Diez retos para transformar la taxonomía del siglo XXI
La Taxonomía se encuentra en una encrucijada. "Los taxónomos son los notarios de la vida, es decir, dan fe de la existencia de cada especie nueva que se descubre", asegura Antonio García Valdecasas, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales y coautor de un artículo publicado en el último número de la revista española Graellsia. "Y aunque han realizado una labor muy eficaz durante más de 200 años, la tarea que queda es ingente: áreas que no han sido nunca exploradas, hábitats que no han sido muestreados y grupos que sólo se han estudiado de forma superficial".
Junto al profesor Wheeler, director del Departamento de Entomología del Museo de Historia Natural de Londres, Valdecasas propone a la comunidad taxonómica diez retos para acelerar su revitalización. En ellos se hace especial énfasis sobre la importancia de una colaboración internacional e intergubernamental. "La Taxonomía ya no se debe practicar como una actividad restringida", apunta el investigador español. "La descripción de especies tiene valor por sí misma, pero mucho más valiosas son las revisiones generales por grupos. Y esto no lo pueden hacer taxónomos individuales, sino que requiere la colaboración de los diferentes especialistas de un grupo de organismos, para actualizar y completar lo que se sabe sobre los mismos", añade.
Otro aspecto importante son las infraestructuras, tanto para la investigación como para la publicación de resultados. Actualmente existe un movimiento internacional para aprovechar los recursos que ofrece Internet, desarrollar ciber-herramientas y ofrecer el acceso a la documentación necesaria para que este nuevo impulso taxonómico se convierta en realidad. De hecho, la Comunidad Europea ha subvencionado el programa EDIT y en Estados Unidos está en marcha LINNE. El objetivo de ambos es facilitar las herramientas y recursos necesarios para que este esfuerzo culmine con un inventario completo de la biodiversidad, accesible a través de la Red.
A otro nivel, hay proyectos paralelos, como la iniciativa del Natural History Museum de Londres, en colaboración con la Universidad de Harvard, la Smithsonian Institution y el American Museum of Natural History, de digitalizar toda la literatura relevante para la Taxonomía, desde Linneo hasta nuestros días. Algo semejante a lo que persigue Google Scholar, pero restringido a la literatura taxonómica. "Y sería muy interesante que alguna institución española emprendiera la iniciativa de hacer algo equivalente en castellano", reflexiona Valdecasas.
Internet también es la clave a la hora de organizar los datos, otro de los retos propuestos para la Taxonomía. El potencial es inmenso: bases de datos electrónicas compartidas internacionalmente; depósitos de imágenes, sonidos y videos, accesibles desde cualquier parte del mundo, incluso en el campo; desarrollo de herramientas de identificación automática, clasificación y registro; cruce continuo de datos ambientales, morfológicos, moleculares; etc.
Valdecasas opina que los taxónomos son, en gran medida, los responsables de la mala fama que tiene la Taxonomía. "Por un lado, por no hacerla presente al gran público de una forma atractiva y apasionante; está claro que se necesita un Rodríguez de la Fuente de la Taxonomía, de la Biodiversidad", afirma el español. Por otro, sostiene, por no defender su base epistemológica, es decir, "observaciones contrastables productoras de hipótesis que se pueden testar".
Con su artículo, Valdecasas y Wheeler pretenden que la comunidad taxonómica se centre en tres objetivos: renovar y utilizar la nueva tecnología para el descubrimiento y descripción de la biodiversidad; formar grupos nacionales e internacionales que completen revisiones y monografías y faciliten el registro ultimo de los organismos de cada grupo; y trasladar a la sociedad, de una forma adecuada, los resultados mas sobresalientes, "haciéndola participe de esta aventura que se sufraga con dinero público".
Tampoco conviene olvidar que, más allá del interés que supone conocer la biodiversidad de nuestro planeta, "los millones de especies que viven y las que se han extinguido son experimentos de la evolución, sin control humano, a lo largo de millones de años", asegura Valdecasas. "Todo ese material es una fuente inagotable de conocimiento básico y aplicado que ningún esfuerzo humano puede replicar".
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