Nuevo concepto de cuásar
(NC&T) Hoy en día, los científicos tienden a describir el núcleo de un cuásar como un disco de gas caliente moviéndose en espiral en torno a un agujero negro supermasivo que lo va tragando. Parte de ese gas resulta despedido violentamente hacia afuera en dos chorros con direcciones opuestas, a casi la velocidad de la luz. Los teóricos se esfuerzan por entender la física del disco de acreción y los chorros, mientras que los observadores se esfuerzan en asomarse al corazón del cuásar. El "motor" central que impulsa a los chorros es difícil de estudiar telescópicamente debido a lo muy densa que es la región y a su enorme lejanía de la Tierra.
El astrónomo Rudy Schild, del Centro para la Astrofísica (CfA por sus siglas en inglés) que operan conjuntamente el Instituto Smithsoniano y la Universidad de Harvard, estudió, con sus colegas, el cuásar conocido como Q0957+561, localizado aproximadamente a 9.000 millones de años-luz de la Tierra, en la dirección de la constelación Ursa Major (Osa Mayor). Este cuásar alberga un objeto compacto central que contiene tanta masa como 3-4 mil millones de soles. La mayoría consideraría ese objeto como un "agujero negro", pero la investigación de Schild sugiere otra cosa.
Schild explica que él y sus colaboradores no llaman a este objeto un "agujero negro" porque han encontrado evidencia de que contiene un campo magnético anclado internamente que penetra a través de la superficie del objeto central colapsado, y que interactúa con el entorno del cuásar.
Los investigadores escogieron Q0957+561 por su asociación con una lente cósmica natural. La gravedad de una galaxia cercana forma dos imágenes del cuásar distante, y magnifica su luz. Estrellas y planetas dentro de la galaxia cercana también afectan a la luz del cuásar, causando pequeñas fluctuaciones en el brillo (en un proceso descrito como de "microlente") cuando se acumulan en la línea de visión entre la Tierra y el cuásar.
Schild monitorizó el brillo del cuásar durante 20 años, y ha dirigido un consorcio internacional de observadores operando 14 telescopios para mantener vigilado al objeto, sobre todo en los momentos críticos.
A través de análisis cuidadosos, el equipo logró desvelar algunos detalles del corazón del cuásar. Por ejemplo, sus cálculos permitieron localizar lo que aparenta ser la ubicación exacta donde los chorros se forman.
Schild y sus colegas encontraron que los chorros parecen surgir de dos regiones, de mil unidades astronómicas de tamaño, localizadas a 8.000 unidades astronómicas directamente sobre los polos del objeto compacto central. Este cuásar parece estar dominado dinámicamente por un campo magnético anclado en el interior de su objeto central, ultradenso, supermasivo, y en rotación.
A la luz de estas observaciones, Schild y sus colegas, Darryl Leiter (del Centro de Investigación Astrofísica de Marwood) y Stanley Robertson (de la Universidad Estatal del Sudoeste de Oklahoma), han propuesto una teoría polémica, la cual sostiene que el campo magnético es intrínseco al objeto ultradenso y supermasivo del centro del cuásar, en lugar de ser sólo parte del disco de acreción, como piensan la mayoría de los investigadores. Si se confirma, esta teoría llevaría a una nueva y revolucionaria imagen de la estructura del cuásar.
Este hallazgo desafía la idea comúnmente aceptada sobre los agujeros negros. Los autores del estudio han propuesto incluso un nuevo nombre para ellos: Objetos Magnetosféricos en Colapso Eterno.
Esta investigación sugiere que, debido a estas propiedades físicas exóticas, la mayor parte de la materia que se acerca no desaparece para siempre. Según esta teoría, un objeto magnetosférico en colapso eterno no tiene un horizonte de eventos, así que cualquier materia ve reducida su velocidad gradualmente y se detiene en la "superficie" del objeto.
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