte de la respuesta radica en el cambio de la dieta, probablemente en conexión al uso del fuego y la preferencia emergente por la comida cocida. Ningún otro animal depende de comida cocida. Quizá algo en el proceso de cocción alteró los requisitos bioquímicos para el acceso a nutrientes y la necesidad de procesar toxinas naturales encontradas en alimentos vegetales y animales.
Éste es sólo el primero de una serie de estudios similares que examinarán cambios en la expresión genética durante el tiempo evolutivo.
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