Los científicos Steve Weiner y Michal Salamon, del departamento de Biología Estructural del Instituto Weizmann para las Ciencias, trabajando en colaboración con los profesores Baruch Arensburg, de la Universidad de Tel Aviv, y Noreen Tuross, de la Universidad de Harvard, han descubierto una nueva fuente de ADN antiguo bien conservado en los huesos de un fósil.
En 1986, Weiner informó por primera vez de la existencia de racimos de cristales en huesos recientes. Incluso cuando estos huesos son molidos y tratados con hipoclorito de sodio (una sustancia que elimina todos los rastros de materia orgánica) los racimos de cristales permanecen intactos y el material orgánico incrustado en ellos no resulta afectado. Ahora, casi 20 años después, Weiner y Salamon han vuelto a estos resultados razonando que los huesos fósiles podrían poseer tales estructuras cristalinas albergando ADN antiguo bien preservado.
Después de tratar dos huesos modernos y seis de animales fósiles con hipoclorito de sodio, encontraron que el ADN podría extraerse de la mayoría de estos agregados de cristal, que están bien conservados y contienen fragmentos más largos de ADN que los huesos molidos sin tratar. La técnica para leer el ADN también funcionó bien, y el uso de hipoclorito de sodio redujo la posibilidad de contaminación con ADN moderno.
Los agregados de cristal funcionan como un "nicho privilegiado en el hueso fósil", protegiendo el ADN de los ambientes hostiles y dejándolo relativamente ileso pese al transcurso del tiempo. Los resultados del equipo sugieren que el ADN en estos agregados debe preferirse, siempre que sea posible, sobre el ADN de los huesos no tratados.
Este método resulta una gran promesa para el futuro de los análisis de ADN en huesos antiguos, pues produce los resultados más fiables y verídicos obtenidos hasta el presente, y puede ayudar a desentrañar los misterios de nuestro pasado evolutivo.