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Pista crucial para explicar la supresión de la inmunidad humana en ingravidez

Un equipo de investigadores ha identificado un juego de genes importantes para la respuesta inmunológica que no funcionan en un ambiente sin gravedad. El descubrimiento es otra pista en el esfuerzo por resolver un misterio de casi 40 años de antigüedad: ¿Por qué el sistema inmunológico humano no funciona correctamente en el entorno ingrávido del espacio?

Los investigadores, dirigidos por la bioquímica y antigua astronauta Millie Hughes-Fulford, del SFVAMC (San Francisco Veterans Affairs Medical Center), identificaron una vía de señalización llamada PKA que bajo los efectos de un campo gravitatorio responde a la presencia de un patógeno, estimulando la expresión de 99 genes que a su vez producen la activación de las células T, que son esenciales para el apropiado funcionamiento del sistema inmunológico humano.

Hughes-Fulford encontró que en ausencia simulada de gravedad, la senda PKA no respondió a la presencia del patógeno. Como resultado, 91 genes no se manifestaron, y otros ocho se inhibieron de manera significa, reduciendo severamente la activación de las células T.

Ésta es una vía de señalización específica que no funciona en ausencia de la gravedad. Es como cortocircuitar una porción completa de la respuesta inmunológica, es decir, la capacidad de hacer proliferar a las células T, una anomalía que no debería sorprendernos porque la vida evolucionó en el campo gravitatorio de la Tierra.

Hay sólo dos situaciones conocidas en las que la función de las células T se encuentra tan severamente comprometida: la infección por VIH y la ausencia de gravedad.

Los investigadores encontraron que otras tres vías que regulan la función inmunológica (P13K, PKC, y pLAT) no eran afectadas por la ausencia de gravedad.

"¿Por qué algunas sendas funcionan y otras no? Quizás las diferencias se encuentren en el citoesqueleto, la arquitectura interior de la célula", especula Hughes-Fulford. "Es la infraestructura de la célula, una membrana hecha de lípidos, y quizá sin gravedad no se organiza tan bien como debería".

La supresión de la inmunidad humana en el espacio se observó por primera vez en los años sesenta y setenta, durante las misiones Apolo. Quince de los 29 astronautas del programa informaron haber padecido una infección bacteriana o viral durante una misión, o inmediatamente después de ésta, o dentro de la semana después del aterrizaje en la Tierra.

En 1991, Hughes-Fulford voló en la misión STS-40, la primera de un trasbordador espacial estadounidense dedicada a la investigación médica. Durante esa misión, participó en experimentos que identificaron las células T como los componentes particulares de la función inmunológica que se encontraban comprometidos. Su estudio actual es el primero en identificar un mecanismo específico para la supresión de las células T en un ambiente ingrávido.

Otros autores del estudio fueron: científicos de la Universidad de California en San Francisco, del Instituto Suizo Federal de Tecnología, del NCIRE (Northern California Institute for Research and Education), y de la Universidad de Sassari en Italia.


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