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Claves acústicas del buen oído del delfín

La diferencia entre el mecanismo del oído de los mamíferos marinos y los terrestres estriba, fundamentalmente, en la adaptación al medio que les rodea. "Nosotros necesitamos una membrana, el tímpano, para trasformar la onda sonora que se propaga por el aire en la vibración que transmiten los huesecillos -martillo, yunque y estribo- al oído interno; sin embargo, el sonido que les llega a los mamíferos marinos se propaga a través del agua, que es un medio con características acústicas muy similares a las de sus tejidos internos", explica Rafael Carbó, investigador del Instituto de Acústica del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y autor principal del artículo.

En el caso concreto de los delfines mulares (Tursiops truncatus), cualquiera puede comprobar a simple vista que carecen de orejas. En su lugar, poseen pequeños orificios, próximos a los ojos, a través de los cuales el sonido penetra en la mandíbula inferior, llena de tejido graso. Las ondas sonoras viajan a través de la grasa hasta alcanzar la bulla timpánica, una bola ósea hueca de unos tres centímetros que contiene el oído medio y el interno.

En sus experimentos, Carbó introdujo una bulla timpánica perteneciente a un delfín mular macho en un tanque de agua. El hueso permanecía suspendido con un fino hilo de nailon, permitiendo que girara. Utilizando un transductor, "equivalente a un altavoz en el aire", crearon un campo acústico. Las ondas se recogían mediante un "micrófono" acuático (hidrófono) que captaba las alteraciones de presión en el agua, transformándolas en señales eléctricas. Al atravesar la bulla timpánica en el agua, la onda acústica se reflejaba, produciendo un eco. La estructura de este eco es consecuencia de la geometría de la bulla.

Mediante este sistema, y para su sorpresa, los investigadores comprobaron que la frecuencia de resonancia de la bulla coincidía con la frecuencia central del sonido emitido por este tipo de delfín, así como con el máximo de su sensibilidad auditiva. Teniendo en cuenta que el delfín mular tiene una sensibilidad al sonido en un margen de frecuencias superior al de cualquiera de los peces con los que comparten su hábitat, todo apunta a que la geometría de esta esfera ósea es la clave del fino oído de estos cetáceos.

"Que los delfines posean una buena audición en un ancho rango de frecuencias facilita la comunicación entre ellos, ya que les permitir emitir y recibir sonidos muy estructurados", añade el profesor Carbó, quien considera que su trabajo aporta, además, una "tecnología novedosa para el estudio del comportamiento acústico del órgano auditivo de otros mamíferos marinos".


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