Astronomía

Determinar la edad de la Vía láctea con mayor precisión


El procedimiento, diseñado por Nicolas Dauphas, de la Universidad de Chicago, se puede usar ahora para abordar otros misterios del cosmos que han permanecido sin resolver durante décadas. Las determinaciones de edad son cruciales para una comprensión fundamental del universo.

En su último trabajo, Dauphas ha perfeccionado la exactitud del reloj cósmico comparando el tiempo de desintegración de dos elementos radiactivos de larga vida, el uranio-238 y el torio-232. Según el nuevo método de Dauphas, la edad de la Vía Láctea es de aproximadamente 14.500 millones de años, con un margen de error de unos dos mil millones de años.

Esa edad concuerda con la estimación generalizada de 12.200 millones de años, fruto de valoraciones hechas por métodos previamente existentes. Parece pues claro que nuestra galaxia es casi tan vieja como el universo mismo.

El hallazgo de Dauphas verifica lo que ya se sospechaba, a pesar de los inconvenientes de los métodos de estimación cronológica previos: después de la Gran Explosión o Big Bang, no se necesitó mucho tiempo para que se formaran estructuras grandes, incluyendo nuestra galaxia la Vía Láctea.

La edad de doce mil millones de años para la galaxia descansaba en las características de dos conjuntos diferentes de estrellas, cúmulos globulares y enanas blancas. Pero esta estimación depende de suposiciones sobre la evolución estelar y la física nuclear que los científicos tienen todavía que probar para su completa fiabilidad.

Una manera más directa de calcular la edad de las estrellas y la Vía Láctea depende de la exactitud del reloj de uranio-torio. Los científicos pueden detectar telescópicamente las "huellas dactilares" ópticas de los elementos químicos. Usando esta capacidad, han medido la proporción uranio-torio en una sola estrella vieja que reside en el halo de la Vía Láctea.

Edad Vía láctea
El meteorito Murchison, de Australia, ha colaborado en las mediciones de la edad de la Vía Láctea (Foto: Nicolas Dauphas, University of Chicago)
Los investigadores partían del conocimiento de cuán rápido se desintegran el uranio y el torio con el tiempo. Si también se sabe la proporción de uranio y torio cuando la estrella fue formada, entonces calcular la edad de la estrella resulta sencillo. Por desgracia, esta proporción inicial se conoce muy pobremente.

Dauphas resolvió el problema combinando los datos de las observaciones de uranio-torio en la estrella del halo con mediciones de la proporción uranio-torio que otros científicos habían hecho en meteoritos. Si analizamos meteoritos, finalmente acabaremos teniendo la composición del material que formó el Sol hace 4.500 millones de años. Y este material incluye residuos provenientes de muchas generaciones de otras estrellas, muertas desde hace mucho tiempo, que todavía contienen información sobre su propia composición de uranio-torio.


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