Informe Phoenix
(NC&T) Inmediatamente después de posarse en la superficie marciana, la sonda Phoenix envió imágenes de sus alrededores, mostrando el paisaje que desde entonces sería su hogar. En algunas de ellas, pendiente el análisis, se atisbaban elementos del sistema de descenso que se separó del vehículo poco antes del aterrizaje. Pero la fotografía quizá más sorprendente no procedía de la Phoenix sino de la cámara de alta resolución del Mars Reconnaissance Orbiter. El MRO observó el descenso de su compañera e intentó fotografiarla con su cámara HiRISE. Las imágenes obtenidas son espectaculares, porque muestran a la Phoenix, poco antes de tocar tierra, colgada aún de su paracaídas, lo cual es una primicia jamás lograda. Nunca antes una sonda había fotografiado a otra durante su aterrizaje. Los controladores además, señalaron que, sabiendo hacia dónde miraba la MRO en ese momento (con una inclinación de 62 grados, a varios cientos de kilómetros de distancia), podrían determinar aún con más precisión el punto de aterrizaje, con lo que no tenían ninguna duda de que la cámara HiRISE podría localizar a la Phoenix en el suelo, durante uno de los siguientes pasos por la región.
Mientras, la nueva nave enviaba información a los controladores, y éstos le mandan a su vez la lista de cosas que debía llevar a cabo durante el día, en función de lo que las imágenes les iban mostrando. Por ejemplo, algunas fotografías del suelo pusieron de manifiesto grietas recientes, lo que sugiere que el hielo aún está modificando la superficie. Al mismo tiempo, seguían las comprobaciones sobre el estado de los instrumentos científicos y el resto de sistemas del vehículo.
El próximo paso importante sería el despliegue de su brazo robótico, el cual se empleará para recoger muestras del suelo helado y llevarlas a sus instrumentos de análisis. Las órdenes para mover dicho brazo fueron enviadas el 27 de mayo a través del orbitador MRO, pero este último no las retransmitió a la Phoenix. Por algún tipo de problema en investigación, la transmisión UHF del MRO se apagó y las operaciones tuvieron que ser retrasadas. Como suele ocurrir en estos casos, la nave en la superficie llevó a cabo una serie de órdenes preprogramadas. Los ingenieros recuperaron posteriormente el funcionamiento del transmisor, aunque si no hubiese sido así, se hubiera utilizado el de la Mars Odyssey para la misma tarea. Mientras, el MRO sí continuó enviando nuevas imágenes enviadas desde la superficie de Marte, y otras de su propia cosecha, tomadas durante el momento del aterrizaje, así como datos meteorológicos obtenidos por la Phoenix. Una de las imágenes más increíbles muestra a la sonda, aún bajo el paracaídas, descendiendo con el cráter Heimdall al fondo. Aunque parezca que el vehículo se dirige hacia ese cráter de 10 km de diámetro, en realidad, se halla ya a 20 km por delante de él. Por otra parte, la cámara HiRISE de alta resolución del MRO fotografió claramente a la Phoenix en su punto de aterrizaje, unas 22 horas después de haberse posado en el suelo. Además, se aprecia el paracaídas unido a la carcasa superior, no lejos de la Phoenix (300 metros), y también, a cierta distancia, el escudo térmico. Si todo iba bien, el 28 de mayo se enviarían más órdenes para que la Phoenix continuase fotografiando sus alrededores y empezara a mover su brazo robótico, cuya participación es esencial para el éxito de la misión. Otra operación en marcha era la retirada de una cubierta protectora situada sobre el citado brazo, utilizada para evitar su contaminación por microorganismos durante su estancia en la Tierra. La llamada biobarrera estaba siendo retirada poco a poco, aunque con mayores dificultades de las previstas. Después, los movimientos del brazo podrían llevarse a cabo con total libertad.
En nuestro planeta, los científicos canadienses que proporcionaron la estación meteorológica, manifestaron que los datos de ésta durante las primeras 18 horas en la superficie sugerían una temperatura ambiental que va de los -80 grados Celsius durante la mañana hasta los -30 grados por la tarde. La presión atmosférica es de unos 8,55 milibares (menos de una centésima parte de la de la Tierra a nivel del mar). Por su parte, la velocidad del viento es de unos 20 km/h. Se transportan otros instrumentos para medir la humedad y la visibilidad, que serían activados en las próximas jornadas.
Las imágenes enviadas por la propia Phoenix enseñan sus alrededores con claridad. Una de ellas, tomada con el Surface Stereo Imager, muestra el disco DVD que contiene 250.000 nombres proporcionado por la Planetary Society, así como la bandera estadounidense.
Pendientes de aclarar por qué razón falló el transmisor de la sonda MRO en órbita marciana, la NASA decidió que por el momento fuera la Mars Odyssey la que actuase como enlace principal entre la Phoenix y la Tierra. El transmisor del MRO funciona, pero los controladores prefieren tener la absoluta seguridad de que sus órdenes llegan siempre al vehículo y no se producen problemas y retrasos en el plan de trabajo. Mientras, se enviaron las órdenes oportunas para que la Phoenix empezase a desplegar su brazo robótico, así como para tomar más fotografías de la zona de aterrizaje, incluyendo un panorama global. Los científicos ya han reservado una zona específica para las perforaciones que efectuará el brazo, así que éste llevará a cabo sus primeras tareas de ensayo en otra parte. Las últimas imágenes recibidas indicaban que los primeros movimientos del brazo habían sido un éxito. Se necesitarían un total de siete, de sus diversas articulaciones, para sacarlo de su lugar de anclaje y llevarlo a una posición de trabajo. Las primeras operaciones de excavación se llevarían a cabo a principios de la siguiente semana.
La telemetría y las imágenes enviadas por la Phoenix mostraron claramente que el brazo robótico del vehículo marciano se había movido como estaba previsto. La sonda giró su "muñeca" para sacarla de su anclaje, después elevó su "antebrazo" y finalmente liberó el "codo". Con el despliegue de esta importante herramienta, que fue plegada hace un año, la Phoenix podrá iniciar su tarea más esperada, la recogida de muestras de su entorno. Paralelamente, el vehículo completó el envío de un panorama de 360 grados que muestra los alrededores de la zona de aterrizaje. Los científicos han empezado a poner nombres a las pequeñas rocas visibles, para tener puntos de referencia. La Phoenix también probó su láser para estudiar el polvo en suspensión y las nubes, el cual tendrá un alcance de 3,5 km de altitud. Los instrumentos deben ser calibrados para entender mejor los resultados que produzcan.
Antes de empezar a cavar, el brazo robótico sería utilizado para otra tarea importante. Se emplearía su cámara para mirar debajo del vehículo y comprobar el estado del terreno, para certificar si se había visto muy perturbado por el aterrizaje. Cumplida esta labor, el brazo empezaría a escarbar en una zona cercana, como ensayo general de la excavación del punto más interesante que ya ha sido identificado. Se roturará el suelo en busca de hielo de agua, y se aplicarán los instrumentos sobre las muestras extraídas para averiguar su composición exacta.
En Europa, la Agencia Espacial Europea dio a conocer un clip de audio registrado por la sonda Mars Express que nos muestra los sonidos de la Phoenix durante el descenso. Proceden del sistema MELACOM (Mars Express Lander Communication) y fueron enviados poco después del aterrizaje. El citado sistema sirvió para hacer un seguimiento de la fase de entrada atmosférica. La nave europea debía también realizar observaciones científicas durante el descenso, pero no se han obtenido los resultados esperados.
Fotografiar de inmediato la zona sobre la que aterrizó la sonda marciana Phoenix resultó ser una muy buena idea. Los gases del sistema de propulsión que sirvió para frenar el descenso, actuaron como una especie de escoba que frotó la superficie. Los científicos estaban interesados en ver qué efectos había tenido ello sobre el suelo. Pues bien, con el brazo robótico extendido, se utilizó su cámara para ver lo que había bajo la nave, y las primeras imágenes mostraron ya lo que parece una pequeña zona de hielo expuesta, cerca de una de las patas. Los especialistas aún no están del todo seguros de su naturaleza, pero todo indica que se trata de un objeto duro, muy probablemente hielo, aunque también podría ser una roca plana. Pendientes de conseguir imágenes en color y otros datos, se empleó el brazo robótico para obtener más información básica desde otros ángulos. El tiempo también es importante, porque en su transcurso, si es hielo expuesto, éste se volverá más brillante cuando el vapor de agua atmosférico se congele sobre él. Encontrar hielo casi en la superficie es una muy buena noticia, ya que facilitará los estudios previstos.
Sin embargo, no todo es positivo durante esta fase de la misión. El TEGA, el instrumento que se ocupará de calentar y analizar las muestras, dio síntomas durante las pruebas iniciales de sufrir de forma intermitente un pequeño cortocircuito en la sección del espectrómetro. Sin embargo, las primeras investigaciones sugieren que los ingenieros podrán superar el problema sin demasiadas dificultades. Mientras, el brazo robótico de la Phoenix siguió moviéndose y durante la sexta jornada en Marte (31 de mayo) tocó por primera vez el suelo, dejando una huella a la que han bautizado como Yeti. También se fotografió otra vez la posible placa de hielo bajo la nave, llamada ahora "Snow Queen". Tiene una superficie suave, con capas visibles y algunas cavidades redondeadas.
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