(NC&T) La proeza científica es obra de investigadores del Departamento de Energía de los Estados Unidos (DOE), el Joint Genome Institute (JGI), el Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley, el Instituto Max Plank para Antropología Evolucionista y el Instituto de Paleontología de la Universidad de Viena.
Hasta ahora, la secuenciación de genomas de especies extinguidas presentaba muchos obstáculos, pero los científicos del JGI han superado gran parte de estas dificultades. El ADN empieza a degradarse tras la muerte, cuando los microbios atacan el cuerpo en descomposición para utilizar los nutrientes presentes como fuente de energía. Este exceso de contaminantes microbianos, junto con las huellas ocasionales de ADN aportadas de manera inadvertida por los modernos cazadores de fósiles o trabajadores de laboratorios, frustra todo intento por métodos convencionales de secuenciar tales genomas.
Una de las limitaciones de los estudios anteriores sobre ADN arcaico, era que estaban restringidos a las secuencias de ADN mitocondrial. Aunque las mitocondrias son estupendas para conocer las relaciones evolutivas entre especies, se requiere el ADN genómico para entender las diferencias funcionales entre especies extintas y modernas, pero nadie ha podido purificar y secuenciar grandes cantidades de ADN a partir de esas muestras antiguas.
Hueso de oso cavernícola. (Foto: JGI)
Los científicos del JGI aplicaron las técnicas estándar normalmente usadas para los proyectos genómicos modernos, a muestras antiguas de ADN. Su estrategia era generar una enorme cantidad de secuencias, por lo que no les preocupaba mucho que gran parte de lo que estaban secuenciando correspondiese a contaminantes microbianos, ya que esperaban que entre ese gran número de secuencias también aparecerían segmentos del ADN antiguo. La estrategia dio resultado y, entre los contaminantes esperados, recobraron cantidades razonables (un 6 por ciento) de ADN del oso cavernícola de 40.000 años de antigüedad. Debido a que perros y osos son genéticamente similares en un 92 por ciento (divergieron hace unos 50 millones de años), fue posible rellenar lagunas con información procedente de la secuencia completa del genoma del perro.
Las muestras de huesos y dientes utilizadas en el estudio fueron recolectadas en dos cavernas de Austria. Estos osos cavernícolas (Ursus spelaeus), extinguidos hace más de 10.000 años, estuvieron relacionados con los antepasados de los osos pardos y osos polares modernos. Fósiles y pinturas rupestres muestran que los humanos antiguos interactuaron con estos osos cavernícolas.