Relacion simbiótica clásica entre hormigas y bacterias
Un equipo internacional, dirigido por el bacteriólogo Cameron Currie de la Universidad de Wisconsin-Madison, ha estudiado la naturaleza intrincada y antigua de esta relación de mutualismo. Los investigadores han encontrado que las hormigas alojan a las bacterias en cavidades altamente adaptadas y especializadas, y las nutren con una secreción glandular, indicación de que las hormigas, las bacterias, los hongos y los parásitos probablemente han estado evolucionando juntos durante decenas de millones de años.
"Cada especie de hormiga que hemos examinado tiene estructuras distintas, altamente modificadas, para sustentar diferentes tipos de bacterias", explica Currie. "Esto indica que las hormigas se han adaptado rápidamente para acoger a las bacterias. También indica que la coevolución entre las bacterias y las hormigas, así como entre los hongos y los parásitos, ha venido ocurriendo desde tiempos remotos, al parecer a lo largo de decenas de millones de años".
Además, el hecho de que las especies hayan coexistido durante tanto tiempo significa que podría haber un mecanismo para frenar el avance de la resistencia a los antibióticos desarrollada por los parásitos, lo que podría ayudar a solucionar el serio problema en este tema que afronta la medicina moderna. A partir del singular sistema desvelado, los científicos pueden aprender mucho sobre el uso que la humanidad hace de los antibióticos.
Currie estudia las intrincadas relaciones entre ciertas especies de hormigas de América Central y del Sur, el hongo que ellas cultivan para su alimentación, el parásito que invade a ese hongo, y las bacterias que las hormigas albergan para luchar contra el parásito.
Aunque las hormigas y sus plantaciones de hongos se habían estudiado detalladamente durante docenas de años, Currie fue el primer científico en identificar el papel crucial de las bacterias y los antibióticos que éstas producen. Logró la clave de la comprensión sobre las manchas blancas en las hormigas, cuya importancia había sido descartada al considerárselas simple vello ceroso, cuando en realidad son colonias de bacterias.
Los colaboradores de Currie incluyen a científicos de la Universidad de Copenhague, la de Austin en Texas, y la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica.
|