Antropología

Decapitación y renacimiento en la cultura Nazca


(NC&T) Imágenes de cabezas incorpóreas son comunes en el arte de la cultura nazca, que estuvo asentada en la costa sur de Perú, aproximadamente entre los años 1 y 750 de nuestra era. Sin embargo, a pesar de estos indicios, y de un gran número de cabezas usadas como trofeos, documentadas por la arqueología en esa región, sólo han sido recuperados ocho cuerpos sin cabeza que muestren evidencias de decapitación.

El análisis que Christina A. Conlee (Universidad Estatal de Texas) ha hecho del nuevo cuerpo sin cabeza desenterrado en el yacimiento arqueológico de La Tiza aporta nuevos e importantes datos acerca de la decapitación y su relación con antiguas creencias sobre la muerte y la regeneración.

La tercera vértebra del esqueleto de La Tiza presenta marcas oscuras de cortes, bordes redondeados, y no hay en ella evidencia alguna de rotura o desmenuzamiento, lo que revela que la decapitación se llevó a cabo muy poco después de la muerte. Una vasija de cerámica decorada con una imagen de una cabeza fue colocada junto al cuerpo. La cabeza tiene un árbol con ojos que crece de ella, y las ramas circunvalan la vasija.

"Las batallas rituales a menudo se efectuaban justo antes de arar para plantar patatas. Árboles y fruta inmadura eran elementos de tales ritos, en los cuales el derramamiento de sangre se creía necesario para nutrir a la tierra con el fin de que fuese capaz de producir una buena cosecha", explica Conlee. La presencia de cortes en el cuero cabelludo de las cabezas-trofeo nazcas sugiere que la sangre era una parte importante en el ritual que culminaba con la decapitación.

Conlee también destaca que los daños de la vasija indican que fue usada antes de ser incluida en la tumba. Ésta ha sido tan sólo la tercera "vasija-cabeza" hallada junto a un esqueleto sin cabeza. La mayoría son encontradas en lugares domésticos, y estudios anteriores han concluido que es muy probable que fuesen empleadas para beber de ellas, seguramente en conexión con rituales de fertilidad. "Si la vasija-cabeza fue utilizada para beber de ella durante ritos de fertilidad, entonces su inclusión en la sepultura apoya la relación entre la decapitación y el renacimiento", explica Conlee.

Un hecho a destacar es que no hay evidencia de que la zona de La Tiza estuviera poblada durante la época de la que data la vasija-cabeza (entre los años 450 y 550 de nuestra era). Todos los emplazamientos de uso doméstico en el área datan de una época anterior, lo que indica que el esqueleto de La Tiza debió ser sepultado de modo deliberado en un lugar abandonado, asociado con los antepasados.
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