Ortiga circularis: una “maleza” con muchas bondades

Investigadores de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires, al estudiar una especie nativa de ortiga, hallaron compuestos que exhiben promisorios efectos analgésicos y también hipotensores y diuréticos

Verónica González/FFyB/UBA/DICYT Históricamente la medicina tradicional ha utilizado a la ortiga en el tratamiento de diferentes condiciones, como analgésico, antiinflamatorio, diurético, hipotensor, para la pérdida de peso, como astringente, para evitar la pérdida de cabello, entre muchos otros usos. Actualmente, en primeras marcas de la industria cosmética es habitual encontrar líneas capilares de champúes, cremas de enjuague, lociones tónicas, concentrados puros y tratamientos en ampollas, en cuyas etiquetas, con destaque, aparece “Con ortiga” y hasta se incluye la reproducción de hojas de la planta. La promesa es “estimula la circulación sanguínea, fortaleciendo el folículo piloso y deteniendo progresivamente la caída del cabello”. Y si antes, al recorrer los anaqueles, uno miraba con sospecha esa parafernalia de frasquitos y ampolletas, ahora se pregunta si, a partir de los resultados obtenidos por los investigadores de la Facultad de Farmacia y Bioquímica (FFyB) de la UBA, no habrá de algo de razón.

Para intentar validar por medio de métodos reconocidos el uso empírico que desde tiempos antiguos se le ha dado a la especie U. circularis, científicos de las cátedras de Farmacognosia, del Instituto de Química y Metabolismo del Fármaco (IQUIMEFA) y de la cátedra de Farmacología trabajan desde hace una década en este tema y ya han encontrado posibles explicaciones en ensayos preclínicos. Es que se trata de “pensar cómo se pueden obtener potenciales tratamientos partiendo de la información que aporta la medicina tradicional”, refiere como uno de sus objetivos la doctora Susana Gorzalczany, profesora adjunta de la cátedra de Farmacología.

La medicina tradicional utilizaba la parte aérea de esta planta macerada con alcohol como tópico para aliviar el dolor en procesos inflamatorios. Para conocer los mecanismos subyacentes de esta acción, el equipo de investigación estudió en modelos animales los efectos del extracto etanólico de la U. circularis y encontró que posee actividad antinociceptiva. Esto significa que provoca un efecto similar a la analgesia, que es la capacidad de disminuir la sensación de dolor en los seres humanos. Por el contrario, el efecto antinociceptivo no se observó al utilizar el extracto acuoso, lo que justifica aún más su uso empírico tradicional en que la ortiga se macera en alcohol.

En un estudio posterior realizaron un análisis fitoquímico con el propósito de conocer la actividad de los compuestos aislados en el extracto de esta especie. Identificaron así un compuesto principal denominado vicenina-2, además de ácido caféico, ácido clorogénico y vitexina. En este trabajo también pudieron determinar que la vicenina-2 y la vitexina, sustancias químicamente relacionadas, mostraron actividad antinociceptiva en animales de experimentación. Posteriormente, lograron demostrar también en ratones, que el extracto hidro-alcohólico de U. circularis posee efecto sedativo.

Otro uso popular de esta especie es como diurético e hipotensivo. En este sentido, el equipo de investigadores estudió los efectos del extracto etanólico de U. circularis en ratas, encontrando que producía reducción de la tensión arterial e inducía la diuresis. A su vez, observaron que la vicenina-2 posee acción vasorrelajante. El artículo, recientemente publicado en el European Journal of Medicinal Plants, describe también que el extracto posee actividad antioxidante.

En los últimos años hubo un notable cambio a nivel mundial que generó gran concientización sobre la importancia de cuidar los recursos naturales, entre ellos las plantas con uso terapéutico, que comenzaron así a ser estudiadas científicamente y a ser revalorizadas.

La utilización de estas especies vegetales con fines medicinales se fue transmitiendo de generación en generación en forma oral. Sin embargo, todo ese rico bagaje de conocimiento de los pueblos originarios va desapareciendo, por lo que cobran gran importancia los esfuerzos realizados desde la comunidad científica para reivindicarlos y documentarlos. “Hay información que existe desde hace mucho tiempo a la que se le dio la espalda y hoy es muy importante recuperar. Si no se la rescata, se irá con el grupo que la usó. A través de nuestro trabajo intentamos colaborar para que ese conocimiento no se pierda”, concluye Gorzalczany.

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