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El fósil de la mayor rana que ha existido

(NC&T) El descubrimiento de la rana fósil, una depredadora voraz, es significativo ya que puede proporcionar evidencia directa de la antigua existencia de una conexión por tierra entre América del Sur y Madagascar, la isla más grande frente a la costa del sudeste de África.

Para identificar a la Beelzebufo y determinar su relación con otras ranas, el paleontólogo David Krause (de la Universidad de Stony Brook), colaboró con los expertos en ranas fósiles Susan Evans y Marc Jones, ambos del University College de Londres. Los investigadores concluyeron que la nueva rana representa la primera evidencia conocida de un grupo fósil en Madagascar con representantes vivos en América del Sur.

Como las ranas no son capaces de propagarse a través de las barreras impuestas por el mar, y dado que los pocos fósiles conocidos de ranas del Cretáceo Tardío en África no tienen ninguna relación con la Beelzebufo, una posibilidad es que existiera una conexión terrestre entre América del Sur y Madagascar durante ese período.

Algunos geólogos han sugerido la existencia de un eslabón físico lo bastante duradero entre América del Sur y Madagascar durante el Período Cretáceo Tardío, un eslabón que incluyó a la Antártida. La Antártida en el Cretáceo Tardío era mucho más cálida que en la actualidad.

La rana más grande
La rana del diablo. (Foto: David Krause, Stony Brook University)
La existencia de esta rana en Madagascar y la de sus parientes en América del Sur proporcionan una fuerte evidencia de que el supercontinente Gondwana se fragmentó durante la última parte del Cretáceo.

La Beelzebufo es, en ausencia de evidencias claras sobre otras ranas, la más grande de la que se tenga conocimiento. El tamaño y robustez de sus huesos y otros elementos de juicio hacen suponer que probablemente también fue la rana más pesada que haya existido.

El tamaño, la apariencia y la naturaleza depredadora de esta rana incitaron a sus descubridores a apodarla "la rana blindada del infierno".

Desde el descubrimiento de los primeros huesos, encontrados en el noroeste de Madagascar en 1993, Krause y su equipo han recogido unos 75 fragmentos fósiles de la Beelzebufo. A través de la acumulación de estos fósiles, el equipo ha podido reconstruir el esqueleto de la rana, incluyendo casi por completo el cráneo.

No sólo era grande, sino que tenía un diseño poderoso, con una coraza protectora, una boca sumamente ancha y mandíbulas potentes. Estos rasgos hicieron a la Beelzebufo capaz de matar lagartos y otros pequeños vertebrados, quizás incluso a crías de dinosaurios recién salidas del cascarón.



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