¿Aprendizaje social en insectos que no forman colonias?
El aprendizaje social y el uso de la información social han sido en general considerados como principalmente restringidos a los vertebrados. Entre los insectos, sólo se ha sabido del aprendizaje social o procesos semejantes en las especies que forman colonias (las abejas, las hormigas, las termitas...), sugiriendo ello que las organizaciones sociales altamente estructuradas pueden haber ayudado a la evolución del aprendizaje social.
Sin embargo, aprender de otros congéneres lecciones sobre los depredadores o sus riesgos, puede constituir una información que salve la vida, y no sólo en los vertebrados o los insectos que forman colonias. La teoría predice que la adquisición social de tal información debe haber sido, por consiguiente, evolutivamente favorecida en cualquier especie donde los miembros puedan observarse entre sí y comportarse de manera diferente bajo condiciones de riesgo de depredadores.
Los investigadores Isabelle Coolen, Olivier Dangles, y Jerome Casas, de la Universidad de Giras, Francia, consideraron que los grillos del bosque podrían ser los candidatos apropiados para probar esta hipótesis. De hecho, los grillos del bosque, se esconden inconfundiblemente bajo las hojas cuando están en presencia de arañas, y la alta densidad local en la que viven puede muy bien permitir la transmisión social de la información con relación al peligro.
En el nuevo trabajo, los autores encontraron que no sólo los grillos se esconden más cuando están en presencia de otros que acaban de experimentar un ambiente peligroso, sino que también continúan haciéndolo después de que estos "demostradores" se han ido. Los autores probaron que los cambios conductuales duraderos no pueden atribuirse simplemente a factores de contenido no social, como por ejemplo señales residuales de olor, y que la explicación más directa para los cambios conductuales observados es aquella que involucra al aprendizaje social. Por tanto, los resultados de la Dra. Coolen y sus colegas cuestionan el concepto común de que el aprendizaje social se restringe a los animales que poseen grandes cerebros, para los que se asumen habilidades cognoscitivas superiores.
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