Rompiendo las reglas del comportamiento social
La persona que dice lo que piensa aunque ofenda a las personas con las que se relaciona, podría carecer de una capacidad mental crucial que hace que la mayoría de la gente no suelte sin más lo que siente en cada momento.
Pero aunque la mayoría de las personas por lo general evitan decir verdades dolorosas conteniéndose, los resultados de los experimentos psicológicos dirigidos por Bill Von Hippel, investigador de la Universidad de Nueva Gales del Sur, sugieren que deberíamos reforzar nuestra cautela en no "meter la pata" socialmente hablando cuando estamos presionados o fatigados.
La capacidad para comportarse apropiadamente en sociedad fue evaluada pidiendo a 71 participantes que comieran un plato de pollo bajo condiciones de presión social alta o baja.
A las personas en el grupo de alta presión les fue servida la comida por una mujer china que lo describió como el plato nacional chino, y su plato favorito, mientras que a aquellas en el grupo de presión baja la comida la sirvió una mujer no china quien solamente dijo que era comida china.
Antes del experimento, la habilidad de los participantes de contener sus palabras, denominada capacidad inhibitoria, fue medida con una prueba que estima su capacidad para suprimir pensamientos irrelevantes o inapropiados.
Las personas que respondieron de forma más negativa al plato de comida china bajo una presión social alta resultaron ser aquellas que obtuvieron peores resultados en el test de capacidad inhibitoria. Eran mucho más propensas a demostrar una cara de desaprobación y hacer un comentario negativo tal como: "¡Esto es asqueroso!".
 | | Este hombre se contiene antes de hablar (Foto: APS) |
Von Hippel y su equipo constataron que las personas con una pobre capacidad inhibitoria eran más propensas a comportarse de un modo socialmente inadecuado que las personas con una buena capacidad inhibitoria. Pero incluso las personas con una buena capacidad inhibitoria tenían una mayor probabilidad de comportarse inapropiadamente cuando eran perturbadas. Esto sugiere que nuestra aptitud para suprimir nuestros verdaderos sentimientos es interrumpida bajo ciertas condiciones que demandan mucho.
Está bien establecido que los ancianos, la gente muy joven y algunas personas con lesiones cerebrales tienen un menor control inhibitorio sobre sus pensamientos y acciones. Sin embargo, esta nueva investigación desvela que hay importantes diferencias entre personas, al margen de su pertenencia o no a uno de esos tres grupos. Muchas personas pueden ser realmente incapaces de inhibir la tendencia a lanzar sus pensamientos incluso cuando conocen las reglas de comportamiento social y desean comportarse de una manera correcta.
Por otra parte, parece evidente que las personas capaces de inhibir sus verdaderos sentimientos en una situación social difícil, tienen mayores probabilidades de triunfar en trabajos que requieren un alto grado de etiqueta social, tales como la diplomacia internacional. Pero incluso diplomáticos de carrera experimentados pueden verse en aprietos para actuar adecuadamente si están perturbados o fatigados, o a medida que entran en años.
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