Arqueología

La importancia de saber hacer fuego en la migración ancestral fuera de Africa


(NC&T) Excavaciones previas en el lugar, llevadas a cabo bajo la dirección de Naama Goren-Inbar del Instituto de Arqueología, mostraron que los ocupantes del sitio, que son identificados como parte de la cultura acheuliana que surgió en África hace cerca de 1,6 millones de años, habían dominado la habilidad de hacer fuego hace 790.000 años. Esta revelación hizo retroceder en medio millón de años las fechas aceptadas previamente sobre cuándo el Hombre aprendió a hacer fuego.

El yacimiento de Gesher Benot Ya'aqov está ubicado en el Valle de Hula, en el norte de Israel.

Una investigación reciente y detallada de los ocho niveles de civilización encontrados en el lugar ha dado ahora resultados que han sido interpretados como indicadores de la presencia de restos de chimeneas antiguas. Según la investigadora Nira Alperson-Afil, del equipo de Goren-Inbar, esto denota que una vez adquirida, la habilidad de hacer fuego fue transmitida a lo largo de un periodo de muchas generaciones.

En otros estudios en los que se obtuvieron evidencias de uso del fuego, sólo se verificó la presencia de materiales arqueológicos quemados, sin que fuese posible indagar más en la cuestión de si los humanos sabían hacer fuego desde las primeras etapas en que se valieron del mismo, o si se limitaban a aprovechar el provocado por causas naturales y a evitar que se apagara durante tanto tiempo como pudieran.

Migración ancestral fuera de Africa
Excavaciones en Gesher Benot Ya'qov. (Foto: Prof. Naama Goren-Inbar)
Los nuevos hallazgos hechos en Gesher Benot Ya'aqov son excepcionales ya que constan de evidencias bien preservadas sobre el uso del fuego a lo largo de una secuencia ocupacional muy larga. Este uso continuo y habitual del fuego sugiere que estos humanos antiguos no se vieron obligados a recolectarlo en incendios naturales, y sí en cambio que fueron capaces de hacerlo a voluntad.

La manipulación del fuego por los hombres antiguos fue claramente un punto de cambio para la humanidad. Una vez "domesticado", les permitió protegerse de los depredadores, obtener calor y luz, y posibilitar la explotación de una nueva gama de alimentos.

Disponer del fuego como una herramienta proporcionó una mayor autoconfianza a los humanos primitivos, que estuvieron en mejores condiciones para atreverse a abandonar sus territorios originales y acabar poblando entornos nuevos y poco familiares.




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