Arqueología

Antigua migración de tortugas a través de un Ártico tropical


(NC&T) El hallazgo también sugiere que un aumento rápido del dióxido de carbono hace unos 90 millones de años fue la causa probable de un macroefecto invernadero que creó el extraordinario calor polar.

Se sabe que hubo un intercambio de animales entre Asia y América del Norte en el Período Cretáceo tardío, pero éste es el primer ejemplo de un fósil en la región del Alto Ártico que muestra cómo pudo haber tenido lugar esta migración. Habría sido por medio de condiciones sumamente cálidas, sin hielo, en la región del Ártico, permitiendo así las migraciones a través del polo.

En el 2006, John Tarduno, profesor de geofísica de la Universidad de Rochester, dirigió una expedición al Ártico para estudiar el paleomagnetismo, los vestigios, detectables en rocas, del campo magnético de la Tierra en el pasado distante. Sabiendo por las expediciones anteriores el área donde las rocas eran ricas en fósiles, Tarduno se mantuvo al tanto de todo indicio posible de los mismos, y su celo fue recompensado cuando uno de sus colaboradores descubrió el caparazón, increíblemente bien conservado, de una tortuga.

Después, junto con Donald Brinkman del RTMP (Royal Tyrrell Museum of Palaeontology) en Alberta, Canadá, los investigadores dieron al fósil el nombre de Aurorachelys ("tortuga de la aurora").

Migración de tortugas
Fósil de la tortuga. (Foto: U. Rochester)
El meticuloso estudio que siguió al hallazgo, ha dado sus frutos.

La tortuga se parece mucho a una especie de agua dulce de Mongolia, lo que dio lugar a que surgieran las preguntas obvias sobre cómo llegó a estar en las aguas marinas del Ártico norteamericano.

La especialización en paleomagnetismo de Tarduno le permitió excluir la posibilidad de que millones de años de actividad tectónica hubieran traído al fósil desde los climas más al sur. La tortuga era claramente una habitante del área.

Acerca de cómo tortugas de una especie de agua dulce emigraron a través de un océano salado, Tarduno señala a los resultados de las perforaciones llevadas a cabo por la expedición ACEX del IODP, que demostraron episodios de presencia de aguas extraordinariamente dulces en la superficie del océano Ártico en el pasado.

Tarduno y sus colaboradores habían estado estudiando los flujos de lava masivos que cubren algunas de las islas del Alto Ártico, y creen que los mismos eventos volcánicos que produjeron esas rocas ígneas también podrían haber producido una serie de islas a lo largo de una cordillera submarina baja en el océano Ártico, la denominada Cordillera Alfa. Si la cordillera tuvo partes altas asomadas por encima del nivel del mar en alguna época, habría dado a las tortugas, y a muchas otras especies, la capacidad de viajar de isla en isla todo el camino desde la antigua Rusia hasta Canadá.





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