El trabajo, realizado en la Universidad de Michigan, fue dirigido por el profesor de ecología y biología evolutiva Jianzhi Zhang.
Los investigadores que especulan acerca del origen del Hombre tienen tres propuestas principales sobre cómo obtuvimos nuestros rasgos únicos. La primera posibilidad es que adquirimos genes completamente nuevos que otros monos no tienen. Otra es que algunos de nuestros genes han desarrollado funciones diferentes a través de mutaciones.
Es posible también que los humanos perdiésemos algunos genes proveyendo oportunidades para los cambios que de otra manera podrían no haber ocurrido. Por ejemplo, los científicos han demostrado que en el curso de la evolución, los humanos perdimos un gen que produce una proteína particular del músculo de la mandíbula. Quizá la pérdida de ese gen produjo músculos mandibulares más pequeños, permitiendo a nuestros cráneos tener sitio para una mayor cantidad de materia gris.
Esto es simple especulación, y hasta ahora no se tenía prueba concreta al respecto. Con este fin, el equipo de Zhang buscaba determinar cuántos y qué tipo de genes se han perdido durante la evolución humana, y si esas pérdidas genéticas fueron provechosas.
Los investigadores encontraron que los genes relacionados con el olfato y la sensibilidad al sabor amargo estuvieron sobrerrepresentados en el conjunto de pseudogenes humanos (variantes de ADN que parecen genes conocidos pero son afuncionales). Los descubrimientos tuvieron sentido para Zhang. "Se sabe que los humanos han reducido su sensibilidad olfatoria, así que el hallazgo es consistente con la observación. En un estudio anterior, mostramos que los genes del receptor del sabor amargo perdieron importancia en los humanos, y planteamos una hipótesis para explicarlo: la capacidad de percibir el amargor es importante para detectar toxinas en la comida, la mayor parte de las cuales están en las plantas. Entre 1 y 2 millones de años atrás, empezamos a comer más carne que vegetales, y también se usó el fuego, que puede desintoxicar los alimentos".
La pérdida de funcionalidad también se espera en genes relacionados con la respuesta inmunológica. Los genes del sistema inmunológico responden a agentes patógenos, que se alteran con rapidez, así que los genes también se alteran deprisa. Si el agente patógeno no está allí, entonces no se necesita el gen del sistema inmunológico en el anfitrión.