(NC&T) Con la cuenta atrás en marcha, todo estaba casi a punto para el lanzamiento del Atlantis. Los ingenieros y técnicos no habían detectado dificultades que pudieran ocasionar retrasos. La meteorología también parecía colaborar, con un 70 por ciento de posibilidades de que hiciese buen tiempo. Aunque estamos en una época de tormentas de tarde, el viento en altura barrería las nubes de la zona de lanzamiento cuando debiera producirse el despegue. En la rampa, el Atlantis tenía ya las compuertas cerradas, y el personal había presurizado todos los sistemas de propulsión.
Los ingenieros estaban haciendo un seguimiento especial, durante la cuenta atrás, del ordenador que controla los motores principales SSME. El Marshall Space Flight Center ha desarrollado una mejora que sería introducida durante esta misión. El llamado AHMS (Advanced Health Management System) proporciona información adicional sobre las dos turbobombas que alimentan de oxígeno e hidrógeno líquidos a la cámara de combustión. El controlador permitirá apagar el motor si los niveles de vibración exceden determinados límites de seguridad. El AHMS ya había sido utilizado en diciembre de 2006, durante el vuelo STS-116, pero sólo en un motor, y sin capacidad de apagado automático. Ahora funcionaría en modo activo, también en un solo motor, mientras que en la STS-118, más adelante, se aplicará a los tres SSME.
También se anunció que el Atlantis partiría hacia el espacio con un fragmento de historia estadounidense. A bordo transportaría una pequeña placa metálica de casi 400 años de edad, con las palabras "Yames Towne", para celebrar los cuatro siglos de existencia de Jamestown, el primer asentamiento permanente inglés en Norteamérica. La placa se encontró en el fondo de un pozo durante unas excavaciones recientes en James Fort, y señala a Jamestown como lugar de destino para una carga procedente de Inglaterra hacia 1611. Otros objetos conmemorativos acompañarían a la placa.
Tal y como estaba previsto, los siete astronautas que volarían en el transbordador Atlantis llegaron al centro espacial Kennedy finalizando el día 4 de junio. Aterrizaron a bordo de sus cazas de entrenamiento T-38, en la pista de aterrizaje del Space Shuttle, procedentes de Houston. Allí, fueron recibidos por el Director de Lanzamientos de la NASA, Mike Leinbach, y otras personas relacionadas con la agencia y con la preparación del vehículo que los llevaría al espacio el viernes, si todo iba bien. Como es tradicional, el comandante, Rick Sturckow, se dirigió a la prensa representando a su tripulación y comunicó sus ganas de dirigirse a la estación espacial internacional, tras tanto tiempo de entrenamiento. Los astronautas confiaban plenamente en las labores de restauración y reparación del tanque externo ET-124, que fue dañado hace unos meses debido a una lluvia de granizo, obligando a aplazar el despegue.
Mientras, en la estación orbital, sus ocupantes no permanecían ociosos: los cosmonautas rusos efectuaron su segundo paseo extravehicular el 6 de junio. Fyodor Yurchikhin y Oleg Kotov abrieron la escotilla exterior del módulo Pirs a las 14:23 UTC, iniciando una excursión que duraría 5 horas y 37 minutos. Su primera tarea fue instalar un experimento ruso llamado Biorisk, que tratará de averiguar qué les ocurre a varios microorganismos expuestos a los efectos del espacio. El contenedor quedó situado sobre el propio casco del módulo Pirs. A continuación, colocaron un cable Ethernet en el exterior del módulo Zarya, completando la red informática remota que permitirá controlar el segmento ruso desde el segmento americano, en caso de que sea necesario. Los dos cosmonautas, supervisados por su compañera Sunita Williams, en el interior de la estación, pasaron entonces a la tarea principal, completar la instalación de los paneles protectores contra impactos que iniciaron durante la EVA anterior. Situaron 12 escudos en la sección cónica del módulo Zvezda, junto a los 5 ya colocados la semana anterior, y otros 6 que se instalaron en 2002. De esta forma el módulo quedará mejor protegido contra choques de micrometeoritos.
Durante el paseo espacial, transcurridas unas dos y media desde su inicio, el control de vuelo solicitó a los astronautas que verificaran unas botellas de oxígeno presurizado en el módulo Pirs. Estaban recibiendo lecturas anómalas y era necesario comprobar si estaban cerradas de forma apropiada. Un análisis de la situación permitió averiguar que se estaba produciendo una fuga de oxígeno de una tubería que no quedó bien cerrada cuando fue desconectada del correspondiente traje espacial, al principio de la EVA. El flujo fue cerrado desde tierra.
Completada su misión, los dos astronautas regresaron al interior del módulo Pirs, finalizando así su segunda excursión extravehicular. La tripulación continuaría ahora los preparativos para recibir al transbordador Atlantis. Williams se había ejercitado y también había empaquetado resultados que se llevará a la Tierra, así como utensilios personales.
En la Tierra, aunque las tormentas retrasaron algunos de los pasos de la cuenta atrás en varias horas, el transbordador Atlantis estaría listo para su despegue a la hora prevista. Las células de combustible fueron cargadas con hidrógeno y oxígeno líquidos el jueves, y todo indicaba que podrían soportar hasta cuatro intentos de lanzamiento en cinco días. Los técnicos revisaron concienzudamente el exterior del tanque externo del vehículo, así como los motores principales. Se activaron los sistemas de comunicaciones y se almacenaron los últimos artículos en la cabina del transbordador. Los barcos de recogida y recuperación de los aceleradores sólidos ya se encontraban en alta mar, y la tripulación de la misión STS-117 seguía preparándose para su vuelo, incluyendo la práctica de aterrizajes en el Shuttle Training Aircraft. La meteorología había mejorado aún más, hasta el 80 por ciento, y la única preocupación eran algunas nubes asociadas con tormentas en el interior.
Tras una cuenta atrás final sin sobresaltos, el Atlantis encendió sus motores a las 23:38 UTC del 8 de junio, abandonando la rampa 39A del centro espacial Kennedy en dirección al espacio. El ascenso, en pleno día, permitió un seguimiento más claro del comportamiento del tanque externo y su espuma aislante. La cámara exterior de a bordo, como ya es habitual, mostró todo el viaje hasta la separación del enorme depósito. El Atlantis apagó sus motores principales unos 8 minutos después del despegue, alcanzando una ruta baja preliminar que después elevó hasta los 155 por 230 km, gracias a sus motores de maniobra OMS. Antes, la tripulación, comandada por Rick Sturckow, e integrada además por el piloto Lee Archambault y los especialistas de misión Patrick Forrester, Steven Swanson, John "Danny" Olivas, Jim Reilly y Clayton Anderson, fotografió y grabó en video el tanque externo, para identificar en él posibles daños en el sistema aislante que a su vez hubieran podido protagonizar episodios de impacto contra el transbordador. El análisis de las imágenes se haría durante las horas siguientes, gracias a los expertos en tierra.
La misión, llamada STS-117 (13A), tendrá como principal objetivo la instalación de un nuevo grupo de paneles solares. Los segmentos S3/S4 que el Atlantis transportaba a bordo pesan 17,5 toneladas, y extenderán la capacidad generadora de electricidad del complejo orbital. En la nave también se encontraba Clayton Anderson, que sustituirá a Sunita Williams como miembro de la actual expedición de larga duración en la ISS. Tanto Williams, como sus compañeros rusos Fyodor Yurchikhin y Oleg Kotov, contemplaron el lanzamiento de sus colegas gracias al circuito de televisión de la estación, que recibió un enlace desde el centro de control.
Mientras se trabajaba en el análisis de las imágenes obtenidas durante y después del ascenso, los astronautas abrieron las compuertas de la bodega de su vehículo. También prepararon los ordenadores y otros equipos para la fase de aproximación a la estación, que precisaría de dos días. Durante este tiempo, deberían usar el brazo robótico del Atlantis para inspeccionar su escudo térmico, en busca de posibles daños producidos por impactos. No necesitaron al principio dicho brazo para descubrir que una de las mantas blancas de protección térmica situadas sobre uno de los motores OMS se había despegado de la superficie, posiblemente por algún golpe. El tanque externo había soltado algunos fragmentos de espuma durante el despegue, pero ninguno chocó contra el vehículo, excepto quizá en este punto. Durante la comprobación del funcionamiento del brazo robótico, los astronautas acercaron sus cámaras a él y enviaron las imágenes a la Tierra para su estudio.
Tal y como estaba previsto, Patrick Forrester y Steven Swanson manipularon el brazo para unirlo al sistema OBSS, una larga pértiga articulada y equipada con cámaras que utilizaron para examinar de forma concienzuda los bordes de las alas y otras áreas cruciales del escudo térmico del Atlantis, como el morro. Con el OBSS volvieron a inspeccionar la zona de la manta térmica sobre el motor de maniobra, para lograr mayor detalle. Otros compañeros se dedicaron a preparar el acoplamiento con la estación internacional, extendiendo el anillo de unión, y poniendo a punto las herramientas que necesitarían para asistir en la maniobra, como por ejemplo, una cámara que se emplearía para alinear perfectamente los dos puertos de atraque. Asimismo, Danny Olivas, Jim Reilly y Clay Anderson empezaron a preparar los trajes espaciales que se utilizarán durante las tres excursiones extravehiculares previstas.
En la ISS, los miembros de la expedición prepararon a su vez las cámaras digitales que utilizarían durante la llegada del transbordador, y presurizaron el puerto de atraque del módulo Destiny.
La fase de acercamiento se desarrolló perfectamente. A unos 200 metros de la estación, el Atlantis detuvo su marcha durante unos minutos y dio una vuelta sobre sí mismo, mientras los astronautas de la ISS fotografiaban su escudo térmico con sus cámaras de alta resolución. De esta forma, los especialistas podrán determinar si existen daños en esta zona no visible desde el brazo robótico del vehículo. Completada la maniobra, el Atlantis prosiguió la aproximación, cada vez más lentamente, hasta que los anillos de acoplamiento entraron en contacto a las 19:36 UTC del 10 de junio. Firmemente unidos, y comprobada la ausencia de fugas de aire, se abrieron las escotillas entre la nave recién llegada y el módulo Destiny, y las dos tripulaciones pudieron reunirse por primera vez. Rick Sturckow, el comandante, fue el primero en entrar en la estación, a las 21:04 UTC, siendo seguido por sus compañeros de misión. Tras la efusiva bienvenida, los 10 astronautas iniciaron inmediatamente el protocolo previsto. Oleg Kotov y Clayton Anderson trasladaron el asiento personalizado de este último al interior de la nave Soyuz, lo que convirtió oficialmente al americano en miembro de la expedición de larga duración número 15 (00:55 UTC del 11 de junio). De la misma manera, Williams pasaba a ser ahora miembro de la tripulación del Atlantis, y en caso de emergencia, su puesto estaría a bordo del vehículo estadounidense.
La siguiente tarea importante fue "agarrar" la estructura S3/S4, situada en la bodega del transbordador. Lee Archambault y Patrick Forrester utilizaron para ello el brazo robótico, elevando la que hasta hoy es la carga más pesada enviada al espacio por el Space Shuttle, y situándola al alcance del brazo de la estación, el Canadarm-2. A las 00:28 UTC, Suni Williams usó este último para hacerse cargo de la nueva adición al complejo. Permanecería así lista para su instalación, prevista para el lunes. El grupo de paneles solares, con un coste de 367 millones de dólares, será situado en el extremo del segmento S1, bajo la supervisión de Archambault, Kotov y Forrester. En el exterior, Reilly y Olivas vigilarán la maniobra y después conectarán algunos cables y liberarán las sujeciones de los paneles, asegurados para el lanzamiento. Para preparar su excursión, los dos astronautas pasarían la "noche" dentro del módulo esclusa Quest, donde purgarían el nitrógeno de su sangre.
En la Tierra, se está valorando si utilizar una rápida excursión espacial para resolver el problema de la manta de protección térmica sobre el motor OMS. La zona no es crítica pero si existe la más mínima preocupación para la reentrada, la NASA podría autorizar el trabajo de reparación. En otros vuelos se han perdido losetas térmicas en esa zona y no ha sucedido nada, aunque sí algunos daños por el calor que tuvieron que ser luego reparados. En la nueva filosofía de máxima seguridad, los ingenieros deberán indicar si es mejor intentar colocar la manta en su lugar y pegarla (un paseo espacial siempre es arriesgado), o dejarla tal cual está.