Informe ISS
(NC&T) Por ejemplo, Garrett Reisman utilizó el experimento Coarsening in Solid Liquid Mixtures-2, y Sergei Volkov revisó el subsistema de audio del módulo Zvezda, el cual permite a los tripulantes hablar entre sí cuando no están a la vista.
Preparando la llegada de la próxima nave de carga Progress, el vehículo logístico europeo Jules Verne usó por primera vez sus motores (25 de abril) para modificar sustancialmente la órbita de la ISS. Los activó durante 12 minutos y 15 segundos, en dos partes, elevando la altitud del conjunto para que éste se halle bien orientado cuando llegue la Progress, y también el transbordador Discovery (STS-124), cuyo lanzamiento está previsto para el 31 de mayo.
En la Tierra, Peggy Whitson y Yuri Malenchenko siguen las habituales reuniones para informar de su misión, mientras se recuperan de sus 192 días en el espacio. Paralelamente, la empresa Energia y la agencia Roskosmos han puesto ya en marcha la comisión que investigará por qué la cápsula Soyuz TMA-11 efectuó una reentrada atmosférica balística, la segunda vez consecutiva que ello ocurre, y la tercera en la historia del programa de la estación espacial internacional.
El análisis de lo ocurrido durante el regreso de la TMA-11 arroja sospechas sobre un posible problema grave. Durante la fase inicial previa a la entrada atmosférica, la astronave se divide en sus componentes principales (módulo orbital, cápsula de descenso con los cosmonautas, y módulo de servicio). En este caso, el módulo de servicio podría no haberse separado inmediatamente, lo que provocó, durante un tiempo, que la nave se orientara de forma incorrecta durante la reentrada. Las cápsulas poseen un escudo térmico en su base, y han sido fabricadas con el centro de masas situado adecuadamente para orientarse bien y resistir así el rozamiento atmosférico. Pero con el módulo de servicio aún unido, la Soyuz habría descendido de forma lateral. No sólo cambió eso la trayectoria de caída, sino que las altas temperaturas afectaron a zonas de la cabina no preparadas para ello. Se alcanzó una desaceleración superior a 8 Gs, algo muy incómodo para unos astronautas que llevaban más de medio año en órbita. El módulo de servicio acabó separándose, y el aterrizaje se realizó de forma más o menos normal, si bien las fotografías de la nave en tierra la muestran más quemada de lo que es habitual. De hecho, se posó en un campo de cultivo que cuando llegaron las fuerzas de rescate, estaba parcialmente en llamas, posiblemente por la temperatura exterior de la cápsula. Incluso se ha hablado de la penetración de humo en su interior. Fueron los habitantes de la zona, que contemplaron el aterrizaje, los que sacaron a parte de la tripulación (Malenchenko salió antes que nadie por su propio pie) y les ayudaron en primera instancia.
Dado que el aterrizaje de su predecesora, la Soyuz TMA-10, podría haber sufrido un problema similar (entonces se habló sólo de un cable que no se separó inmediatamente), los ingenieros están obligados ahora a investigar si existe alguna anomalía en el proceso de construcción del vehículo. Mientras, la NASA no ha emitido un comunicado específico sobre el tema, a la espera de obtener los datos de lo ocurrido, a partir de lo almacenado en el ordenador de a bordo.
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