Astronomía

La sonda espacial Voyager 1 enfila su año 35 de travesía cósmica


(NCYT) La desconexión ha hecho bajar la temperatura de su espectrómetro ultravioleta en más de 23 grados centígrados. Ahora debe estar funcionando a una temperatura de 79 grados centígrados bajo cero (o incluso algo más fría), la temperatura más baja a la que el instrumento ha trabajado. Este sistema de calefacción apagado es un paso en la optimización del consumo de energía eléctrica, para que la nave pueda recopilar y transmitir datos hasta 2025. Si ello se consigue, esta carismática nave de la NASA habrá funcionado durante casi medio siglo, a pesar de que fue diseñada para una misión de sólo 4 años.

En el momento de escribir estas líneas, el espectrómetro continúa recolectando y enviando datos. Originalmente fue diseñado para funcionar a temperaturas tan bajas como 35 grados centígrados bajo cero, pero en los últimos 17 años ha seguido operando a temperaturas sucesivamente más frías a medida que se han ido desactivando dispositivos de calefacción alrededor de ella. Al llevar a cabo las primeras desconexiones, no se sabía si el espectrómetro podría seguir trabajando, pero desde 2005 ha estado operando a 56 grados centígrados bajo cero. Los ingenieros confían en que el instrumento soportará también una temperatura algo más fría. En realidad, es probable que el espectrómetro esté funcionando a una temperatura un poco más fría que 79 grados centígrados bajo cero, pero no es posible confirmarlo ya que el sensor de temperatura interna no es capaz de medir temperaturas más bajas que esa.

El personal de la misión continuará supervisando el funcionamiento del espectrómetro. Estuvo muy activo durante los encuentros de la Voyager 1 con Júpiter y Saturno y desde entonces un equipo internacional, dirigido por científicos en Francia, ha estado analizando los datos que recoge el espectrómetro.

35 aniversario de la sonda Voyager 1
La sonda Voyager-2. (Foto: NASA/JPL-Caltech)
Este último dispositivo de calefacción apagado era parte del espectrómetro infrarrojo cercano, que no ha estado operativo en la Voyager 1 desde 1998.

La Voyager-1 es actualmente el objeto de fabricación humana más alejado de la Tierra, hallándose ya a unos 18.000 millones de kilómetros de nuestro mundo. De hecho, está ya mucho más lejos del Sol que cualquier planeta de nuestro sistema solar. La nave, que sigue una trayectoria interestelar (la cual le llevará hacia otras estrellas tras miles de años de travesía), viaja desde hace cerca de dos años por una zona del espacio donde la influencia del viento solar (el plasma emitido por el Sol) está mayormente contrarrestada por la del interestelar, el que predomina en el espacio entre las estrellas. La Voyager 1 también ha detectado un incremento de 100 veces en la intensidad de los electrones de alta energía que se adentran en nuestro sistema solar desde otros lugares de la galaxia, otra indicación de que la nave está ya muy cerca de la frontera entre el espacio local de nuestro sistema solar y el medio interestelar propiamente dicho.

Lanzadas en 1977, las Voyager 1 y 2 gozan por ahora de una salud bastante buena. Por su parte, la Voyager 2 está a unos 15.000 millones de kilómetros del Sol.

Cuando la electricidad proporcionada por el generador de radioisótopos de la Voyager-1 finalmente se reduzca por debajo de lo mínimo indispensable para los sistemas de a bordo, la nave dejará de estar activa y ya no podrá comunicarse más con la Tierra. Sin embargo, proseguirá su viaje por tiempo indefinido, convertida en un silencioso embajador cósmico de la humanidad.

Las dos Voyager fueron preparadas para su hipotético encuentro con una civilización extraterrestre. Contienen información sobre la especie humana y nuestro mundo, a modo de mensaje de paz. La información fue preparada lo mejor posible para que pueda ser descifrada por inteligencias extrahumanas. Ese encuentro, si llegara a ocurrir, sería en un futuro muy lejano, ya que estas dos naves tardarán al menos unos 40.000 años en pasar relativamente cerca de otra estrella.





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